lunes, 27 de noviembre de 2017

Iván y la extraña pareja

21/08/12 (19:30 aprox.)
Enanos del mundo, si queréis crecer,  el día que yo ponga un circo, ¡venid a trabajar conmigo!, porque os aseguro que termináis alcanzando una altura como la del   Pau Gaso  y os termina fichando la NBA. Lo que yo diga: Pongo un circo y me crecen los enanos.
El día de hoy está siendo  de lo más auténtico, y aunque  también ha tenido sus momentos malos, no me importaría tener  que  revivirlo una y otra vez, como en la  película esa del día de la marmota. Y es que lo que podía haber sido una jornada normal y corriente, está siendo de lo más movidita (en todos los sentidos).
He tenido un sueño que ha sido toda una pasada, en él estaba el  maestrito y un policía (no sé quién coño será, y si existe el tío de verdad o es producto de mi mente calenturienta). Hicimos un trio de lo más vicioso, incluso  deje que Mariano me petara el culo (Al despertarme estaba tan cachondo que no tuve más remedio que hacerme dos soberanas pajas).
La peor del día vino después, fue llegarme al banco y no he podido evitar ponerme de muy mala leche. El pijo de mierda del director me ha seguido dando pares y nones con el tema del préstamo y,  de seguir así, me veo dando el cerrojazo al negocio. ¡Con el trabajito que nos ha costado a mi socio y a mí ponerlo en funcionamiento!
Menos mal que a la salida me he encontrado con la Debo, mi primera y única ex, que está de vacaciones en el pueblo.  Ha sido verla y me he puesto tan contento que me he sentido hasta rejuvenecer un poco. Tras contarnos un poco como nos ha ido la cosa en estos quince años (con la excusa de que tenía que mirarle una cosa al coche de su cuñada), hemos terminando en el taller,  echando un polvo la mar de bueno.
Al contarle de  que me hacían falta los seis mil euros, sí o sí, se ha ofrecido a ponerme en contacto con su marido para que me preste la pasta, el tío es productor de cine y está en el “taco. Hemos quedado en el chalet que tienen alquilado en la Ponderosa. Mientras esperábamos a su marido volviera de Sevilla, la Debo ha empezado a tontear y yo, que no sé tener la churra quieta, he terminado con los ojos tapados y atado al cabecero de la cama.
La tía ha conseguido que me corra dándome una tremenda comida de culo  (he de reconocer que los besos negros son una de mis debilidades) y dado que  mi calvito cabezón seguía con ganas de juerga,   mi amiga ha optado por darme  la mejor mamada que me han pegado en mucho tiempo, o eso creía yo. Porque de un modo bastante teatrero, ella me ha retirado el antifaz de los ojos y he descubierto que quien le estaba haciendo mimitos con la boca a mi cipote era su marido. Un tío madurito, aparenta tener unos treinta y ocho años(como mucho cuarenta) rapado al cero, grande y fuerte quien, para mi mayor sorpresa, me saluda sonriendo.
Si digo que el zolocotroco se me empieza a encoger a pasos agigantados, ¿alguien se puede extrañar por ello?
Mi ex se da cuenta rápidamente de cómo cambia el estado de ánimo de  mi pajarito y me lo hace saber sin contarse un pelo:
—¡Tío, ahora te vas a venir abajo! ¿Pero no decías que te la estaba chupando de puta madre?
Por unos segundos no sé qué decir. Me da un poco de vergüenza admitir delante de mi ex que me gusta que me la mame un hombre, pero como está claro que su marido o es de la cascara amarga o un guarrón de marca mayor, y  tengo la sensación de  que no es la primera vez que practican estos jueguecitos, opto por trivializarlo todo y  hacer lo que mejor se me da: tomarme las cosas a cachondeo.
—Mujer, como gustarme me gusta. Lo que pasa es que ver a un tío que te está chupando la polla, así de buenas a primeras y sin anestesia, ¡se la agacha al más pintado!
Eduardo y Débora intercambian una mirada cómplice  y se sonríen al comprobar que mi churra sigue estando  dispuesta para ellos. Sin decir esta boca es mía,  el mejicano prosigue con lo que estaba haciendo, como si no le importara que el cipote se me haya aflojado una cosa mala.  
Es tanto el empeño que pone el tío, que al poco tengo el martillo dispuesto para clavar todas las puntillas que hagan falta. A que va a ser verdad  el dicho de mi amigo Antonio  de que como te la mama un tío, no te la mama nadie.
En el momento que la extraña pareja constata de que me adapto a sus necesidades y sin ningún problema, el calvorota hace un gesto a su mujer para que me desate. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que todo el rollo de las cadenas y el antifaz estaba más que preparado y que he caído en su trampa como el mayor de los canelos. Porque me da en la nariz que el tío este estaba en la casa, aguardando a que su mujercita me tuviera a punto de caramelo para poder entrar en acción del modo que lo ha hecho.  
Por unos segundos me siento un tierno cervatillo que ha caído en una elaborada trampa. Un cervatillo a quien los cazadores le van a chupar el rabo hasta sacarle toda la leche.
Al verme libre de las esposas, mi primera reacción es tocarme  las muñecas, las cual no sé por qué tengo un poco dolorida, más bien entumecida diría yo. Intentando estirar un poco el cuerpo, me desperezo levemente, para concluir dirigiendo toda mi atención al hombre que tengo entre mis piernas. En un acto irreflexivo cojo su cabeza entre mis manos y las empujo contra mi pelvis.
—¡No quieres polla! ¡Pues vas a comer polla hasta que te de asco!
Que me ponga tan borde  parece gustarles tanto a mi amiga como a su marido, pues él mama con más frenesí y ella me da su aprobación tendiéndose junto a mí, acariciándome melosamente el pecho y chupándome con fuerza una tetilla.
Aunque no deja de chocarme la situación, poco a poco,  me deja de dar corte  y cuanto más me relajo, más disfruto del tema. Metido en materia como estoy,  no puedo evitar pensar que los sueños a veces se convierten en realidad. Repentinamente, tiro suavemente del pelo de mi amiga para apartarla de mi tórax, sin  pensármelo le pego un muerdo de película y le meto la lengua hasta la campanilla.  
Mi acto no pasa inadvertido por el incansable mamador que en vez de enfadarse por besar a su mujer, parece excitarse al vernos morrearnos y comienza a tragarse mi polla con más ímpetu aún.
Como presiento que si él sigue succionando de esa forma  voy a terminar pegando otro “escopetazo”, tiro de los pelos de su nuca y, apartando momentáneamente los labios de mi amiga, le digo:
—¡Para un poco, hombre! Que no sé yo si corriéndome  otra vez, voy a poder seguir de jarana y se me ocurren mejores maneras de seguir pasando la tarde. ¡Te puedo asegurar que no tengo prisa ninguna, ni tengo  otra cosa mejor que hacer!
La aparente tranquilidad con la que suelto todo esto, saca una sonrisa a mis dos acompañantes. Eduardo, al que parece no hacerle ninguna gracia dejar de chupar mi polla, se desliza por la cama y se pone junto a mí. Hasta este preciso momento no soy consciente de lo fuerte que está y de lo enorme que es, pese a que no es mucho más alto que yo, el tío está hecho un verdadero armario.  Al igual que su mujer, se pone a jugar con mis pezones ¡Qué carajo tendrán  mis tetillas que les gustan tanto a estos dos! Sin dejar de hacer círculos sobre mi pecho, el musculitos me pregunta:
—¿A poco te ibas a correr ya?
—¿A poco? ¡No a mucho! Me tenías la polla a punto de reventar.
—¿Te ha gustado?  Tienes una pinga  bien rica…
—¡Gachón, la mamas de puta madre!
—Pues no he estado al cien…
—Tiene una lengua que es una delicia —Interviene Débora que se ha cansado de jugar con mi tetilla y arrastra sus dedos por mi peluda tripa.
—¿Me lo dices y me lo cuenta? —Digo en plan jocoso y finalizando mi frase con una sinvergonzona sonrisa.
El mejicano mira a su mujer y ella, como si supiera de antemano  lo que le va a pedir, coloca su cabeza justo delante  de mí, su marido acerca su boca a la suya y comienzan a besarse en to mi careto. Hay tanto fuego y tanta pasión en sus actos, que no solo me excita verlos, sino que estoy tentado de unirme a ellos, sin embargo, no lo hago. Supongo que todavía no soy tan moderno como para darle un pico a un tío y menos delante de su piva. ¡Por mucho que me ponga el tema!
Ellos no parecen tener problema alguno y prosiguen besándose sobre mi torso, la mano de Eduardo baja hasta mi entrepierna y comienza a juguetear con mi calvo cabezón. La rudeza con la que me toca es bastante distinta a la de Debo. ¿Cómo carajo no lo noté antes? Está claro que, en aquel momento, lo que menos me iba a imaginar es que el mejicano era bujarrón y quien me chupaba el carajo, en vez de Debo como yo pensaba, era él.   En fin, ya que estamos metio en faena,  vamos a dejar  el pabellón alto. ¡Que no se diga que Iván Izquierdo no remata sus trabajos con excelente calidad!
Mis dos acompañantes, sin dejar de besarse, bajan hasta mi cintura y empiezan a acariciar mi tripa morbosamente. Segundos después  sus labios se posan en mi pelvis y empiezan a pegar pequeños tironcitos con los dientes del vello de  esta. Me vuelve a suceder lo mismo que cuando mi amiga me metió un dedo en el culo, aunque siento dolor con cada pequeña dentellada, estas no dejan de ser sumamente placenteras y el nabo cada vez se me pone más duro. Está tan duro que podría partir nueces golpeándolas con él.
Impulsivamente alargo cada una de mis manos a sus espaldas y empiezo a acariciarlas sumido en pequeñas muecas de satisfactorio dolor. Por un momento me imagino que soy el dueño de dos perros, Débora y Eduardo,  y en pago a lo bien que se están portando acaricio complacido sus lomos. «Espero que a ninguno le dé por morderme y me quede sin mi calvo cabezón.» Sin querer (queriendo), arrastro la mano hasta las nalgas de Débora. ¡Qué buen pandero tiene la gachi!  Deslizo los dedos entre sus nalgas y tonteo un poquito con ellos en el caliente y estrecho orificio. Dado que está bastante seco, me llevo los dedos a la boca, los impregno de abundante saliva y empapo con ella el culito de mi amiga que responde dando un pequeño respingo al notar como mi dedo índice  comienza, poco a poco,  a taladrar su caliente agujerito.  
La respuesta de mi ex, al sentir como invado su ano, es acercar su boca a mi nabo y comenzar a succionar mi capullo. Su marido deja  también de pegar dentelladas a mis pelillos y comienza a lamerme los huevos. No me hacían una cosa así desde la orgia de la fiesta de Navidad. Es solo pensar en aquello y me vuelven a entrar unas loquísimas ganas de correrme.
—¡Iván, tío! ¡Vaya lo bien que manejas los  deditos!
—Nada que tu culito no se merezca que hagan con él…
—Pues tienes dos manos, güey… ¡No seas gacho y hazme lo mismo!
Escuchar como aquel armario empotrado de dos puertas me pide  que le meta el dedo en el mojino, me resulta de lo más desconcertante, e incluso me da un poquito de cosa. Sin embargo, cuando aproximo mi mano a su trasero y compruebo lo dura que tiene las nalgas, cambio de parecer por completo. Sin meditarlo ni un segundo, dejo  todas las  gilipolleces, miramientos  y demás pamplinas a un lado, para comenzar a practicarle al gachón el mismo masajito que le estoy haciendo a su parienta.
Al principio, el culito del mejicano se resiste un poco a ser atravesado por mis bastos dedos, pero nada que  dos escupitajos de caliente saliva  no puedan solucionar. Tras lubricarlo y trabajármelo un poquito, mi dedo índice se interna en su ojete por completo. Por la facilidad con la que entra, me atrevería a pensar que en aquella plaza ya han toreao antes y más que orejas, a este torero le han dado rabo, ¡mucho, pero que mucho rabo!
En este momento, con dos bocas, un coño y dos culos a mi completa disposición, me siento el rey del mambo.  No sé por qué, vuelvo a recordar el sueño de esta tarde y la puñetera doble penetración que me parecía una fantasía imposible, se me antoja  ahora de lo más real. Si sé jugar mis cartas y soy capaz de darlo todo ¡con estos dos me puedo poner las botas!
Está claro que los tres estamos más a gusto que un cochino en un charco y  como yo a estos dos no le diga nada, con tanto chupa que te chupa,  voy  a terminar echando la leche otra vez. Dado que no sé si me quedan aún más balas y quiero probar otras cositas nueva, tiro suavemente del pelo de mi amiga y le digo:
—Debo, guapa, ¿te gustaría que te comiera el coñito?
Es más que obvio que el pedazo de mujer que tengo a mi lado, no tiene un “no” para mí. Antes de que me quiera dar cuenta, se ha abierto de piernas y me invita con un dedito a que saboree el interior de su rajita. Es bajarme al pilón y noto como su marido se ha acomodado entre mis piernas, para comenzar a mamármela de nuevo.
He de reconocer que a pesar de lo de puta madre que me lo estoy pasando, estoy un poquito nervioso. No sé si porque llevo tanto tiempo esperando una cosa así o porque  quiero probar posturas nuevas y variadas, que hasta me da miedo no estar a la altura, por lo que el temor de no tener  mucha más munición en la recamara y que el próximo martillazo pueda ser el último, se está convirtiendo en una agobiante obsesión.
Aparto los labios de Eduardo de mi polla y dejando de lamer la almeja de su mujer digo:
—Debo, me gustaría follarte otra vez.
Seguramente he sido un poco basto, pues mi ex frunce el ceño un poco contrariada, se queda pensativa unos segundos y me dice:
—Pero  tendrá que ser después de Eduardo.  Siempre que hacemos un trio, es un honor que siempre le reservo a mi maridito.
No deja de asombrarme la naturalidad con la que tratan del sexo estos dos, a mí no se me pasa por la cabeza compartir a Eva y mucho menos comerle la polla a un tío delante de ella. Débora y su marido hablan de echar un polvo conmigo sin darle la mayor importancia, como si hablaran de comerse un bocadillo de mortadela con aceitunas.
Lo que sucede a continuación, me deja más que cristalino que no estoy preparado para la vida moderna. O eso, o que el mejicano y su mujer tienen un master en mundologíasexual.  Si yo había pensado que a lo que mi ex se refería con reservar el “honor a su maridito”, era que él iba a ser  el primero en trincársela, ¡no podía andar más equivocado! Eduardo, de un modo de lo más servil,  se ha puesto en pompas a cuatro patas sobre la cama y su mujer tras darme un preservativo, le unta el culo con una capa abundante de lubricante. Este tío quiere me lo jilbane sí o sí, fiel a mi lema de que un agujero es un agujero, me pongo el condón  y voy endureciéndome la caña de loma para darle la comía que está pidiendo el culo del gachón.  
Aunque nunca me han gustado los hombres, he de admitir que petar un agujerito estrecho me gusta mogollón y muy pocas mujeres son la que te lo dejan hacer esto. Siendo sincero, de los tres tíos que me he follado hasta ahora, quien más me ha gustado ha sido Mariano, el cabrón esta cantidad de fuerte y está lejos de ser una maricona loca.  A mí lo de trincarme a uno que tenga planta de macho, me pone cantidad.  Al maridito de mi ex le pasa algo parecido,  es un tanque y nada femenino. Tiene un culo firme y enorme, que se me antoja de lo más deseable. La sola idea de   poder clavarle mi martillo hasta el mango, me tiene con el motor a cien mil revoluciones y con las válvulas más calientes que el pico de la plancha.
Mientras terminó de lubricar debidamente el condón, acaricio sus glúteos los cuales están duros como una roca. Inspecciono con el dedo el agujero y compruebo que la crema facilita muy bien la entrada. Sin más prolegómenos coloco la polla en la puerta de su agujero y se la meto de un solo empujón.
He tenido que ser un poco brusco porque escucho como se queja, pero también pienso que no le debe doler mucho pues no me pide que se la saque, sino al contrario, parece que hace por relajarse para dejar pasarla mejor. Poco a poco, su ano se va dilatando y mi churra sale y entra con una más que pasmosa facilidad. Mi amiga coge cariñosamente a su marido por la barbilla y le dice:
—Ves como no te mentía, cuando te decía que mi amigo follaba de puta madre.
Le da un beso en la mejilla y me dirige una mirada provocadora, a la vez que se muerde lascivamente el labio inferior. Su excitante gesto consigue sacar mi parte más animal, impulsivamente cojo al mejicano por la cintura y comienzo a cabalgarlo como si quisiera metérsela aún más adentro.
El “fantasma” del no deseado orgasmo me viene a visitar de nuevo, como quiero alargar esto el máximo detengo mis caderas con la misma celeridad que comencé a moverlas compulsivamente. Débora, por su parte, se ha puesto de rodillas ante su esposo, de manera que su cabeza quede a la altura de su entrepierna y se ha puesto a hacerle una mamada.
El mejicanito, al sentir los labios de su mujer en su capullo, no puede reprimir por más tiempo gritar de placer y se pone a vociferar cosas sin sentido. Algo que,  por si yo tenía alguna duda, me deja claro que se lo está pasando de requeputísima madre con mi cipote entrando y saliendo de su culo.
Tras unos intensos minutos en los que mi polla y la boca de la Debo se dedican a suministrar placer a Eduardo a tiempo completo, mi amiga decide cambiar de postura.
En esta ocasión me pide que me tienda sobre la cama para que su esposo se siente sobre mí. Eduardo coge el bote de  gel lubricante y se vuelve a echar un buen chorreón en el ano. Por primera vez, tengo ocasión de ver el cipote del mejicano y la verdad es que, como todo en él, es enorme. Aunque lo que más me sorprende es lo oscura de su piel,  en contraste con las enormes venas azules que recorren su tronco. Mi amiga se da cuenta que estoy marcando el pollón de su marido y no se corta un pelo en decírmelo:
—¿Te gusta la pinga de mi chico?
La pregunta es tan directa que, en un principio,  me siento un poco cortado. No obstante, como entre estas cuatro paredes parece que rige la ley del todo vale, me suelto un poco el pelo y le contesto haciendo gala de ese descaro con el que mi madre me parió.  
—Gustarme, gustarme, no… De los tíos no me suele interesar el motor, me gustan más la parte del  portamaletas. Pero he de reconocer que el de Eduardo es de cien caballos y con cuatro cilindros…
El símil automovilístico que he usado para decir que está bien dotado, parece que ha cogido un poco fuera de juego  al mejicano, pone cara de no haberse enterado de nada y mira a su mujer como buscando una explicación. Ella lo mira sonriendo y le dice:
—Cariño, Iván lo que ha querido decir con tanta subterfugio  es que le ha llamado la atención lo enorme que es tu verga —Pone cara de fastidio y añade —¡Hombres, cualquier cosa antes de admitir que se han fijado en  la churra de otro!
Como si  con mi sutil piropo hubiera alimentado su vanidad, me mira dedicándome  una leve sonrisa, agarra descaradamente su pene y me lo muestra como si fuera un trofeo. Por unos momentos pienso que este tío pretende que le toque o le mame la polla, así que opto por ponerle  mi  mejor cara de pocos amigos. Dando la batalla por pérdida antes de empezar, prosigue con lo que estaba haciendo: dilatarse el culo con los dedos.
Eduardo, una vez considera que tiene su ojete preparado para que siga dándole caña, se  acuclilla sobre mi pelvis y, tras dirigir con la mano mi pene, consigue pocos segundos después tener mi herramienta insertada hasta el fondo de su tubo de escape. Una sensación de oprimente calor recorre de arriba abajo mi pene, regalándome unas buenas dosis de placer.
Se ve que el tío es la primera vez que hace una cosa así (¡por los cojones y un palito!). Ironías aparte, al esposo de la Debo se le ve bastante rodaje en este tipo de asuntos. Tras comprobar que  tiene mi martillo de carne incrustado hasta la base, apoya la palma de las manos sobre la cama y utilizando sus pies como  resortes, me empieza a cabalgar contundentemente.
Acto seguido mi amiga, se acomoda entre sus piernas de cara a mí. Por lo que puedo interpretar por su gesto de satisfacción y sus ademanes, creo que  se ha ensartado el cipote en el coño, con la misma rapidez y maestría que su marido se ha metido mi polla por el ano.
Durante un momento siento como el peso de ambos me oprime, pero tras unos instantes de confusión, Eduardo pasa a soportar el cuerpo de su mujer y a no dejar descansar el suyo sobre mí. A partir de ahí los tres pasamos a funcionar como el engranaje de unos amortiguadores. Al elevarse hunde su miembro viril en el vientre de su mujer  y al agachar su pelvis se clava hasta el fondo mi cipote en su culo.
Observo el rostro de mi ex y no puede disimular lo  mucho que está disfrutando de todo esto. Irreflexivamente, rodeo a su marido con mis brazos y comienzo a jugar con sus tetas. Aquello parece poner cachonda a mi amiga que se pone a gemir como una perra en celo.
De seguir así, me temo que mi calvo cabezón va a terminar escupiendo leche. Sin embargo, estoy tan bien que no quiero parar el momento por nada del mundo. No sé qué me da más morbo, si follarme a la especie de armario empotrado que es el mejicano, o ver como su mujer disfruta siendo penetrada por él.
Repentinamente, Eduardo empuja delicadamente  a Débora sobre la cama,  se pone de píe y comienza a pajearse sobre su parienta. Ella, por su parte se lleva las manos al coño y comienza a autosatisfacerse.   Aunque reacciono tarde, me levanto y lo imito. Unas  cuantas sacudidas más y de la verga del mexicano salen varios trallazos de leche que van a parar a los cantaros de mi amiga.
Ella, sin dejar de masturbarse frenéticamente, se lleva una mano al pecho y empieza a extender morbosamente el viscoso líquido blanco sobre sus senos. La escena de su marido descargando el semen sobre sus peras y ella acariciándoselas, saca a relucir mi parte más viciosa. Aprieto fuertemente el calvo cabezón entre mis dedos y segundos después un chorro de  mi esperma, termina sobre el torso de mi ex. Ella, como si mi leche sobre sus tetas fuera  el puntito que necesitaba para alcanzar un orgasmo de campeonato, se empieza a retorcer dándonos a entender que se está corriendo como una perra.
El mundo parece detenerse por un momento, pasada la calentura recuerdo el verdadero motivo por el que he visitado a Débora. Tras lo sucedido, tengo la extraña sensación de que por no  saber tener la polla quieta, me acabo de cagar fuera del tiesto. Como tengo claro que el no ya lo tengo, bromeo con el tema para saber la reacción del calvorota:
—Débora, me parece que tu marido con lo que ha pasado no me a dejar el dinero…
La mujer se sonríe picaronamente, mira a su marido y le hace un gesto para que sea él quien me responda. El corpulento mejicano pone cara de circunstancia y, sin darle demasiada importancia a lo que acabo de decir, me responde:
—¿Por qué no lo platicamos después de una ducha?
Un cuarto de hora después, limpitos y fresquitos, no sentamos en el salón. El matrimonio lo hace en un sofá de tres plazas y yo lo hago en una butaca frente a ellos. Débora simplemente lleva un vestidito  rosa de andar por casa que deja poco a la imaginación y que recuerda lo buenísima que sigue estando. La indumentaria de su marido y la mía, se limita a unos gayumbos. Los del mejicano son tipo bóxer y son tan ajustados que, a pesar de tener el pajarito durmiendo la siesta, le hacen un buen paquete. Me ofrecen una copa y con un ambiente más distendidos, empezamos a hacer eso de “platicar”.
—Antes de nada, carnal —Dice Eduardo echando el brazo afectuosamente a su mujer y acercándola a él—Por nadita del mundo me gustaría que comentaras con nadie lo que ha sucedido aquí hoy. ¡Así que chitón!
Pare, que estoy casao y como la parienta se entere de una cosa así, me cuelga por los huevos del reloj del ayuntamiento.  
Eduardo vuelve a mirar a su mujer con cara de no haber entendido ni mu.
—Mi amigo dice que no dirá nada, pues al primero que no le conviene es a él porque está casado —Interviene mi ex, volviendo a hacer de intérprete de mis palabras.
—Perdona, carnal, pero es que hablas muy rápido y muy raro —Se disculpa muy educadamente el mexicano.
—No te preocupes, pues llevas razón. Tengo la sensación de que  habláramos dos idiomas distintos. Yo porque me vi la telenovela de la Marichui esa, ¡que si no tampoco!
Como no  he utilizado ningún palabro raro de los míos, supongo que lo ha entendido todo perfectamente porque, tras sonreír casi forzadamente, prosigue con lo que estaba contando.
—… la cosa ha estado de rechupete, güey, pues,  tal como me platicó mi mujer, chingas de putísima madre.
—Lo que yo no sabía, cariño —Interviene mi ex, acariciando provocativamente la pierna de su marido —, es que el muy cabrito es multiorgásmico.
—Yo tampoco. Sabía que era capaz de correrme varias veces seguidas, pero no sabía que eso tenía un nombre científico de esos.
—La neta que es una suerte a la hora de echar pata.
Ahora el que pone cara de no haberse enterado ni de jota, soy yo. La Debo lo nota y con cierto sarcasmo me dice:
—Creo que lo que te acaba de soltar mi maridito no lo decían en la telenovela de la Marichui esa que tú veías, ¿no?
Niego levemente con la cabeza, en un vano intento de no quedar de más ignorante  de lo que soy.
—Os voy a pedir un favor a los dos —Dice mi ex frunciendo el ceño y moviendo la cabeza con destemplanza —. ¿Podéis hablar como personas normales y corrientes? Es que si no me veo de traductora toda la tarde, ¡y el pinganillo para la oreja no me lo he traído!
La cabeza de Eduardo y la mía se mueven al unísono, como si lo último que  quisiéramos es  hacerla enfadar.
—Bueno, lo que ha querido decir mi marido es que es una suerte a la hora de tener sexo. ¿Entendido? A ver si es la última vez que tengo que hacer de interprete.
Escuchar lo enojada que está mi amiga, me deja claro que tengo que ser lo más finolis del mundo para que el Mister Proper mejicano me entienda. Así que pincho en el icono de cultura general de mi cerebro,  saco el mecánico culto que llevo dentro y empiezo a hablar muy despacito.
—No- te- creas. No sue-lo ha-cer mu-cha vi-da extra-con-yu-gal  y mi mu-jer es de-ma-sia-do con-ven-cio-nal en el se-xo.
Al oírme hablar así, los dos se miran extrañados y no pueden evitar  carcajear. Yo me quedo mirándolos extrañado y un pelín mosqueado.
—He di-cho al-go ma-lo.
——Ni tan calvo, ni con tantos pelos, Iván. No hace falta que hables como gran jefe Indio. ¡Que Eduardo es mejicano, no extraterrestre! Simplemente habla un poco menos deprisa y te entenderá.
—Pues eso, que en casa tengo pocas oportunidades de vaciar los testículos al completo, mi mujer se da por satisfecha con una sola vez.
—Las mujeres hispanas todavía no están muy liberadas. Todos los días doy las gracias a Dios, por haber puesto a Debi en mi camino y haberme dado la  chance de una vida  con ella.
—¡Cariño!, ¿qué hemos dicho de los localismos?
—¡Perdón…! por haberme dado la oportunidad de una vida con ella.
La verdad es que siempre que había hablado con sudamericanos, nunca había prestado atención a lo poco que nos entendían, como normalmente el tipo de personas que trataba,  era gente que venía a trabajar, eran ellos los que se esforzaban en comprendernos y a la hora de comunicarse con nosotros, procuraban que lo que nos dijeran nos quedara bastante claro.
Acostumbrado a hablar en un ámbito cerrado como Los Palacios, nunca me había dado cuenta lo diferente que es nuestra forma de decir las cosas  de la de otros pueblos.  Normalmente cuando coincido con un madrileño o un catalán me “autocorrijo” un poco a la hora de hablar, para que me puedan entender. Con Eduardo, quien lo primero que ha hecho es comerme la polla, me he sentido libre para ser natural y, si su mujer no nos para, esto se hubiera terminado convirtiendo en la torre de Babel.
—No os enfadéis por lo que voy a preguntar —Intento que mi voz suene calmada, pero me es imposible disimular el nerviosismo que me invade —, ¿a Débora no le importa que te lo hagas con hombres?
Durante unos segundos parece que ha pasado un ángel, cuando recapacito un poco lo que acabo de decir me doy cuenta de que acabo de meter la pata hasta el fondo y por unos segundos quiero que me trague la tierra. Sin embargo, para mi suerte, mi parida parece hacerle gracia a la extraña pareja, quienes se vuelven a reír con bastantes ganas.
—¡Qué bruto eres! —Responde mi ex, sin poder reprimir una carcajada al hablar —. Por supuesto que no me importa. ¿Por qué me iba a importar?
—No sé…
—Iván, no sé cuánto quedará del chaval aquel que conocí, pero recuerdo que eras una persona con la mente abierta y al que no le importaba los dimes y diretes de la gente.
—Y me siguen sin importar…
—Entonces, ¿a qué viene esa pregunta?
—Debi, yo creo saber lo que le pasa a tu amigo. Él también anda con hombres por ahí —Eduardo me mira como esperando una objeción  por mi parte, como mi silencio es otorgante, prosigue hablando con naturalidad —, pero no se lo cuenta a su mujer.
Su mujer al oír la afirmación de Mr Proper se queda un poco atónita y antes de que pueda preguntarle como sabe aquello, su maridito le responde con una seguridad pasmosa.
—Lo sé, porque por la forma en que me ha cogido y las ganas con la que lo ha hecho, es más que evidente que te has cogido otros culos de machos antes, ¿no?
Asiento con la cabeza, después de lo que ha sucedido entre nosotros, no creo que sea oportuno mentirles, pero tampoco me veo capaz de admitirlo abiertamente. Sin embargo, Debo (como buena mujer que es) no está dispuesto a dejar el tema zanjado y sigue metiendo el dedo en la llaga. 
En un principio me siento un poco violentado por sus palabras, las cuales me avergüenzan un poco, pero como no creo que haya hecho nada peor que ellos, me enfrento a ella sin titubear.
—¿Qué quieres que te diga? Me pone cantidad follarme un culo y como hay tan pocas tías que estén dispuestas…
El matrimonio se mira con una apabullante complicidad, como si mis palabras fueran lo que esperaran escuchar.
La situación se ha vuelto tensa para mí. Yo venía esta tarde buscando una solución económica a mis problemas y, en cambio, he echado un polvo de tres pares de cojones. No es que me queje, pero estos dos de los seis mil euros no dicen  ni pio. Como sospecho que si yo no saco el tema, a ellos les trae sin cuidado. Me ato los machos y se los digo:
—Eduardo, no sé si tu mujer te  ha dicho para lo que he venido…
—Sí, porque te hacían falta seis mil euros. ¡No te preocupes, carnal, está hecho! Pero antes de hablar de dinero me gustaría que vieras un video —Dicho esto, se levanta y camina hacia un mueble sobre el que descansa una televisión de pantalla gigante de plasma.
Aunque sus palabras me tranquilizan un poco, la dejadez con la que trata el tema, hacen que no las tenga todas conmigo.
Enciende la luz de una lámpara que está al lado del televisor y al darle la luz de pleno en la cara, veo algo que no había notado hasta ahora, Eduardo tiene un ojo un poco  a la virulé.  
—¿Qué te ha pasado en el ojo, pare?
El mejicano no se toma ni el trabajo de contestarme y sigue trasteando con el televisor,  es su mujer la que responde por él.
—Ha sido tu amigo Fernando.
—¿Nuestro Fernando?
La Debo asiente con la cabeza, cuando me dispongo a seguir preguntando, Mr Proper me da un golpe en el hombro y me dice:
—¡Después te lo explica! Me interesa primero que veas el video…
Continuará en: “Una proposición más que indecente”
Acabas de leer:
Follar en tiempos revueltos.
Episodio III: Iván y la Extraña pareja.
 (Relato que es continuación de ¡Instinto básico
Si estás por aquí todavía, sería interesante que dejaras tu valoración o, incluso mejor, un comentario. A los autores nos gusta conocer lo que piensas sobre lo que escribimos, nos ayuda a mejorar y sobre todo, sabemos si nuestros relatos te llegan o no. Sin la retroalimentación de los lectores es como hablar a la pared. Gracias de antemano.

Si no conocías a Iván  y te has quedado con ganas de él, hace poco he publicado un texto informativo donde se incluyen los links de todas sus apariciones. El regreso de Iván.

Si te has quedado con ganas de leer más cosas mías, y no las conocías, hay te dejo el link  la guía de lectura que publiqué a primero de año.
Sin más dilación paso a agradecer los comentarios dejado a partir de que publiqué “Las tres Másqueperras” : a djonas: La verdad que tuve mi reticencias de publicar la historia de Andrés y Gregorio por lo dura que era,  pero visto la respuesta de los lectores no descarto hacer algo parecido en el futuro. Gracias a ti por leer y comentar; a Ozzo2000: Espero que lo de hoy, aunque ha tardado mucho en volver, haya cubierto tus expectativas. Haré con Iván, lo mismo que hice con Ramón, publicaré sus historias de manera regular hasta finalizarla; A dedmundo: Pues aunque no suelo adelantar cosas, te puedo decir que sí, que Mariano se arrepiente, aunque ya sabemos todos lo que le duran los arrepentimientos. Me alegro que te hayan gustado los travestis, pues se quedaran unos cuantos episodios. Por la playa se van a pasar un buen elenco de personajes. En cuanto al episodio de hoy, ¿he metido mucho la pata? Iba muy pillado de tiempo y no quería dejarlo esperar más; A PepitoyFrancisquito: Me tomo nota de vuestros saludos y se los paso a Jorge. En cuanto a las tres Másqueperras han tardado, pero se quedaran unos cuantos episodios y, ya dependiendo de la respuesta de los lectores, lo traeré en episodios sueltos o no. De todas maneras, tal como está cambiando la actualidad, los próximos visitantes  que tengo previsto traer a los Caños, lo mismo para  cuando lo publique no están en el “candelabro y los tengo que cambiar, así que prefiero no anticipar nada, pero creo que os vais a poder seguir riendo y .a Kobi17:  La decisión de dejar aparcado Iván, fue para centrarme en la historia de Ramón que, de momento, está finalizada. Ahora me centraré en el mecánico y las aventuras de la playa de Mariano, JJ y Guillermo.  Espero que este episodio te haya gustado. Sé que no soy todo lo rápido que debiera, así que agradezco vuestra paciencia.

El próximo episodio será de “La playa del amor”  y llevará el título de “Ignacito y sus dos velas de cumpleaños”.

Hasta entonces, procurad ser felices.

Un beso a todos. 

Por:
 
Machi 

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