martes, 12 de diciembre de 2017

Pacto de Honor

¡Por fin 5 de julio! Llevaba desde fin de exámenes de la universidad esperando este día, ya que marca el inicio del campamento de verano en la italiana isla de Cerdeña. 16 días por delante de ruta visitando parte de la isla, disfrutando del sol y las playas. Somos un grupo de 12 contando a los dos monitores que nos acompañan, y que apenas tienen 3 años más que los mayores del grupo. A parte de ellos dos, somos 7 chicos y 3 chicas, todos mayores de edad y con ganas de disfrutar al máximo estos días de desconexión y juerga. Porque nunca falta la fiesta y el alcohol en nuestros campamentos, y más teniendo en cuenta que a los monitores les encanta también.
Si tuviese que ponerle una pega, sin embargo, sería el pacto de honor que tenemos los tíos: durante el campamento está prohibido pajearse. Nadie sabe muy bien cuándo empezó esta norma no escrita, pero todos la conocemos desde pequeños y la cumplimos. Una vez se descubrió que un chico la había quebrantado y fue bastante abucheado por ello, así que nadie tiene ganas de pasar por lo mismo. El problema es que tantos días a palo seco acaba siendo duro, y los últimos días vamos siempre todos calientes como animales, comentando en como será el pajote que nos haremos nada más llegar.
-Uff voy cachondo perdido tío –me suelta de golpe Marc.
-¡Pero si sólo llevamos cinco días! Te quedan 11 por delante aun –le contesto yo divertido. Estamos los dos tumbados bocabajo en las toallas tomando el sol y observando a la gente. Las chicas han ido con Manu y Miguel a por refrescos y el resto está con los monitores en el agua jugando, mientras nosotros descansamos un poco y vigilamos las cosas.
-Ya tío, pero estoy viendo a la morena aquella del bikini rojo y me recuerda lo mucho que hace que no mojo, y de imaginarme todo lo que le haría mira como he acabado –según lo dice se gira de costado hacia mí, y puedo ver como en su bañador (un pantaloncito corto verde lima) se bambolea una polla que obviamente no está en su estado natural-. Ojalá viniese y me la chupase.
-¿Por qué no vas y se la ofreces? Tal vez acepte y todo –le respondo cada vez mas divertido.
-Si hombre, y que el buenorro aquél que está con ella me parta la cara, que seguro que es su novio y está to’ fuerte.
Marc es sin duda el más espontaneo y carismático del grupo, siempre dice las cosas tal cual las piensa pero sin malicia ninguna, y no le da vergüenza ninguna hacer comentarios de ese tipo sobre chicos, aunque todos sabemos que le gusta más un coño que a un tonto un lápiz, hablando malamente.
Esta noche dormimos a cubierto, hemos conseguido que unos scouts nos dejen hacer noche en su local, así que tenemos techo y lavabo. Nos hemos distribuido en varias salas, porque hay muchas pero casi todas pequeñas, la grande la hemos usado de comedor y está llena de botellas de cerveza y ron y es intransitable; mañana tocará limpiar bastante. Yo estoy en la misma sala que Marc, Juan y Dani, y llevo ya un buen rato dando vueltas y sin poder dormir. El empalme no ayuda, y la ligera borrachez tampoco. Antes de acostarnos hemos salido los 4 a la terraza, Dani y Juan a fumar y Marc y yo simplemente a charlar un rato con ellos, y ha vuelto a salir el tema de la morena del bikini rojo. Marc ha hecho alarde de una increíble imaginación y dote para los relatos eróticos explicando con todo lujo de detalles como la sobaría, lamería, mordería y penetraría por todos los lugares posibles, y mientras lo hacía se sobaba alegremente el paquete por encima del pantalón, mostrando sin pudor que tenía una erección. Acompañaba el relato con movimientos de cadera recreando el ficticio mete-saca y caricias a su propio cuerpo, y pronto los 4 estábamos duros y magreándonos cada cual nuestro paquete. El colofón vino mientras explicaba como le follaría la boca a la chica.
-Primero le estamparía la cara contra mi paquete, me pone cacho que me la dejen empapada por encima de la tela –decía mientras con ambas manos se delimitaba el contorno de la polla, que pese a no ser muy grande se notaba ya dura del todo-. Luego me la sacaría y le daría unos buenos azotes en la cara con ella –y no había acabado la frase que ya tenía el rabo fuera y lo zarandeaba en el aire dando golpes de cadera, dando latigazos como si la chica en cuestión estuviese de rodillas frente a él. Su polla, que saltó como un resorte en cuanto quedó libre, era morena y de unos 15 centímetros, circuncidada y recta, y su oscuro glande brillaba bajo la luz que entraba por la puerta de la terraza.
-¿Tío que haces? Guarda eso anda, que me cortas todo el rollo de la historia –le dijo Dani dándole un manotazo en la cabeza del rabo que hizo a Marc encogerse y al resto descojonarnos de risa. Dani era un chico relativamente serio de normal, pero en cuanto bebía perdía toda la vergüenza.
-¿Te gusta mi rabo eh? –le dijo entonces Marc con voz socarrona, avanzando hacia él bamboleándolo de lado a lado-. No huyas, que ya verás que gustito te da.
Y es que Dani retrocedía, pero no contaba conmigo, que me coloqué detrás de él, y pasando mis brazos por debajo de los suyos y por detrás de su cabeza, le inmovilicé con los brazos en alto. Marc aprovechó para lanzarse contra él todavía con el rabo fuera. Me agarró de ambas nalgas y entre ambos hicimos un sándwich en el cual Dani tenía mi dura polla contra sus nalgas y la de Marc, desnuda, restregándose contra su estómago. Él maldecía y nos insultaba intentando zafarse, mientras Juan reía pero no perdía detalle de lo que hacíamos.
-Cabrones, esta me la pagareis –nos amenazó cuando le dejamos libre-. ¡Eres un cerdo Marc, me has manchado la camiseta! Ya verás ya… –y era cierto, una mancha de precum había quedado en la camiseta roja de Dani, que ahora se iba hacía la habitación cabreado. Marc se guardó la polla y los tres entramos también para irnos ya a dormir.
Pero aquí estoy yo, con la polla tiesa y húmeda sin poder dormir, y el pensar en lo que ha pasado no me ayuda. Mejor me voy a echar agua fría a la cara a ver si se me baja un poco la calentura. Me estoy secando cuando alguien me habla desde detrás.
-Veo que tu tampoco puedes dormir por la calentura. Venía a hacer lo mismo que tú.
Juan está en la puerta del lavabo, con una camiseta de tirantes que deja ver sus musculosos brazos y sólo un bóxer blanco de cintura para abajo. Juan es el más fuerte del grupo, un chico grande en todos los aspectos, incluido el que ahora se marca en la tela de color blanco. Se puede intuir perfectamente el contorno de la herramienta que calza mi colega, y que lleva colocada hacia su izquierda. Me saca por lo menos 10 centímetros de altura y al entrar al cuarto de baño el espacio se reduce drásticamente pero no puedo salir puesto que él está en medio. Observo como se echa agua en la cara, la cual cae mojándole la camiseta. Juan maldice al tiempo que se quita la camiseta, dejando al aire un torso moreno bien definido por las horas de gimnasio, con el pelo del pecho y los abdominales recortados casi a ras. Al levantar los brazos para acabar de sacarse la camiseta un ligero olor a sudor llena el pequeño espacio en el que nos encontramos, y sin saber por qué mi polla da un bote que no pasa desapercibido, ya que sólo llevo un pantalón de deporte corto en el cual la tienda de campaña es imposible de disimular.
Juan me mira el paquete con descaro, y se acerca reduciendo la distancia entre ambos a un mero palmo, con lo que puedo oler el ron en su aliento cuando me habla en voz baja y grave.
-Es una mierda esto del pacto de honor, ¿no crees? Estás caliente a más no poder y no te puedes ni desahogar –dice mientras se soba lentamente el paquete, pasándose la mano desde la punta hasta la base de la polla, y masajeando sus huevos. Yo no pierdo detalle, en silencio-. La única opción es conseguir ligarse a alguien. Aunque… también está la opción de que te hagan un favor.
Levanto la vista de golpe y me encuentro su mirada inquisitiva. Mi boca está seca, noto que respiro más rápido de lo normal, y quiero decir que no pero otra vez mi polla hace lo que quiere y da un bote en el pantalón como aprobación. O eso parece entender Juan, que alarga su manaza y me agarra el paquete por encima del pantalón, apretando y masturbando suavemente mi rabo. En ningún momento me planteo pararle, en parte porque mi mente se ha puesto en blanco, en parte porque me muero de ganas de descargar, así que le dejo hacer incluso cuando agarra mi mano y la lleva a su paquete, que parece estar palpitando ansioso. “De perdidos al río” me digo a mi mismo, y me acerco más a él quedando nuestros cuerpos a escasos centímetros. Le bajo el bóxer, comprobando la dureza de sus nalgas en el proceso, y al agacharme su polla queda cerca de mi cara, por lo que puedo notar perfectamente ese olor tan característico después de casi todo un día de reclusión. Decido quitarme también mi pantalón mientras él acaba de sacar su gallumbo para estar más cómodo, y pronto volvemos a tener cada uno la polla del otro en la mano. Ambas muy similares en forma y color, pero a diferente escala. La suya también está brillante y pringosa de pre, aunque no es como la mía que suelta goterones cada poco que Juan no duda en repartir por toda la longitud de mi rabo, haciéndome gemir en el proceso. Decido entregarme al placer, y sin dejar de pajearle apoyo mi frente en su hombro con los ojos cerrados y con mi mano izquierda me aferro a su culo. Me devuelve a la realidad cuando me susurra al oído un rápido “vamos al sofá” y sin darme tiempo a reaccionar me agarra del culo y me carga sin problemas, de manera que mis piernas rodean sus caderas y mi polla roza contra sus abdominales mientras me lleva hacia la sala de estar, donde hay varios sofás. Pese a que me avergüenza esta posición, no puedo evitar cierto morbo en el hecho de que me pueda manejar a su antojo sin problemas.
Me suelta en el primer sofá que pilla, pero se mantiene entre mis piernas, recostado sobre mi. Puedo notar su dureza contra mis nalgas, resbaladiza por el preseminal, y como se desliza hasta colocarse entre ambas nalgas.
-¡Ni se te ocurra! –le digo, de golpe totalmente tenso.
-Tranquilo, que sólo quiero frotarme, de verdad. Ya verás que se siente bien. Te prometo que no iré más allá.
Le miro con desconfianza, pero ha retomado la paja que me estaba haciendo y la verdad es que los roces de su polla en mi raja se sienten bastante bien así que me dejo caer hacia atrás, cerrando los ojos y rindiéndome al placer. Noto como la polla de Juan puntea levemente mi ano al ritmo al que lentamente me pajea, deslizando su mano desde la base de mi polla hasta la cabeza, descapullada. Me muerdo el labio para evitar gemir cada vez que pasa la mano por la cabeza de mi rabo a la vez que su polla empuja levemente contra mi culo, y Juan pega su frente contra la mía, respirando agitadamente junto a mi boca.
-J-Juan, me falta nada… -le digo entrecortadamente-. Me corro. ¡Me corro!
Noto como el primer trallazo sale disparado pero no como cae, por lo que supongo que lo ha recibido Juan de pleno en su cuerpo. Cuando estoy disparando el segundo mis ojos se abren como platos al notar que Juan ha aprovechado que en el éxtasis del orgasmo he relajado mi esfínter y presiona hasta conseguir meterme la cabeza de su polla. Un quejido de dolor intenta escapar de mi boca pero Juan comienza a morrearme para acallarlo, y yo solo puedo seguir corriéndome mientras noto como Juan bombea rápido y corto su polla en mi culo, sólo la cabeza dentro, pero suficiente para comenzar a gemir en mi boca mientras se corre descontroladamente dentro de mi.
Me parece perder la noción del tiempo, el orgasmo ha sido brutal y larguísimo,  Juan aun se recupera con su frente contra la mía y su polla en mi culo. Espera, ¿su polla en mi culo?
-¿¡Que coño has hecho cabrón?! –le increpo apartándole de un empujón, tomando súbita conciencia de lo que acaba de ocurrir. Juan intenta decir algo pero le vuelvo a empujar, quitándole de mi camino y yendo a rescatar mi pantalón del baño. Necesito dormir y olvidar todo esto.

Por:  Garion de Riva

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