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viernes, 1 de diciembre de 2017

Así la desvirgaron el culito.

Así la desvirgaron el culito.

Querían sentir la piel directamente el tacto de la piel, siempre follaban con condón.
¿Y por qué no por detrás? Nunca lo había hecho
¿Probamos? ¿Dolerá?
De lubricante, usaron el socorrido champú del baño, lo que más a mano tenían. La da vergüenza. Pero accede y se va al baño. Se lo limpia bien limpito. Sigue su consejo. Se mete un poco un dedito. “para ir dilatando”.
Y volvieron a la faena. Otra vez los besitos, las caricias… otra vez a calentarla tocándola el coño mientras se morrean, y ella, poniéndole dura la polla. Con un poco de vergüenza se va dejando manipular. La va tocando Los dedos pasan del coñito a su segundo agujero, y despacio la va metiendo un dedo, pero lo mete mucho más a dentro de lo que ella hizo antes. Adelante, atrás. Como cuando se los mete en el coñito.
La va colocando. La pone de rodillas y la empuja un poco hacia adelante. Coloca los brazos en la almohada y apoya la cabeza. Culito en pompa. Un azotito. No duele. Solo hace ruido.
La acaricia desde atrás. No deja de sobarla el coño. La anima a que se lo toque ella, quiere que esté caliente, muy caliente. Y lo está. Tiene ganas de probarlo.
La unta su otra entrada, como él lo llama, con el champú. Está frio dice ella, se ríen. Calienta el bote bajo la almohada.  
Al rato, lo repite. No está tan frio. Lo extiende. Ahora entra mejor el dedo, resbala. Prueba con dos dedos. También entran, pero ella se siente algo molesta. Él la dice que no pasa nada, que se dilatará y se acostumbrará pronto. Va acercando su polla a la entrada. Va a desvirgarla el ojete.
Retira los dedos y rápido coloca el capullo a su entrada. Y va empujando. Suave pero decidido. Sigue, para, sigue, le va diciendo ella. La molesta, a veces la duele, pero quiere que la folle el culo. Se lo quiere “regalar” quiere que la posea, quiere darle ese capricho. 
Ya casi tiene la mitad adentro. Se echa un chorrito en lo que le queda fuera. Ella sigue con la cabeza apoyada en la almohada, se abre las nalgas con las dos manos. Algo más de polla la entra. 
Avisa, ahora voy a empujar un poco, y te entrará toda. Y claro que entró. Primer gritito de la noche. ¿quieres que pare?
No, gimotea, termina, fóllame el culo, pero espera no empujes más, déjala quieta un poco, que me duele, le dice. Ya que ha empezado, no quiere marcha atrás.
La dejaré quieta un poco allí, para que te acostumbres a mi rabo, la dice, pero sigue empujando, sigue presionando y lentamente la polla va resbalando hacia adentro. Sujeta las caderas y presiona: ¿notas mis huevos? Te la he empotrado hasta adentro, la dijo sujetándola por las caderas y tirando de su cuerpo hacia él.
Y la saca despacito. Y otra vez repite los pasos, otra vez vuelve a ir empujando hasta metérsela entera.
Lleva ya un rato haciéndolo así… sigue molesta, pero ya casi ni la duele. Y él se va animando, la va dando más y más viajes…
Se la está follando el culo.
Y empuja cada vez más fuerte. La gusta, la hace daño de vez en cuando, la molesta, pero también la gusta.
Y él empuja y empuja…
Ya no puede más y ceden los brazos, cae de bruces. Está tumbada completamente de frente en la cama. El la aplasta y la mete el rabo con todas sus fuerzas, como cuando se la folla por delante. Y ella a veces gime, otras gritas un poco, otras, da auténticos alaridos… Y se excita cada vez más. Parece que le gusta oírla gritar.
Termina por favor le dice, pero el pasa de todo, no la oye, solo se la folla el culo. Y cada vez lo hace con más fuerzas
Ella vuelve a abrirse las nalgas y él se la vuelve a clavar todo lo profundo que puede. Se queja un poco. Él la dice que muerda la almohada, que no le falta mucho. Toda la cama tiembla. La duele. Aprieta los puños agarrándose con fuerza a las sábanas. Muerde la sábana, pero no puede evitar gritar.
Nota como se tensa. Y entonces, un empujón terrible. Ahora si grita de verdad.
Él empuja con más fuerza, más rápido. Está descontrolado. Conoce perfectamente eso, porque es así cómo se lo hace cuando la folla por delante. Por fin llega el primer espasmo de su polla, y siente el primer chorro, otro espasmo, otro chorro….
Por fin termina. La ha gustado, pero también la ha hecho ver las estrellas.
Lentamente se la saca. Está sucia. 
A ella la rezuma algo. Cree que es sangre, pero él la dice que es su semen.
Se van a lavar.  Se duchan juntos.
Al volver a la cama se la folla por delante sin goma ni nada. Lo promete y lo cumple: dará la marcha atrás. Y cuando le llega, se contiene. Rápido se sale de ella y se la pone a la altura de la boca. Empuja. No hay tiempo para más.  
En una misma noche la ha desvirgado el culo y por primera vez se traga una corrida. 

csdsumiso@hotmail.com

miércoles, 13 de enero de 2016

Cuando Luna me folla con fuerza.

El verano es horrible, no paras de sudar todo el día, sales de la ducha o de la piscina y enseguida el cuerpo empieza a sudar como si estuviera llorando de sufrimiento de tanto calor.
Después de todo el día, por fin los niños se habían dormido y podía darme una ducha de agua fría, relajante y renovadora.
Todos mis músculos hechos polvo, demacrados y acabados se relajaron un poco para encontrarme mejor.
Salí al salón y Luna estaba allí sentada tranquila, viendo la tele.
 
- Ven cariño - me llamó con su dulce e insinuante voz -, ven aquí conmigo.
 
Cuando llegué estaba allí, sentada en el sofá, desnuda y tan guapa como siempre. Sus enormes senos me volvían loco, cada vez que los veo me hecho encima de ella a besos y lametones, intentando no hacerle daño en los pezones, de lo ansioso que me hecho encima de ella.
 
- Ven aquí ahora que te huela recién duchado - me dijo.
 
Me acerqué delante de ella para que me tuviera a su mano, ella me agarró de la mano y me acercó más frente a ella. 
Soltó mi toalla de la cintura dejándola caer al suelo.
Me acercó un poco más hasta chocar mis rodillas contra las suyas.
Me agarró con una mano cada muslo y se acercó hacía mi, quedando su cara a la altura de mi cintura.
 
- Uuuummmmmm,... Que bien hueles, ven separa las piernas un poco...
 
Siguió jalando de mí hasta que yo puse las rodillas sobre el sofá. 
Siguió oliendo mi cuerpo, por mi firme pecho peludo, hacía mi cuello.
 
- Me encanta tu olor corporal. Hasta recién duchado, tu olor hace que mi sexo se empape.
 
Bajó sus manos hasta agarrarme por detrás de las rodillas y me arrimó más hacía ella.
 
- Como puedes oler tan bien. Me dan ganas de lamerte y comerte entero.
 
Empezó a pasar su lengua por mi cuello, dándome escalofríos por todo el cuerpo.
Levanté la cabeza para dejarle que me lamiera por todo el cuello y me mordiera toda la piel.
Me acerqué hacía ella con la cabeza ladeada hacía la derecha para que ella siguiera chupándome y mordiéndome por la yugular, por la nuca, por el lóbulo de la oreja.
Bajé mis ojos y vi como mi verga completamente dura estaba colocada entre sus enormes y tersos pechos.
Fue subiendo sus manos por mis piernas hasta llegar a los glúteos y apretarme más hacía ella.
Siguió bajando sus manos por mis glúteos y separando los hasta abrirlos del todo.
Lamió su dedo indice y empezó a estimularme el ano, a darle vueltas con su saliva en la yema del dedo y a meterlo para dentro.
 
- Parece que este culo está muy caliente. ¿Que has hecho dentro de la ducha? ¿Te lo has estado limpiando con tus dedos?
 
- Solo lo justo mi vida, no me he masturbado ni nada.
 
- Pues vamos a tener que hacerle algo, no?
 
- Si, lo que tu quieras, ya sabes que a mi me gusta lo que me haces siempre.
 
- Psssss - me puso el dedo indice en mi boca y me hizo callar.
 
Del cojín de al lado sacó un lubricante y se puso un poco de liquido entre sus dedos corazón e indice. Los colocó en mi ano y volvió a dilatarlo, y empezó a meterlos los dos dedos hasta llegar a la mano.
 
- Te gusta, eh, cochino. Te gusta que te masturbe por el culo eh!
 
- Si mi amor, me encanta.
 
Con la otra mano cogió mi verga dura de entre sus tetas y empezó a masturbarme.
 
- Mira que te gusta que te follen. Disfrutas como un cerdo revolcándose por el barro.
 
Metía sus dedos al mismo tiempo que me masturbaba, como si en cada movimiento follara y me follaran.
Me estiraba el cuerpo hacía atrás y hacía arriba de placer. No podía parar de gemir y disfrutar de su orgasmo anal.
Metió la punta de mi capullo en su boca y la lamió. Con las gotitas de liquido dulce y trasparente que iban saliendo del placer que ella me provocaba.
Separó las piernas, y noté un golpe en mis glúteos.
Llevaba puesto uno de nuestros arnés dobles dentro y en cuanto separa las piernas se levantó hacía arriba como si fuera mi verga, excitada y tiesa.
Me la colocó en la punta del ano con un poco más de lubricante, y me tiró hacía abajo.
 
- Esto era lo que querías verdad, una buena polla dentro de tu culo.
 
- Siiiiiii, yaaa sabes que meee gustaaaa. Sentirlaa dentro como si me poseyeras tuuu. Ooooh.
 
Me cogía de las caderas y me iba subiendo y bajando poco a poco. Era la más gorda, la polla de 22 cm. que a ninguno de los dos nos cabía entera.
 
- Ya lo veo, que te gusta mucho.
 
- Si, me encaanta que la metas y la saquees entera. Aahhhh.
 
- Me encanta ver como disfrutas, como cochino salido que eres. Me encanta que me manches las tetas todo el rato con el semen. Me encanta agarrarte de las caderas y follarte entero como tu me hacer a mí.
 
Miré mi verga y estaba completamente mojada del liquido preseminal, era tanto el placer que me daba su manera de follarme que no podía dejar de echarlo. Muchas veces, decía que parezco multiorgásmico, porque me corro y mientras tanto me da muchos espasmos musculares y grito de placer y grito porque es como si me volviera a correr aunque ya no eche semen.
Pues ella lo conseguía también con aquella enorme polla. Me penetraba tan virilmente, me follaba tan bien que no podía parar de disfrutar.
 
- Hoy vas a batir un record. Te la voy a meter entera - subió sus manos por mi espalda, hasta poner sus manos sobre mis hombros -. Vas a saber lo que siento cuando me metes toda esa enorme polla de semental que tienes, cuando me la metes hasta el fondo y golpeas mi útero apartándolo a un lado.
 
Tiró de mi hacía abajo y noté como se me levantaban los intestinos por dentro. Tiré hacía arriba y ella volvió a bajarme hasta el fondo.
 
- Más lento.
 
- Si, más lento, es lo que te digo yo, pero tu no lo haces - me la metió de nuevo hasta el fondo - y yo te lo agradezco, porque me encanta. Cada vez que me follas así de salvajemente tengo cientos de orgasmos.
 
- Ahhhh, si si sigue... pero duele... Aaaaahhhh
 
- Vamos, correte, disfrutando de mi polla enorme dentro de ti. Me encanta verte como disfrutas, como salta tu semen de la polla a chorros mientras te corres con mi enorme polla descomunal abriéndote de par en par.
 
- Follame, luna, follame...
 
- Me encanta que me llenes de gotas de semen sin parar, calientas mis tetas con esas ricas gotas que no dejan de salir.
 
- Sigueeeee, sigueeee, sigueeee...
 
- Me encanta verte como disfrutas como un cerdo, con lo salido que estás. Venga, muévete tu sólito ahora. Demuéstrame cuanto te encanta la verga dura en el culo.
 
Mientras yo seguía subiendo y bajando entero sin su ayuda, disfrutando de su enorme rabo dentro de mi ella volvió a cogerme la polla y a masturbarme entre tus tetas. Las apretó y así con mis movimientos, iba saliendo y entrando de su tetas preciosas y enormes.
 
- Venga, córrete que lo estás deseando. En el placer de tu cara se veo que estas ansioso por echarme tu semen entre las tetas.
 
Me cogió de nuevo de las caderas y me ayudó a hacer más rápidos mis movimientos, porque yo no podía bajar tanto. Hasta el fondo, hasta conseguir que con el semen echara un grito de placer salvaje.
 
Me tuve que quedar tumbado sobre ella, con la verga en mi culo completamente agarrada del orgasmo. Había cerrado tanto el ano del placer que no se había ni salido.
 
- Te quiero mi vida, pero tu no has tenido lo suficiente - le dije besandole en los labios -. Limpiala un poquito - le acerqué la polla a la boca para que la chupara unos segundos.
 
Una vez limpia, ya la tenía un poco dura, los orgasmos anales no me tardan tanto en poner a mil de nuevo.
 
- Por favor, ponte a 4 patas.
 
Ella accedió enseguida, me coloqué detrás de ella, le saqué el arnés de su coñito sabroso y empecé a masturbarle con la lengua. Pasando la lengua por toda su rajita. Me paraba en su clítoris y lo absorbía después de lamerlo. Me paraba en su coño lo lamía, metía mi lengua todo lo dentro que podía para escucharla gemir y luego cuando la sacaba le absorbía el chocho. Luego por su ano lo mismo, lo lamía con la punta de la lengua y lo abría un poco para que disfrutara de mi lengua humeda.
 
- Que rica que estás.
 
Seguía lamiendo de arriba abajo e iba estimulándole el ano con los dedos mientras le lamía el clítoris o el coño. Seguía lamiéndole agujero a agujero y metiéndole el dedo cada vez más a dentro.
 
Me coloqué entonces yo el arnes. Lo metí por mi ano dejando la polla colgando, las dos pollas enteras colgando, gordas y calientes. Les puse lubricante a las dos y me coloqué detrás de ella. Primero le metí la mía por la vagina, poco a poco, para terminar de ponerla completamente dura. No hay nada como el flujo y el calor de mi mujer para que el roce del glande lo ponga enorme como un fresón.
Una vez así, metí el pollón del arnés por su coño y la metía hasta el fondo dos o tres veces con cuidado, mientras mi polla entre tus glúteos se masturbaba.
Le puse el glande en la punta del ano y gracias al lubricante entró sin problemas.
Una vez dentro empecé a moverme con mis dos pollas dentro de ella, enteras y duras, sin terminar de sacarlas del todo pero sin parar de moverme adelante y atrás.
 
- ¿Te gusta así? ¿O quieres más fuerte?
 
- Asííííí.
 
Me saqué la polla del ano y se la metí con el arnes por el coño.
 
- ¿Seguro que no prefieres así? Que tu coño es más grande y le caben dos buenas pollas.
 
- Siiiii,  siiiiiigueeeee  siiiiiigueeeeee  siiiiigueeeeee....
 
Después de varios minutos volví a meterle mi polla en su ano.
 
- Aunque este está más chiquitín y se roza mejor por dentro, no?
 
- Sigue..... Ooohhhh... Ooooohhh. Para, para, para....
 
Ella se echó hacía delante porque estaba llegando al orgasmo. Pero yo me fui detrás de ella sin sacarlas.
 
- Nooooo, sabes que me gusta que te corras más.....
 
- Aaaaahh, aaaaah, para, para... Que me corro.. que me meo... Para....
 
- No me convencer aun. Te puedes correr más, vamos sigue.
 
- No, no, para, aaaaahhhh, ahhhhh.
 
Se giró a la izquierda y acabamos los dos rodando en el suelo....
 
- Jajajaa, si te pido que pares es porque no puedo correrme más veces.
 
- Ya lo se que no puedes correrte más, pero a mi me encanta que te corras más. Y aún no te has meado nunca del orgasmo, jejejeje.
 
- Eres un cabrón, pero me encanta follar contigo. Te quiero.
 
- Pero no querrás acabar por hoy no? Yo aún puedo correrme otra vez, jejejeje.
 
- Con que aún te queda algo de semen ahí dentro, eh! Pues lo vas a echar enseguida.
 
Me quitó el arnés y se lo colocó de nuevo ella dentro de su coño, dejando que lo bultitos para masturbar el clítoris estuvieran en contacto.
 
- Vamos, amor. Ven aquí, súbete encima mio y cabalga.
 
Sin mediar palabra, me coloqué sobre ella, en esa posición que tanto nos gustaba. Me senté dejando que entrara de nuevo el arnes en mi culo.
 
- Venga muévete, siéntela dentro de ti de nuevo.
 
Así de rodillas, me eché hacía atrás, arqueé mi cuerpo y apreté el arnés hacía su clítoris. Ella agarrándome de las caderas me ayudaba con mis movimientos, tirando mi cuerpo adelante y atrás, sintiendo moverse la polla dentro de mí.
 
- Venga más rápido, más rápido.
 
Me agarró la verga enorme y dura mientras sentía el arnés moverse en mi trasero. Me pajeó con fuerza y no tardé en empezar a correrme. Como con el calor y la pasión ella no se daba cuenta siguió pajeándome mientras me corría.
 
- Aaaaah, aaaaah, aaaaaaah.
 
Empecé a chillar para que entendiera ella que me estaba corriendo. Pero ella no se enteró. Se estaba corriendo al mismo tiempo por la vibración de su clítoris y no paraba de masturbarme y mi culo se iba cerrando con el orgasmo, hasta tenerlo completamente incrustado dentro. Me seguía moviendo mientras ella me masturbaba, pero apenas se movía dentro de mi culo. Al revés, era yo quien lo estaba moviendo más, haciendo que el pene que tenía luna entre sus piernas se moviera más y los bultos del clítoris le rozaran más.
 
Ella también empezó a chillar del placer, pero no paraba de masturbarme, como si supiera que su orgasmo se lo estaba dando yo son el arnés. Y ya sin una sola gota de semen el ano se había cerrado tanto que no podía ni moverse. Y Luna seguía masturbándome y chillando hasta que terminó de correrse.
 
Cuando por fin conseguí escaparme de aquella enorme polla porque mi ano se había relajado un poco me quedé tumbado en el suelo a su lado.
 
- Jajajaja.
 
- ¿De que te ríes cariño?
 
- Ya lo sabes, del orgasmo que me acabas de dar. Ha sido brutal.
 
- Pues ahora si que tendrá que ser mañana más, porque me has destrozado de la follada que me has pegado.
 
Y allí nos quedamos unos minutos, tirados en el suelo, descansando, echos mierda de tanto sexo, pero siempre con ganas de más.
 
Menos mal que al menos no se habían despertado ninguno de los niños, porque así igual podíamos aprovechar cuando nos metiéramos en la cama para meter otro.
 
Por: Paratodo

viernes, 22 de agosto de 2014

Urgente exploración anal.

El sueño de Joaquín, médico de 43 años, se vio interrumpido bruscamente aquella madrugada del mes de noviembre. Eran las 4.30 y en la puerta de su piso resonaban unos golpes violentos. Alguien llamaba desesperado.
- ¿Pero quién diablos será a estas horas?- pensó Joaquín.
Medio dormido y algo asustado se levantó de la cama y se dirigió a la puerta del domicilio. Echó un vistazo por la mirilla y se sorprendió al ver a su vecino Samuel.
Samuel era un joven de 30 años que hacía unos meses se había trasladado a vivir junto con su novia Estela, de 28, al piso de enfrente del doctor. Durante esos meses la relación entre la pareja y el médico se había hecho cordial, pero sin llegar a intimar en profundidad. Se saludaban cuando coincidían, habían hablado varias veces, pero poco más.
El joven era alto, delgado, con aspecto fibroso, de pelo corto moreno y con ojos marrones almendra. Su cara algo aniñada le hacía parecer unos años más joven de lo que era. Por su parte, su novia Estela era un poco más baja que él, tenía el cabello castaño, ligeramente rizado, de complexión normal, con unos pechos medianos y un culo firme y respingón. Unos ojos claros iluminaban su bello y juvenil rostro.
Joaquín seguía sin salir de su asombro. No entendía qué querría a esas horas su vecino. Sin embargo, al ver el aspecto del chico, comprendió que se trataría de algo muy urgente: Samuel se encontraba vestido únicamente con un bóxer rojo y parecía esperar con desesperación a que le abrieran la puerta. Joaquín optó entonces por abrir.
- ¡Joaquín, gracias a Dios que me has abierto! Siento muchísimo molestarte a estas horas- dijo atropelladamente el chico.
- ¿Qué ocurre, Samuel?
- Verás, a ver cómo te lo explico. Mi novia Estela y yo estábamos en plena sesión de…bueno…de sexo y ….
- ¿Y qué?- preguntó el médico.
- Pues que para darle más morbo y placer a mi novia, le estaba metiendo por el culo distintos tipos de objetos. Todo iba bien hasta que uno, una especie de bola, se le ha quedado dentro. Ni yo se lo puedo sacar ni ella lo puede expulsar. Sé que eres médico, me lo has dicho varias veces, no sé si podrás ayudarla.
- No te preocupes, dame un segundo que enseguida estoy con vosotros. Voy a por mi maletín- comentó el doctor.
Segundos más tarde el médico, ya con el maletín en la mano y ataviado con un pijama corto, salió de su piso acompañado por Samuel y ambos se dirigieron a la puerta de enfrente, que se encontraba encajada.
- Pasa, entra rápido- le pidió Samuel al médico.
Una vez cerrada la puerta y ya dentro del piso, el joven condujo a Joaquín hasta la habitación donde se encontraba Estela. Cuando el doctor entró en la estancia, vio a la joven tumbada en la cama, bocabajo. Sólo llevaba puestas unas medias negras con liguero. Por lo demás estaba completamente desnuda, con su culo expuesto a la mirada del médico.
- Amor, ya está aquí el médico. Seguro que puede solucionar el problema- le dijo Samuel a la joven.
Estela no dijo nada y permaneció tumbada en la misma posición. Joaquín abrió entonces su maletín y extrajo de él un guante transparente y fino. Se lo puso en su mano derecha, se acercó a la cama y le pidió a la chica:
- Necesito que te incorpores. Debes ponerte con el culo en pompa, para que pueda hacerte más fácil la exploración.
La joven se puso en esa postura y Joaquín trató de tranquilizarla:
- Vamos a ver…relájate, ¿vale? Verás cómo todo sale bien.
Joaquín puso sus manos sobre los glúteos de la chica y dijo:
- Ahora voy a meterte despacio un dedo para tratar de dar con esa bola.
Lentamente comenzó a meter el dedo hasta dejarlo completamente dentro. En vano trató de localizar la bola.
- No encuentro nada- dijo, mientras movía el dedo dentro del ano.
- Lo intentaré con un segundo dedo- comentó.
La joven dio un ligero respingo al sentir cómo ese segundo dedo del médico se hundía en su orificio anal. El médico, tras rebuscar unos instantes, no logró encontrar nada.
- Es extraño. Ya tendría que haber dado con ese objeto. No lo entiendo. Lo siento, pero no me va a quedar más remedio que meterte toda la mano dentro. ¿podrás aguantarlo? - le preguntó Joaquín a Estela.
- No me queda otra opción- respondió la joven resignada.
El médico empezó a meter el resto de la mano lentamente en el culo de la joven tratando de provocar el menor dolor posible. Estela emitía leves gemidos conforme la mano del doctor penetraba en su cuerpo. Ya con la mano totalmente dentro, Joaquín palpaba intentando dar con la bola. Pero de nuevo el resultado fue negativo. El médico comenzó entonces a extrañarse: estaba casi seguro de que en el ano de la joven no había ningún objeto.
Pronto empezó a comprender lo que allí sucedía: todavía con su mano dentro del ano de Estela, miró a Samuel, que permanecía a uno de los lados de la cama observando la exploración anal. El chico se estaba masajeando sus partes íntimas por encima del bóxer mientras veía cómo el doctor examinaba el culo de su novia. Joaquín notó a continuación lo húmedos que estaban los labios vaginales de la joven. Comprendió entonces que la chica se había excitado, que Samuel estaba igual de caliente que ella y que todo había sido una estratagema para convertirlo en partícipe del juego sexual de ambos. Durante unos segundos no supo cómo reaccionar. Cuando quiso darse cuenta, estaba moviendo lentamente su mano hacia dentro y hacia fuera del culo de la joven. La chica no ofreció la más mínima oposición a esa actitud del médico, pues eso era precisamente lo que deseaba. Por su parte Samuel se había metido la mano por dentro del bóxer y se estaba masturbando.
- Muy bien, Joaquín. Veo que ya has entendido cuál es el plan. El que te hayamos despertado valdrá al final la pena, tanto para ti como para nosotros- le dijo el joven al médico.
Éste seguía sin decir nada: se limitaba a mover ahora ya un poco más rápido la mano. Estela se tocaba con las suyas sus tetas y su húmedo coño.
- Ummmm…sigue así, sigue metiéndome la mano cada vez más rápido- le pidió al médico.
- ¡Vamos, Joaquín, ya la has oído! Quiere que la penetres más rápido. Y tú, Estela, ¿no querías algo más?
- Sí, quiero que me trate como a una puta, que me convierta en su auténtica zorra.
- Ya has escuchado lo que desea la joven. Así que creo que deberías complacerla- comentó Samuel a Joaquín.
El joven ya se había desprendido de su bóxer y mostraba su verga empalmada y dura. Se subió a la cama y se puso de rodillas delante de su novia. Ésta acercó su mano al pene del chico, envolvió el miembro con ella y empezó a agitarla suavemente.
- ¡Uffff, qué placer, así me gusta! ¡Haz que me corra y que te llene de leche!- le dijo Samuel a la chica.
Joaquín seguía perforando el culo de Estela de forma cada vez más rápida. Entonces por fin se animó a hablar y a satisfacer la petición de la joven.
- Querías que viniese para que te follase el culo, ¿verdad, puta?
- Sí, eso quería. Deseaba a un tipo que me diese fuerte por el culo, mientras yo me ocupo de mi querido novio.
- Ya veo que eres una puta de primera. ¡Mira cómo tienes ya el coño, chorreando! ¡Mira cómo gotea tu flujo!- exclamó Joaquín.
- ¡Dale más rápido! ¡Párteme el culo!- pidió Estela mientras aproximaba su boca al pene de su novio dispuesta a empezar a hacerle una felación.
 
Joaquín aceleró todavía más sus movimientos. Notaba el calor del ano de la joven mientras deslizaba cada vez más rápido su mano. La verga del médico estaba ya totalmente empalmada debajo del pijama. El doctor dio un par de empujes más con su mano que provocaron varios intensos gemidos de la chica y después sacó la mano del ano. Se quitó primero la parte superior del pijama y después el pantalón dejando libre su miembro marcado de venas hinchadas.
Por su parte Estela ya había comenzado a mamarle la polla a Samuel y Joaquín aprovechó para agarrar de la cintura a la joven y comenzar a enterrarle el pene hasta el fondo. Entró fácil, el orificio anal de Estela estaba ya muy dilatado. El médico se ayudaba del impulso de sus caderas para darle mayor ímpetu a sus embestidas. Con las manos comenzó a acariciar los glúteos de la chica y después los muslos, sintiendo el suave tacto de las medias negras.
- ¡Puta, ¿te gusta mi polla?- le preguntó a la joven.
Estela sólo fue capaz de pronunciar un ligero gruñido al tener la verga de Samuel dentro de la boca. Con sus labios recorría una y otra vez toda la base del miembro de su novio, que gemía de puro placer.
- Sigue así, preciosa. Quiero llenarte la boca de leche y que te la tragues toda mientras Joaquín te inunda el culo de semen- dijo Samuel.
El médico daba ahora fuertes embestidas. Empujaba su verga hasta el fondo, la dejaba dentro unos segundos, la sacaba y la volvía a meter de forma enérgica. En cada una de esas penetraciones sentía cómo la joven se estremecía de placer. Estela había acelerado en la felación y con todas sus fuerzas follaba con su boca el pene de su chico.
- ¡Ahhh…qué bien mamas la polla. Sigue, vamos, sigue un poco más! No no tardaré en correrme- gritó Samuel.
La polla de Joaquín se deslizaba a toda velocidad por el ano de Estela que sentía su culo arder por completo y un gusto indescriptible. Se había llevado su mano derecha a su coño y con los dedos se estaba masturbando, sin dejar de mamar la verga de su novio y de sentir por detrás la del médico. Su cuerpo estaba bañado en sudor, lo mismo que el de Samuel y el de Joaquín.
El joven ya no aguantó más y gritó:
- ¡Ahhhh…me corro…me corro…trágatelo todo!
La boca de Estela comenzó a recibir la descarga de chorros de semen que manaban del glande de Samuel. La cantidad de leche era tal que la joven se vio obligada a abrir la boca para no atragantarse. El último chorro impactó sobre el rostro de la chica. El joven esparció el semen por toda la cara de su novia dejándola embadurnada.
Joaquín dio un par de embestidas más mientras gritaba:
- ¡Prepárate, puta, ya no aguanto más!
- ¡Sí. Lléname el culo de leche. Haz disfrutar a tu puta!- replicó Estela.
- ¡Ahhh…toma…tomaaaaa…!
Estas fueron las últimas palabras de Joaquín antes de que la joven empezara a notar su culo llenándose de semen. Joaquín gemía de placer, mientras la joven exclamaba:
- ¡Uffff…síí…vamos…dame toda tu leche, la quiero toda!
El médico no sacó su pene hasta que no soltó la última gota. Exhausto se sentó en la cama, momento que aprovechó Estela para atrapar con sus pies cubiertos por las medias la verga del doctor y deslizar la piel de la polla varias veces hacia arriba y hacia abajo, mientras Samuel le sobaba las tetas.
Así estuvieron varios minutos más, terminando de gozar aquel encuentro en plena madrugada.
Una vez saciados de sexo, Samuel le dijo al doctor a modo de despedida:
- Joaquín, gracias por la exploración. Ya te avisaremos si volvemos a necesitar tus servicios.
Estela dejó de jugar con la polla del doctor y permitió que el médico se vistiera y abandonase el piso.
Desde ese día las visitas nocturnas de Joaquín al inmueble de sus vecinos se han hecho bastante frecuentes.
 
 
Más relatos míos en mi blog: http://ratosdesexo.blogspot.com.es/
 
Un saludo a todos.

jueves, 17 de julio de 2014

Manual para sexo anal

Sencillos para disfrutarlo.
Educar el ano para ser penetrado, cogido, ultrajado y disfrutado es un proceso largo y que con varios pasos. No tiene nada que ver con lo que se ve en las películas porno en las que la verga entra con el  primer golpe, el porno es ficción.
La higiene es lo fundamental, lo primero es cuidar la higiene para no encontrarse con resto desagradables. Así que antes de empezar los ejercicios hay que ponerse un enema para vaciar los intestinos. También se puede usar la manguerita de la ducha.
Desenroscando la alcachofa de la ducha, se lubrica el final de la manguera con gel y lo introduces suavemente en tu ano. Usa tu dedo para abrir el agujero previamente y juguetear para que se vaya acostumbrando. Solo hace falta meter la manguera un par de centímetros y aguántala con la mano mientras abres los grifos procurando que el agua este templada. Notaras como el agua va entrando en tu interior hasta que sientas el vientre tenso, entonces retira la manguera para que salga. El agua saldrá sucia y es necesario repetir el proceso para que quede todo limpio, veras como a la tercera o cuarta vez saldrá limpia, entonces lávate bien el culo con gel perfumado para eliminar cualquier olor y ya estarás preparada para comenzar.
Es necesario darle elasticidad a los músculos del ano. En los sex-shop puedes encontrar un juego de consoladores especiales que van aumentando de grosor, desde algo así como un lápiz a cosas realmente gruesas. También puedes usar un poco de bricolaje sexual, y convertir unas cuantas verduras en tu Kit personal de iniciación anal.
Vale, ahora en serio. Las zanahorias dan muy buen resultado, porque puedes encontrarla de todos los tamaños y son lo bastante duras para que no se rompan en el pero momento. Solamente hay que lavarlas bien y ponerles un condón.
Siempre hay que usar lubricante, y su elección en muy importante. Si usas aceite corporal, glicerina u otro lubricante con base de petróleo al día siguiente la mucosa anal estará completamente irritada y habrás conseguido pasarte un par de día rascándote el culo. Usar comida como mantequilla o yogur deja mucho que desear. En las farmacias y los sex-shop venden cremas especiales que además de lubricar dilatan el ano. Pero para las vergonzosas siempre queda la crema de manos que da un resultado perfecto.
El primer día usa solo tus dedos para explorar los límites de tu ano.
Tiéndete boca arriba en la cama y comienza a hacerte una rica paja, cuando estés bien excitada usa una mano para comenzar a tocar tu ano mientras la otra no deja de tocar tu lindo clítoris. Recuerda untar tu dedos con lubricante y has círculos sobre el ano con la punta de los dedos, inmediatamente notaras lo sensible que es. Hazlo todo el tiempo que quieras hasta que te apetezca comenzar a metértelo. Descubrirás que es más fácil de lo imaginabas. La lavativa, la excitación y el masaje habrán facilitado tanto las cosas que prácticamente el ano se abrirá solo para tragarse el dedo.
¿Qué tal? ¿Es delicioso, verdad? Vamos sigue jugando con tu coño mientras comienzas mover el dedo, no te limites a meterlo y sacarlo. Combínalo con momentos circulares que te ayudaran a abrir más el ano. Tómatelo con calma y cuando te sientas preparada coge un poco más de lubricante e inténtalo con dos dedos a la vez.
Ahora sentirás el ano tensado y el primer día no conviene intentar nada más, así que masturba a la vez tu culo y tu coño hasta alcanzar un el placer, disfruta del orgasmo con tu ano bien abierto.
En los días siguientes repite todos los pasos y ve probando con los juguetes, aumentando poco a poco el tamaño. No seas egoísta e incluye en estos ejercicios a tu pareja, además de ayudarte seguro que los disfrutara tanto como tu. A medida que tu ano se vaya acostumbrando iras experimentado nuevas sensaciones pero ninguna tan increíble como la de recibir una verga autentica.
Normalmente con una semana y media de ejercicios ya estarás preparada, pero solo tus sabrás mejor que nadie cuando ha llegado el momento. Entonces debes preparar todos los detalles con mucho cuidado. Pon especial interés en la lavativa y deja la crema hidratante sobre la mesilla de noche, por lo que pueda pasar.
Ahora es responsabilidad del hombre preparar tu culo para ser penetrado, en medio de todas las caricias previas, debe ir prestando cada vez más atención al ano, hasta terminar haciéndote un delicioso beso negro o follandote con los dedos mientras te unta bien de crema y que así te vayas dilatando.
El sexo anal se puede practicar en casi las mismas posturas que el vaginal, claro que hay posturas en las que resulta más fácil, como la clásica a cuatro patas, o la del cañón. Pero para las primeras veces recomiendo que la mujer este sobre el hombre, bien agarrada a la cabecera de la cama o apoyada sobre el pecho del hombre. Así podrás dejarte caer sobre la verga, de esa manera tu misma te iras clavando a tu gusto.
Los hombres también necesitan preparativos. Comienza haciéndole una mamada para ponerlo a punto y luego date el gustazo del untarle la crema por todo lo largo de la rica verga que sentirás.
Debe haber bastante lubricante en tu culo y en su verga, pero si hay en exceso todo se volverá demasiado resbaladizo y en vez de ayudar solo servirá para complicar las cosas.
Recomiendo envolver con una toalla la base de la verga, sobre todo si es lo bastante grande para merecer ese nombre. Una toalla de bidet será la más adecuada. Enróllala y luego has un rodete alrededor de la verga.
Esto servirá como tope para que las primeras penetraciones no sean demasiado profundas, cuando tu culo se haya acostumbrado al tamaño de la verga, podrás quitar la toalla y disfrutarla a todo lo largo.
Controla la penetración en todo momento, agarra bien la verga y llévala tu misma hasta la entrada, y sigue agarrándola durante las primeras embestidas para evitar que se salga por accidente, además para los hombre es una sensación muy agradable penetrarte y que a la vez lo masturbes con la mano, de esa manera toda su verga disfruta aunque solo tengas dentro la punta. Usa un ritmo lento y al principio para a menos para dejar que el ano se acostumbre y aprovecha para poner más lubricante. Las prisas y las bravuconadas solo sirven para provocar dolor y desgarros anales. Con paciencia te la clavaran hasta los huevos y aun pedirás más.
 
Historia erótica: salnegra
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sábado, 5 de julio de 2014

Puta, casada y culona era la hija de mi vecina

No siempre ser un pardillo es un problema. Cuando tenía veinte años, una vecina de mi madre me tomó como su chapuzas personal y para colmo no me pagaba. Doña Merche una simpática cincuentona  vivía en frente nuestro y abusando de la amistad que le unía con mis viejos, cada vez que le fallaba algo en su casa, me llamaba para que se lo arreglase. Daba igual que la chapuza dura un grifo que le goteaba, una luz que no le encendía o que por causa de una tormenta, la televisión no estuviera sintonizada, siempre que le venía en gana esa vieja me llamaba y yo no podía negarme.
A mi madre le daban igual mis quejas.
-Debes ser un buen vecino- me dijo una vez que volvía encabronado por perder una hora en casa de la vecina sin que siquiera me hubiese invitado una cerveza –algún día se lo agradecerás.
Sin saberlo, mi querida progenitora profetizó lo que os quiero contar que no es otra cosa que mi historia con la hija de esa señora.
Merceditas, como decían a ese bombón, no vivía en la casa porque se fue a vivir con su novio hace muchos años. Aquel verano había formalizado su unión, casándose  en la parroquia del barrio. Con veinticinco años, esa rubia estaba buenísima y lo sabía. Consciente de que tenía una cara preciosa y un cuerpo que hacía las delicias de todo aquel que la viera pasar, tonteaba conmigo cada vez que nos cruzábamos en el ascensor. La naturaleza había sido generosa con ella, dándole además un par de enormes pechos que era incapaz de dejar de mirar cuando subía con ella hasta nuestro piso.
-¡Qué guapo estas, vecinito!- me decía la jodida invariablemente para hacerme cabrear, recalcando los cinco años de diferencia que nos llevábamos. Os reconozco que me daba igual. Lejos de enfadarme, su guasa me daba motivos para alargar un poco más la contemplación de esas dos maravillosas tetas.      
Pero volviendo al tema que os quiero contar, una mañana de invierno, Doña Merche me llamó porque tenía una urgencia. Al preguntarle que ocurría, me explicó que el calentador le fallaba y su hija necesitaba darse una ducha.
Como comprenderéis, saber que ese pibón estaba en la casa era motivo suficiente para no reusar en ayudarla. Por eso, cogiendo mis herramientas me planté en su apartamento. Al llegar, la encontré enfundada en una bata mientras desayunaba. Un poco cortado, pedí permiso y sin mirarla me puse a arreglar la caldera. Al tener que desmontar la carcasa, me dí la vuelta para coger una silla y fue cuando me encontré que ese zorrón se había  abierto un poco su albornoz, dejándome disfrutar del inicio de sus pezones.
Impactado por la rotundidad de ese escote, no pude separar mi vista de ese par de melones y debido a eso, me pilló mirándolos. Lejos de enfadarse, sonrió al darse cuenta de mi fijación y aprovechando que su madre no estaba en la cocina, me soltó:
-Parece ser que a mi vecinito le gustan mis pechos- avergonzado hasta decir basta, me quedé callado mientras esa mujer se reía de mí -¿No te gustaría ver algo más?- preguntó separando sus rodillas.
El espectáculo de verle las bragas fue demasiado para mi pobre sexo y traicionándome bajo el pantalón, se puso como una piedra. Merceditas, comportándose como una autentica puta, abrió aún más sus piernas al ver mi estupor mientras me decía:
-¿Crees que tengo los muslos muy gordos?
Como comprenderéis, me quedé pálido al escucharla y más aún cuando observé la forma tan descarada con la que me enseñaba sus jamones. Muerta de risa y mientras su madre trasteaba en la habitación de al lado, insistió en que contestase, diciendo:
-Mi marido cree que tengo que adelgazar, ¿Tú qué opinas?
Babeando de forma descarada, balbuceé:
-Es un idiota, ¡Estás buenísima!
Mi respuesta le satisfizo y con una sonrisa en los labios, se levantó a donde yo estaba. Sin cortarse en absoluto, llevó su mano a mi entrepierna y mientras acariciaba mi erección, susurró en mi oído:
-Es una pena que esté casada, sino te aseguro que me encantaría probar lo que esconde aquí debajo.
Os juro que si no llega a ser porque Doña Mercedes estaba en el comedor, hubiera cogido a esa zorra y poniéndola a cuatro patas, me la hubiera follado en la mitad de esa cocina. Y más porque antes de dejarme solo arreglando el puñetero calentador, mi querida vecinita se aflojó la bata y mientras me enseñaba su estupenda anatomía, riéndose, dijo:
-¿Te puedes creer que Manuel solo hace el amor a este cuerpo una vez al mes?
-Definitivamente es un imbécil- respondí con mis ojos fijos en los dos espectaculares globos de la mujer: -Yo te follaría a todas horas.
Merceditas soltó una carcajada al oír mi respuesta y cerrándose la bata, me dejó solo con mi calentura.
“¡Dios! ¡Qué polvo tiene!”, mascullé entre dientes mientras me ponía nuevamente a arreglar el jodido aparato. Con su imagen desnuda impresa en mi retina acabé en menos de cinco minutos porque solo necesitaba un ajuste.
-Ya está Doña Mercedes- estaba informando a la señora cuando su hija volvió a la cocina.
La vecina me estaba dando las gracias cuando de pronto, Merceditas le dijo:
-Mamá necesito ducharme. ¿Por qué no le invitas a desayunar mientras lo hago?- y poniendo voz de pena, soltó: -Así si se vuelve a estropear mientras estoy en la ducha, podrá arreglarlo.
A la vieja le pareció bien y mientras la rubia desaparecía rumbo al cuarto de baño, me preparó un bocadillo y una cerveza. Fue entonces cuando la casualidad me dio un regalo inesperado, la señora recordó que tenía cita con el médico y con el morro que la caracterizaba, me dijo que si no me importaba quedarme solo porque tenía que irse.
Reconozco que en un primer momento no caí en mi suerte y quejándome de que tenía prisa, le pregunté cuanto tardaría:
-Al menos dos horas- respondió cogiendo su bolso y saliendo del piso.
Nada más irse, el saber que ese zorrón se estaba duchando a escasos metros de donde estaba, hizo que me empezara a excitar nuevamente. La imagen del cuerpo mojado de esa mujer bajo el agua y a su dueña enjabonándose, fue algo imposible de soportar. Por eso sopesando el riesgo que iba a correr, decidí que valía la pena:
¡Tenía que verla desnuda!
Reuniendo todo el valor que pude, dejé que el sonido de la ducha me guiara y sigilosamente, tanteé a abrir la puerta del baño. Antes de hacerlo corría el riesgo que se hubiese cerrado por dentro y todos mis planes se hubiesen ido a la mierda. Afortunadamente, Merceditas no había asegurado el pestillo y la puerta se  abrió. Con mi corazón latiendo a mil por hora, estuve a un tris de no entrar pero al final traspasé ese umbral y eso ha sido lo mejor que he hecho en toda mi vida.
Ajena a mi ingreso, la muchacha alegremente entonaba una canción. Sin conocer cúal iba a ser su reacción, me senté en el wáter y desde ahí me puse a observar a esa preciosidad. La mampara de la ducha era transparente y por eso nada me impidió verla totalmente desnuda bajo el agua. Con atención, me quedé valorando el estupendo cuerpo de esa mujer.
“¡Está tremenda!”, sentencié después de un minuto mirándola.
Merceditas tenía unos  pechos enormes pero firmes. Curiosamente semejante peso no había provocado que se cayeran y como auténticas astas de toro se mantenía tiesas mirando al tendido. Dos pezones negros decoraban ese par dándole una sensualidad que me hizo estremecer. Su vientre plano daba inicio a unas caderas desmesuradas y a un trasero formado por dos gigantescas nalgas.
“¡Menudo culo!”, exclamé mentalmente al disfrutar de semejantes cachetes.
Para entonces la hija de mi vecina se estaba aclarando el pelo y por eso se mantenía con los ojos cerrados, ignorante de mi escrutinio. Al girarse, reteniendo la respiración, disfruté de la visión de su coño. Sin estar depilado, estaba perfectamente arreglado. Un triángulo formado por unos rizos rubios adornaba el chocho de la muchacha.
Fue entonces, cuando se percató de mi presencia y tras el susto inicial, puso una sonrisa y me preguntó por su madre.
-Se ha ido al médico y tardará al menos dos horas en volver- respondí sin saber que me depararía el futuro.
Al escuchar de mis labios que estábamos solos, se relajó y bajando las manos con las que se había tapado los pechos, me preguntó:
-¿Vas a quedarte mirándome, o prefieres entrar a la ducha?
Y por si me quedaba alguna duda, para terminarme de provocar,  se empezó a acariciar las tetas y a pellizcarse los pezones mientras me miraba. Incapaz de rehusar tamaña invitación, me empecé a  desnudar sin dejar de mirar a la zorra de mi vecina.
-¡Las tienes enormes!- como un rugido salió de mi garganta ese exabrupto la ver el sensual modo en que se las estaba estrujando.
Descojonada por mi cara, se cogió ambos senos con sus manos y mostrándomelos como si fueran un trofeo, me soltó:
-¿Tú crees?...
Pensando que se había molestado, intervine diciendo:
-Pero son alucinantes, me encantan.
Merceditas se rio al comprobar mi nerviosismo y dando una vuelta completa sobre el plato de la ducha, me modeló antes de preguntar:
-¿Y qué parte de mi te gusta más?
-El culo- admití mientras dejaba caer mi calzón sobre el suelo de mármol.
Acto seguido, metí un pie en la ducha pidiendo permiso. Merceditas con la confianza que daba la diferencia de edad, tiró de mí y me metió junto a ella bajo el grifo. La tibieza de su piel mojada al pegarse a mi cuerpo, provocó que mi miembro alcanzara de golpe toda su extensión.
-¡Tienes tu pene a tope!- dijo al verlo.
Defendiéndome, la contesté:
-Y tú los pezones duros, ¡So puta!-le dije mientras agachaba mi cabeza y cogía al primero entre mis dientes.
Aun sorprendida por mi insulto y por mi audacia al mamar de su pecho sin pedirle permiso, no solo no se quejó sino que emitiendo un gemido de placer, riendo me dijo:
-Eres un pillín.
Ya lanzado, masajeé la otra teta mientras con la mano que me quedaba libre iba bajando por su cuerpo. Mi vecina cada vez más excitada separó sus piernas al notar que me acercaba a tesoro que escondía entre ellas. Al acariciar su vulva fue cuando me encontré con un elemento metálico entre sus pliegues.
-¡Tienes un pircing!- exclamé cogiéndolo entre mis dedos.
Tirando un poco de él, comprobé que se lo había puesto a un escaso centímetro de su clítoris. La muchacha al experimentar mi ruda caricia dando un grito, me pidió que fuera más lento.
- Oye, ¿Cuándo te hiciste eso? –  le dije dando otro tirón al adorno.
Mi vecina separó sus piernas antes de contestarme, señal clara de que le estaba gustando el trato.
-Llevo con él un par de años-
Intrigado por el asunto, me arrodille para observar desde cerca  el dichoso piercing, lo que interpretó mi vecina pensando que iba a hacerle una comida de coño y separando sus labios con dos dedos, lo puso a mi entera disposición.
-¿No te dolió cuando te lo hicieron?- pregunté mientras rozaba con mi dedo la joya.
-Un poco- reconoció dando un suspiro- pero vale la pena. Desde que lo llevó estoy cachonda todo el día.
-¡No te entiendo!- contesté mientras metía un primer dedo dentro de ella.
-Al andar, al subirme a un coche o al juntar mis piernas en la oficina, me roza el clítoris y me pone bruta- con la voz entrecortada me respondió.
- Eres una puta– le solté riendo mientras su coño se empapaba producto de mis maniobras. Lo supe no solo porque mi dedos entraba y salía con más facilidad de su sexo sino porque, desde la  mi posición, podía oler la aroma a hembra hambrienta de sexo que desprendía.
-¡Cómo me gusta!- gritó ya totalmente dominada por la lujuria- ¡Por favor! ¡No dejes de hacerlo!
Sin hacer caso a su calentura, separé yo mismo sus labios y me quedé mirando al aparato. El dichoso piercing tenía una forma parecida a los gemelos que usaba mi padre. Una barra coronada a ambos lados por dos bolitas metálicas. Habiendo satisfecho mi curiosidad, paseé mi dedo por la raja de  su coño antes de volverlo a introducir en su interior. El aullido que pegó a notar como la súbita penetración, me determinó a tratarla con dureza.
-¿Y el idiota de tu marido tampoco te lo come?
Merceditas  negó con la cabeza.
-¿En serio? ¡Ese tío es tonto!– respondí mientras sacando mi lengua le daba un primer lametazo.
Arrodillado a sus pies, vi como los ojos de mi vecina brillaban de deseo. Al verlo, aumenté la velocidad con la que mi dedo se estaba follando su coño, lo que provocó que Merceditas se estremeciera bajo la ducha y tuviese que agarrarse para no resbalar.
-La putita de mi vecina está cachonda- le solté más seguro de mí mismo al ver que incluso los pezones la traicionaban.
- La culpa es tuya, ¡cabrón! – respondió mientras presionaba mi cabeza contra su entrepierna: - ¿Por qué no me lo comes ya?
Torturándola, no le hice caso y le metí un segundo dedo en su interior. Aunque mi mente  me pedía saborear ese coño y oír a su dueña gemir de placer, decidí prolongar los preparativos. Lo que no había previsto era que esa puta pegara su sexo a mi cara mientras movía rítmicamente sus caderas. No me quejé cuando Merceditas me  restregó su sexo por la cara. Al contrario, sacando la lengua le pegué un segundo lametazo.
-¿Ves cómo tú también lo estas deseando?
-De acuerdo, zorra. ¡Te lo comeré si me dejas después follarte!
Como respuesta separó sus rodillas, dándome entender que primero quería que le hiciera una buena comida. Su nueva posición permitió que mi lengua recorriera sus pliegues mientras mi vecina no dejaba de gemir y jugueteando  con la punta su clítoris, di un buen repaso a ese coño antes de concentrarme en el piercing. Al recogerlo entre mis dientes mientras mordisqueaba el botón del placer de mi vecina, esta pegó un aullido y cerrando sus puños, me rogó que continuara.
Aprovechando su entrega volví a meter mi dedo en su interior sin dejar de chupar el bulto que ya estaba totalmente erecto entre sus labios. Merceditas al sentir esa doble estimulación, movió brutalmente sus caderas y dejándose llevar por el placer, chilló:
-¡Cabrón! ¡Me estás volviendo loca!- y sin importarle lo que pensara, me pidió que le metiera el segundo.
Siguiendo al pie de la letra sus instrucciones, le incrusté otro dedo y moviéndolos rápido en su interior, me la quedé mirando mientras la rubia sacudía las caderas restregando su sexo contra mi boca. No tarde en observar como su coño se contraía de placer y aprovechando que Merceditas estaba totalmente entregada, me decidí a meter el  tercero.
-¡Me gusta!- berreó la mujer al notar que forzaba su entrada.
Intentando relajarla mordisqueé su clítoris con  tanta fuerza que  dando un grito alucinante, tuvo que apoyarse contra los azulejos al sentir que perdía fuerza en sus piernas.
-¡Sí! – jadeó moviendo más las caderas y presionando con sus manos mi cabeza: -¡Sígueme chupando!
Saboreando cada  lamida, seguí follando con mis dedos el coño de la rubia mientras ella no paraba de gemir descompuesta por el placer. Sabiendo que estaba a punto de correrse, le seguí sacando y metiendo mis tres falanges cada vez más rápido. Merceditas tiritando de placer en la ducha, no paraba de gemir en voz alta.
-¡Dios! ¡Me corro!– aulló mientras movía sus caderas de forma brutal - ¡Comete a esta puta!– gimoteó mientras la seguía masturbando. Al sentir que su cuerpo se crispaba, me agarro la cabeza y la presionó contra su sexo mientras me imploraba que no parase. Decidido a que esa mujer sintiera lo que era una buena comida de coño, continué lamiendo su clítoris con mayor intensidad si cabe.
-¡No puede ser!- gritó mientras mi boca se llenaba con su flujo.
La intensidad de su orgasmo fue brutal y derramando su placer por mis mejillas, usé mi lengua para sorber una parte del torrente en que se convirtió su chocho. Las piernas de mi vecina se cerraron sobre mi cara en un intento de retener el goce que la estaba asolando. Durante una eternidad, Merceditas convulsionó en mi boca mientras de su garganta no paraban de surgir berridos, tras lo cual se derrumbó y sentándose sobre el plato de la ducha, me miró extasiada, diciendo:
-¡Nunca me había nadie comido así!- y sin saber lo que significaría su promesa, prosiguió: -Dime cómo quieres que compense.
La sonrisa que lucía en su cara desapareció cuando levantándola, le dí la vuelta y separando los dos cachetes que me volvían loco, sintió uno de mis dedos jugueteando con su entrada trasera:
-¡Tienes un culo precioso!- susurré a su oído mientras removía mi yema en su interior: -Y quiero rompértelo.
Al oír su suspiro, comprendí que mi fantasía era compartida por ella porque mi vecina estaba cachonda de nuevo y sin poder soportar su excitación, me rogó que la tomara. Dando tiempo al tiempo, seguí relajando su esfínter mientras con la otra mano le empezaba a frotar su clítoris.
-Oh, ¡oh! ¡Dios mío! – gimió disfrutando de ese trato mientras intentaba forzar mis caricias presionando su culo contra mí.
Al comprender que debía de relajarlo, cogí una botella de aceite Johnson que había en un estante y echando un buen chorro sobre mis dedos, le pedí que se separara las nalgas con sus manos. La rubia me obedeció de inmediato y dando su aprobación me imploró que lo hiciera con cuidado. Al notar que se erizaba, le amenace mientras le daba un sonoro azote:
-Si no te quedas quiete, voy a destrozarte el ojete, ¡Puta!-
Mi vecina se sorprendió al sentir mi dura caricia pero contra todo pronóstico sintió que eso le gustaba y poniendo cara de puta, me imploró que le diera otra nalgada.  Muerto de risa, me negué y mordiéndole una oreja, la informé de que iba a follármela en plan salvaje. Merceditas presionó sus nalgas contra mi pene, demostrándome su aceptación. Como no quería hacerle más daño del necesario, seguí relajando su esfínter hasta que comprobé que se encontraba suficiente relajado y entonces llevando mi pene hasta él, introduje suavemente mi glande en su interior.
Chilló de dolor al experimentar que su entrada trasera había sido traspasada pero no hizo ningún intento de separarse, al contrario, esperó a que se disminuyera su dolorpara echar hacia atrás su trasero. Mi pene se introdujo lentamente en su interior de forma que pude sentir como mi extensión forzaba los pliegues de su ano al hacerlo. El sufrimiento la estimuló y llevando su movimiento al extremo, no cejó hasta absorberlo en su totalidad.
-¿Te gusta?-, pregunté.
-Sí pero duele-, respondió y tras unos momento de tranquilidad, retomó el vaivén de sus caderas con auténtica pasión.
Poco a poco ese ritmo alocado, permitió que mi sexo deambulara libre en su interior. La muchacha poseída por un salvaje frenesí, me pidió que no tuviese cuidado. Haciendo caso, usé sus pechos como apoyo y acelerando mis penetraciones, la cabalgué como si fuera una potra. Ella, totalmente descompuesta, gimió su placer e incorporándose me pidió que la castigara. Comprendí lo que deseaba y acercando mi boca a su hombro, lo mordí con fuerza. Su grito de dolor no me importó y clavando mis dientes en su carne, forcé su espalda mientras mis dedos acariciaban su excitado clítoris
-¡Qué maravilla!- suspiró al sentir que lentamente mi extensión iba rellenado su conducto mientras la masturbaba con la mano.
No me lo podía creer esa zorra estaba disfrutando y retorciéndose como una anguila, me rogó que la follara sin compasión diciendo:
-¡Mi culo está acostumbrado!-
Su confesión abolió todos mis reparos y forzando mi penetración al máximo, me puse a disfrutar bestialmente de la entrada trasera de esa mujer. Sabiendo que no iba a lastimarla, usé, gocé y exploté esa maravilla con largas y profundas estocadas. Mi vecina se contagió de mi calentura  y  apoyándose en los azulejos de la ducha, gritó que no parara. Pero fue al cogerme de sus pechos para acelerar mis embestidas, cuando llegó a mis oídos su orgasmo. Aullandocomo una perra se corrió por enésima vez pero lejos de estar satisfecha me reclamó que siguiera.
Temiendo no estar a su altura, comprendí que debía ser todavía más salvaje y por eso azotando duramente  su trasero, me reí de ella diciendo:
-¡Guarra! ¡Mueve el culo! -
Al oir Merceditas a su vecino reclamándole su poca pasión, aceleró el movimiento de sus caderas mientras no dejaba de gemir con  cada penetración con la que forzaba su esfínter.  La violencia de mi asalto hizo que sus brazos se doblaran y centímetro a centímetro fui acercando su cara a la pared, hasta que aprisionada tuvo que soportar que el frio de las baldosas contra la su piel de sus mejillas mientras se derretía por el duro trato. Casi sin respiración, me imploró que la dejara descansar. Su rendición me sonó a gloria bendita y negándome a hacerla caso, le grité:
-¡Puta! ¿Primero me provocas y ahora me pides que pare? ¡No pienso hacerlo -
Que le recriminara su comportamiento, le sacó de sus casillas y haciendo un esfuerzo sobrehumano, levantó su trasero para facilitar mis penetraciones. Para aquel entonces, era tal el flujo que manaba de su sexo que cada vez que la base de mi pene chocaba contra sus nalgas, salpicaba en todas direcciones.
-¡Córrete dentro de mí! ¡Por favor!- suspiró casi sollozando.
Aunque deseaba seguir dándole por culo, el cúmulo de sensaciones pudo mas y descargando mi semilla en su interior, me corrí mientras le pellizcaba con dureza uno de sus pezones.
-Ahh- chilló al sentirlo.
Satisfecho y exhausto, seguí bombeando en sus intestinos hasta que ordeñé mi miembro por entero y entonces, la besé. Fue un beso tierno de amante. Merceditas se empezó a reír y con una sonrisa en los labios, me dijo:
-¡Eres un cabrón! ¡Me has dejado agotada!-
Y tras salir de la ducha y mientras nos secábamos con una toalla, se acercó a mí y acariciándome el paquete, me preguntó si hacía chapuzas a domicilio.
-Por supuesto, ¿Qué necesitas?
Con todo descaro, se agachó frente a mis pies y despertando a mi pene mediante besos, contestó:
-Un biberón cómo este: ¡Un par de veces a la semana!.
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Os aconsejo revisar mi blog:
En él, encontrareis este y otros relatos ilustrados con fotos de las modelos que han inspirado mis relatos. En este caso una RUBIA PECHUGONA, llamada:  

CHELONA

martes, 1 de julio de 2014

El culo de la prima Lola y alrededores

Estimados terapeutas, profesionales desinteresados de esta página web,  os escribo animado por mi buen amigo XXXXXX  XXXXX   XXXXXXXXXX (conocido como Priapo en esta web, nota del  transcriptor). El me ha ayudado a confesaros que tengo un terrible problema, una duda que me atormenta todos los días. Estoy en un callejón sin salida, al borde de un ataque de nervios, no se cómo afrontar mi situación y esta amenaza con destruir toda mi vida.  Mi amigo me ha informado que el está en contacto con una página de Internet (todorelatos. com, nota del transcriptor) en la que un grupo de psicólogos, sociólogos y otros profesionales especialistas en relaciones interpersonales y sexuales leen con atención nuestras historias y luego emiten su diagnóstico profesional a través de un foro abierto. Soy un poco pudoroso, por lo que el hecho de lanzarlo a través de la red en vez de acudir en persona me ha seducido lo suficiente como para decidirme, pero, aún así, le he pedido a él que haga la consulta en mi nombre.
Me ha recomendado que no oculte nada y así lo haré, supongo que el anonimato y el hecho de hacerlo por escrito me ayudará a ser sincero. Voy a redactar como si fuera una novela, pues me ha dicho que ese es el modo indicado por vuetra página electrónica, ya que así afloran matices que vosotros sois capaces de apreciar, aunque el interesado no se de cuenta. Gracias amigo por esta ayuda y a todos vosotros os agradezco también de antemano vuestros consejos.
Empezaré por el principio. En el instituto, tras unos breves escarceos con otras chicas, me eché una novia, que hoy es mi mujer. De eso hace 12 años. Ambos tenemos en la actualidad 29 años. Tengo un recuerdo magnifico de aquellos años y de nuestra relación en pareja. Ella tenía bastante más experiencia que yo en las relaciones sexuales, no me avergüenza reconocerlo, y fue un poco mi maestra. Siempre pareció mayor que yo, lo parecía en su forma de vestir y de maquillarse, como una mujercita. Yo con mi ropa deportiva. Pero también por sus formas voluptuosas, que adquirió en la más temprana adolescencia.
Desde el primer momento la fantasía en nuestra cama fue la nota predominante. No me quedó deseo por cumplir, salvo el del sexo anal que intentamos un par de veces con escaso éxito y eso que ella tenía, y tiene, un culazo impresionante, pero poco tienen que ver la abundancia de nalgas y la flexibilidad del ojete.
Yo dejé de estudiar al terminar mis estudios de bachillerato, ella un año antes. No éramos buenos estudiantes, así que yo me puse a trabajar en una fábrica de confección de ropa que por entonces proliferaban como setas en mi ciudad. Mi tío era el encargado en una de ellas y yo empecé como peón, chico de los recados y sustituto de todos. Mi novia, llamémosla Eva, cuando me refiera a mi lo haré como Adán. Por supuesto nombres ficticios, no me gustaría que nadie nos reconociese. Bien, mi novia no trabajaba y cuando tuve cierta posición en la empresa que crecía como la espuma la enchufé de cosedora. Ni decir tiene que su familia me tenía en alta estima. Coloqué a algunas mujeres más de su familia a su hermana pequeña, dos primas suyas e incluso su tía pasó un par de veranos como refuerzo de plantilla.
Su madre me adoraba y su padre descorchaba una botella de vino bueno cuando iba a comer e imaginaros como iba yo a trabajar con mi Ford Fiesta recién comprado llevando a toda esa pléyade de mujeres hermosas. No eran ninguna de ellas una sílfide de pecho plano. Al contrario, supongo que son más parecidas a las modelos pin ups de los 50 y en aquel coche tan estrecho, hermana y primas tenían dificultad para meter sus preciosos culetes.
Yo me sentía como los sultanes qataríes cuando llegan a Marbella con el gineceo a cuestas, salvo quizás por la ropa, que las cuatro primas han sido siempre de llamar mucho la atención y esas otras vienen con velos hasta los ojos. Son la familia de mi mujer de falda corta, escote largo y abundante maquillaje adornando su cara. Labios rojos, rímel negro en sus ojos negros y grandes, colorete en las mejillas, tacones de vértigo y unos andares como la Marilin Monroe, aunque todas ellas eran morenas como el azabache, con unos rizos muy marcados.
Varios cursos y muchas horas de trabajo me hicieron subir en la empresa y llegado a un techo me aconsejaron irme a la capital de la Comunidad Autónoma para seguir prosperando. Me mudé, solo, mi Eva se negó a acompañarme con mil excusas, su trabajo, su madre, su vida social. A mi me parecían todas superables, pero me tocó recorrer durante un año 100 Km cada vez que quería verla. Y como ya se sabe, la distancia es el olvido. Yo conocí a otra chica, ella salía con sus amigas…
Dos años de nuevo noviazgo, más sosita era esta nueva novia. Desde luego, nada puedo decir de cómo la dilataba su esfínter anal, ni tampoco del diámetro de sus labios, aunque a los seis meses ya vivía conmigo. Debo decir que durante ese tiempo eché de menos la fogosidad de Eva, y su culo ¡Ah! Y sus impresionantes tetas, no lo he dicho antes pero gasta una talla 100, de unos pechos firmes culminados por dos pezonacos de color marrón oscuro que me encanta empitonar con los dedos, con los labios, con la lengua, con la palabra. Bueno, me encantan sus pechos, sobre todo en verano cuando se quedan más blanquitos que el resto del cuerpo, aunque ella es muy morena. Os cuento esto pues mi amigo XXXXXX  XXXXX   XXXXXXXXXX (conocido como Priapo, nota del  transcriptor) me dijo que este tipo de detalles son importantes, para que los consejos sean lo más ajustados posible a mis necesidades.
Tras tres años y pico en la capital me llamó mi jefe de zona y me propuso volver de nuevo a mi ciudad, ¡como director de la sucursal! ¡Con 26 años!.  No me lo pensé dos veces, le dije que sí allí mismo. De vuelta a casa, bronca. Mi novia capitalina dijo que ella no se iba a ese corral de cabras que es mi pueblo, ganas de ofender porque 57.642 habitantes, según el último censo, es toda una ciudad. Su madre peor, que a donde pensaba llevar a la niña con esos paletos. En fin, acabamos bastante mal y yo regresé a mi hogar, con mi gente y con un señor cargo en la empresa, pero soltero.
Cuando regresé y me encontré a Eva tenía nuevo novio y estaba más guapa que nunca. La veía por la calle y algunas partes de mi cuerpo se ponían inevitablemente en posición de firmes. Me refiero a mi cerebro, alerta por no meter la pata. Ya sabéis que donde hubo fuego, quedan rescoldos y poco a poco los nuevos vientos fueron reanimando las llamas. Tengo que admitir que estando ella todavía saliendo con Paco (también nombre ficticio) hicimos varias veces el amor. Varios días, sobre todo los fines de semana, recibía yo un SMS " a las 2:00 h en mi portal", "a las 11:00 h detrás de mi casa". Y en cualquiera de las circunstancias allí estaba yo como un clavo.
Nos íbamos en mi coche a un descampado detrás de su casa. Al principio decíamos que a hablar, luego directamente a follar. Tenía yo entonces un Vectra que resultaba un poquito más cómodo que el Forfi anterior. Podríamos habernos ido a mi casa, recién comprada, pero no queríamos dar que hablar por el pueblo entrando a esas horas con la novia de otro. En mi caso reconozco que eso era una mala escusa, al contrario me daba morbo pensar que desde los pisos de su bloque podían vernos, sobre todo desde que vi recortada una silueta en la casa de su madre. Ella nos observaba y, por lo que yo entendía, no debía enterarse que me tirase a su hija en el coche, pues siempre que la veía por la calle me saludaba con mucha simpatía. Teniendo ella novio entiendo que no debía ver malicia en nuestras "conversaciones". La verdad es que pese a que luego me remordía la conciencia, no podía yo pasar si esas sesiones de sexo. El sexo que he tenido con Eva ha sido el mejor que he tenido en mi vida.
Un buen día cortó con el cornudo. La verdad es que es un buen chico, y desde entonces ya no hubo más SMS, no hizo falta. Entró a mi casa llorando como una Magdalena y no me quedó más remedio que consolarla. Toda la noche consolándola, hasta intentamos otra vez lo de la penetración anal, pero ni flores, aunque no puedo quejarme de esa noche. Tuve que llamar al trabajo y simular una enfermedad que me duró hasta el fin de semana. Todo esto derivó en boda seis meses más tarde y Eva es ahora mi secretaria, mi cuñadita la encargada de la sección de confección y hay casi una decena de familiares de mi mujer en la fábrica, que por otra parte va viento en popa. Recibo felicitaciones continuamente de la central.
Bien, la cuestión viene ahora. Una de las primas que trabajó conmigo, una de las que venía con nosotros en aquel viejo coche, vamos a llamarla Lola, aunque no es su verdadero nombre. Ésta se casó y se fue a vivir a Mérida, pusieron un restaurante que les va muy bien. Lo llevaban ellos y sus suegros, y digo llevaban, porque hace dos años el marido desgraciadamente murió. Al poco de fallecer, vamos a llamar Toño al finado aunque a estas alturas ya supondréis que no es su verdadero nombre, la suegra, una mala pécora, la empezó a hacer la vida imposible, hasta que la echó de su propio negocio, acusándola de haberse acostado con varios clientes y, teniendo yo ya fama de protector de la familia, se presentó con la maleta en mi casa pidiendo cama y trabajo. Yo no quería dejarla tirada, dadas las circunstancias, y más aún teniendo en cuenta que la conozco casi de siempre, pero no me hacía ni pizca tenerla en casa de cutio.
- Mira, Eva, - le dije muy serio a mi mujer - a mí me gusta estar en casa en gayumbos, salir en pelotas de la ducha y tocarme los huevos en el sofá y con tu prima Lola en casa, no es lo mismo.
Pero no me hizo ni puto caso.
- Es mi prima y no se va a ir. Tu eres mi marido y esta tu casa, así que acostúmbrate a su presencia y haz lo que tengas que hace, que nadie se va a quejar - me contestó.
Esa misma tarde, como un calzonazos, salía del baño con mi albornoz, me ponía un pantalón de deporte y una camiseta y me sentaba, con un calor de cojones a ver la tele en el salón. Sin poder tocarme los huevos.
Tengo que reconocer que me equivoqué. Lola desde el primer momento se comportó muy educada y agradecida. Me trajo una cerveza con aceitunas negras, como sabe que me gustan. Limpiaba la casa, hacía la comida, la cena.
-  Bueno mientras encuentro algo, por lo menos no quiero molestar.
Era la misma de siempre, simpática y guapetona, aunque ahora se había teñido el pelo de rubio lo que la hacía un poco más llamativa. Y lo mejor. Iba por casa con unas camisolas largas medio desgastadas que no dejaban mucho a la imaginación, y lo que dejaban era peor, con dos rajas laterales para permitir la movilidad, dejaban los dos muslos al descubierto en cuanto se agachaba y por esas aberturas yo, sin querer, buscaba el principio de sus nalgas. Ella es de buenas curvas, como mi mujer, algo menos de pecho, pero más culona. Me entretenía en observar que tangas usaba, hoy es negro, hoy azul, a juego con el sujetador. Hoy el sujetador es de los grandes, todavía no se ha quitado el de la calle, este es de los cómodos de estar en casa ¡Cómo se la bambolean las tetas! Me gustaba que se sentara de cara a la ventana, cuando se levantaba se transparentaba todo. Lo peor es que luego yo no me animaba a follar con mi mujer estando ella en la habitación de al lado y me quedaba con un calentón de tres pares de cojones. He de reconocer que para entonces nuestras primeras pasiones habían bajado mucho, pero a hora la presencia de Lola me tenía en un estado de erección permanente
Espero, estimados expertos,  que todo esto haya sido suficiente y os halláis hecho una idea de las circunstancias que precedieron a mi situación actual, pues ahora empieza el meollo de la cuestión.
No se si habéis visto la serie Espartaco. Es una de romanos, pero, a diferencia de la peli de Stanley Kubrick, en ella no hacen más que salir gente en bolas y follando en las situaciones más morbosas. Pues estábamos un par de semanas después de su llegada los tres viendo la tele en el sofá, yo en una esquina, Lola en la otra y mi mujer en el medio. En una escena en el Circo Romano se ve que medio graderío va semidesnudo mientras animan a los luchadores.
Dice Lola:
 - Mira que bien se lo pasaban los romanos, si no les gustaba la pelea siempre se podían poner a meter mano al de al lado. Si fuera así el fútbol igual me animaba a ver un partido.
- Pues a mi marido es como le gusta ver la tele, en pelotas y tocándose los huevos ¿a que si cari?
- Anda no digas tonterías. - la pullita me violentó.
- Tonterías no, fíjate- continuó explicándole a su prima - cuando dijiste que te venías con nosotros es en lo único que puso pegas, que no iba a poder ver la tele en calzoncillos.
- Ah, pues no te cortes, que a veces con lo que hay que ver, mejor tener una alegría al lado.
No le di mucha importancia a la conversación, aunque no sabía lo que decir. Ellas siempre han sido así muy descaradas, toda la familia lo es. Yo, sin embargo, no soy tan lanzado. Bueno, no le di mucha importancia pero el pantalón de deporte que me había puesto estaba más que relleno. Mi mujer que lo vio, apagó la luz de lamparita, para que no entraran moscas dijo, y empezó a meter su mano por una pierna. Apartó el calzoncillo y se agarró a mi pene. Arriba y abajo despacito y yo más tieso que una vela.
No sé quien ganó la pelea de gladiadores, pues al poco tiempo Eva se tumbo sobe mi tripa y puso los pies sobre su prima. Desde mi posición podía ver, sus tetas perfectamente. Ella también usa esas batas largas en verano con unas hombreras larguísimas, que con tanto pecho dejan la mitad fuera en cuanto se descoloca un poco. Además dos rajas laterales abrían la tela hasta casi el principio de sus glúteos.  La diferencia es que mi Eva en cuanto llega a casa y se ducha no se pone ropa interior y la presencia de su prima no iba a cambiar sus costumbres. ¡Total, las dos eran mujeres y se conocían desde siempre!.
Sacó el glande bajándome la goma del pantaloncito y se lo metió en la boca chupando muy suavemente, por debajo me sobaba los testículos. Creo que pegué un respingo ante la ocurrencia. Normalmente hubiera metido mi mano por un lateral de las mangas para sobar sus enormes tetas que tanto me gustaban, pero en esta situación no me atreví. Así que, cuando en un movimiento reflejo, levanté mi mano para tocar esos globos, rectifiqué y empecé a acariciar su pelo intentado ocultar las maniobras de Eva. Estaba rígido y miraba a Lola que sonreía con malicia mirando a su prima disimuladamente de reojo.
- Se está coscando de todo - pensé.
Estuvo así, dando pequeños chupetones y mamando como una nena, más de un cuarto de hora. Poco a poco Eva se fue calentando, la historia entre los gladiadores, las esclavas y sus dueños no ayudaba precisamente calmar la calentura. Empezó a menear su cabeza hacia arriba y abajo. Eso la obligaba ya mover medio cuerpo y pensé que eso ya era demasiado. Se estaba pasando con el cachondeo. Si yo estaba raro, su prima debía estar muy incómoda con la situación. Moví ligeramente la cabeza cuando vi que Lola se acomodaba un poco más en el sillón. al contrario de lo que yo pensaba estaba casi partiéndose de risa, eso sí disimulando mirando la televisión. Colocó los pies de Eva más arriba en su regazo y empezó a masajearlos. Eva se sacó mi polla de la boca con y la dijo.
- Umh, que gusto Lola, después de estar todo el día de pie, como se agradece un buen masaje en los pies.
- Aquí se nota que todos agradecen los masajes primita.
-Vaya indirecta - pensé.
Intenté impedir a Eva que siguiera chupándomela, pero se negó enérgicamente protestando con un gruñido, que me paralizó al instante y fue seguido de una pequeña risa contenida de Lola.
- Estate quieto y no la líes que cuando se pone tan caliente es incontrolable y a lo mejor terminas discutiendo con el rabo tieso por mitad del salón. - en mi cabeza había un pontón de mensajes contradictorios y ese me pareció el más prudente.
La dejé a lo suyo deseando que acabara la película, que ¡vaya con la película! luego ya bajaríamos la calentura en la cama. Aunque con su prima en el salón mi preocupación empezaba a ser otra, yo estaba que no sabía cómo salir de esa cuando se encendiera la luz para irme a acostar. El pantaloncillo no iba a tapar ni la mitad de mi tranca
Luego pasó lo impensable. Los gemidos de mi mujer eran cada vez más evidentes. Yo apretaba con mi polla al interior de su garganta para que se oyeran menos, pero eso era peor. No sé si es que pensaba que lo hacía para follarme su boca y se excitaba más o que sencillamente se atragantaba y por eso hacía más ruido. Lo cierto es que seguía amarrándose a mi pene cada vez con más ganas.  Oí un ligero suspiro a mi izquierda. Miré con cuidado y observé que era la prima, bajé mi vista por su anatomía y pude ver que tenía su bata levantada por encima de sus muslos. Los pies de mi mujer en contacto con la zona pélvica de su prima y la penumbra de la habitación me impedían ver claramente lo que sucedía, pero... Un cambio de escena en la televisión y aumentó la luz en la habitación. Lo vi claro. ¡Lola se estaba haciendo una paja con la mano que no masajeaba los pies de Eva!. Levanté rápidamente la mirada y pude ver como se había acelerado ligeramente su respiración. Recuerdo un pezón marcándose claramente en su bata y ver su boca ligeramente entreabierta. Eso ya fue demasiado. Me derramé en la boca de mi mujer, que al recibir su ansiada comida se estremeció ligeramente. Se había corrido y creo que, como si se hubiera activado una reacción en cadena, poco después lo hizo Lola en un pequeño gemido. Parecía todo sincronizado porque cuando abrí los ojos pude ver que empezaban a aparecer los títulos de crédito, rápidamente cortados por la publicidad.
- ¡Qué demasiao! - soltó Lola en un suspiro - Así da gusto ver las películas, no te enteras ni de la publicidad.
Se ríe mi mujer de la ocurrencia de su prima. yo por el contrario debo estar rojo como un tomate. Esta familia siempre ha conseguido ponerme nervioso cuando empiezan con sus picardías.
- Me recuerda a aquellas sesiones continuas en el cine, cuando íbamos las cuatro - supongo que se refiere a la hermana de Eva y a su propia hermana, aunque también pueden ser cualquier amigas - ¡La de chicos que se habrán perdido la peli y no se han quejado del precio de la entrada!. ¿Recuerdas aquella vez con aquellos chicos del otro instituto...?
Corta mi mujer la conversación rápidamente, pues ya empieza a hacerse tarde. Se levanta Lola y, aunque fue un movimiento rápido, la veo colocándose el tanga de color azul eléctrico que ya había vislumbrado bajo la bata de verano. ¡Qué pedazo de culo! Grande, terso, imponente.
Cuando salgo de mi ensoñamiento observo que tengo media polla por fuera apretada por el elástico del pantalón. Me apresuro a esconderla y observo una ligera risilla de las dos primas cuando salen de la habitación. Dejo que se preparen para ir a la cama. ¡Esa es otra! En cuanto llegó Lola me ha invadido el cuarto de baño. Antes entraba yo con mi mujer, ahora entran las dos y yo debo esperar.
- Entra si quieres, si yo me estoy lavando los dientes.
Sí, pero al tiempo mi mujer se está duchando y yo tengo ganas de mear. En aquellos momentos mi cabreo era impresionante, huésped en mi propia casa. Mi mujer siempre me decía que tuviera paciencia, pues cuando nos fuéramos al chalet que nos estábamos haciendo esto ya no pasaría, eso si Lola no se iba antes. ¡Aunque, sí se va a ir, con lo bien que vive la tía! pensaba para mis adentros.
Cuando me levanté, ellas ya estaban preparadas para ir a la cama. Eva se había puesto un camisoncito rojo con encajes, Su grandes tetas casi no estaban ocultas salvo en la aureola del pezón, y la mitad se transparentaba tras los encajes. La pequeña faldita no la llegaba no al final de sus glúteos, de forma que cualquier movimiento mostraba el tanga que completaba el conjunto de esa noche . Yo ya sabía lo que eso significaba. Tenía ganas de guerra tras la sesión en el sofá.
Lola tenía puesto otro camisoncito un poco más largo y más discreto de color rosa. una camiseta  con un dibujo infantil y unos pantalones cortos, pero su abundancia de carnes y mi calentura me hacían verla totalmente desnuda.
- Me voy a tomar un vaso de leche y a la cama- nos dijo - Tu Eva ¿ya no querrás más leche?
- Yo lo que diga mi marido.
Y tiró de mi hacia la habitación.
Me empujó contra la cama y bajó de golpe el pantalón.
- Hola cariño que ganas tenía de verte otra vez - Se dirigía a mi rabo, le daba besitos y le acariciaba como si yo no estuviera presente.- Que contenta te has puesto hoy ¿eh? y eso porque cochinota, ¿por qué estaba mi primita? ¿Te gusta mi primita, cochinota?
Sé que es ridículo, pero me alegré que no me lo preguntara a mí porque no hubiera sabido contestar.
- Pues ahora te toca hacerme a mi unas cositas, que me tienes como un gatita en celo. - le dio unas cuantas lamidas como si lamiera un plato de leche. - Sabes a lefa, gorrinilla. Te voy a dejar limpita y me vas a dar gustito a mí.
Mi cipote siguió creciendo y yo miraba atontado como ellas dos, mi mujer y mi polla se entendían a la perfección. Tras un ratito de limpieza se sacó el pene de la boca, admiró su trabajo y pareció satisfecha con el resultado. Se incorporó, terminó de sacarme el pantalón de deporte y se sentó a horcajadas sobre mi pelvis introduciendo poco a poco todo el cilindro en su interior. Lo hizo muy despacio saboreando el momento. Miraba al techo y se mordía el labio en un gesto supremo de lujuria. Se lo enterró en sus entrañas hasta su base Colocando sus manos sobre mi pecho inició un movimiento dibujando con sus caderas ochos que me sumieron en un estado de amnesia del que salí cuando oí un ruido en el pasillo. ¡Había pasado su prima por delante y nos había pillado de lleno! La luz de la habitación estaba encendida y ella debía de pasar por la puerta para ir a la suya, que se encontraba perpendicular a la nuestra compartiendo toda una pared.
 A mí eso me distrajo un momento de las maniobras de mi esposa, pero ella creo que ni se dio cuenta, parecía absorta en sus juegos con mi pene, del que yo, en ese momento, no era más que una prolongación. Había empezado a dar botecitos y soltaba unos ruidos de placer cada vez que se dejaba caer sobre mí. Decidí que debía corresponderla por la corrida que me había proporcionado en el salón. Tanto rollo pensando en la prima me estaba apartando de mis obligaciones. Pensé que al día siguiente lo deberíamos hablar, pero en ese momento había que estar a lo que había que estar.
La sujeté de la base de sus nalgas impidiéndola bajar, solo la cabeza de mi polla estaba en su interior. Cuando iba a protestar empecé a golpear mi cintura contra su culo introduciendo el rabo con fuerza. Yo miraba con gusto como sus enormes pechos vibraban con cada embestida. Primero fui despacio y ella permaneció en cuclillas sobre mí, pero cuando el ritmo fue aumentando se puso de rodillas y se lanzó a devorar mi pecho. Entonces, cogí su culo con las dos manos y la taladré con una fuerza que no recordaba en tiempo.
- Es este lío de tener en casa a su prima me tiene más caliente que la plancha del McDonalds - pensé con rabia y toda esa rabia se transmitía a mi arremetida contra su coño. - Como me desahogo yo con esta en casa con esa tía dando vueltas. Y luego todo el día viéndolas casi en pelotas a las dos... ¡Me cago en la hostia puta!.
Noté que sus suspiros ya eran gritos. Pensé en su prima, ¡joder la prima, lo estaría oyendo todo! Para apagar sus voces la cogí con rabia del pelo y la besé en la boca, mientras follábamos cada vez con más vehemencia por lo que era imposible silenciar el escándalo.
Eva creo que empalmaba un orgasmo con otro, pero yo me distraía pendiente de todo lo que pasaba a nuestro alrededor. Estaba avizor por la presencia de la maldita Lola y no podía echar un polvo en condiciones.
Ahora oía a los de la basura en la calle, teníamos la ventana abierta para que entrara un poco de aire y se escuchaba un escándalo que pensé que no se correspondía con las horas de la noche. De esos pensamientos de saco mi mujer con un mordisco en el labio.
- Eres un cabrón - me decía entre susurros - me tienes muy caliente, cabrón. Me encanta como follas, cabrón. Sigue follandome, siiiigue. Estás hoy muy cachondo, hijo de puta. ¿Por qué?¿Te gusta follarme? ¿Te gusta follarte a tu putita?
Sabe que cuando dice esas cosas yo la castigo mucho más, me vuelve loco, mi velocidad aumenta, ella se excita todavía más y yo termino eyaculando. Es una rutina que apareció, ya hace muchos años, en nuestra primera época de novios. Esa noche ocurrió algo diferente, cuando ya estaba a punto de correrme añadió bajito a mi oído y con una voz que denotaba que se estaba corriendo de nuevo:
- ¿O te gustaría tirarte a la zorra de mi primita? Te aseguro que es más golfa que yo.
Me corrí al instante, Eva me escupió en la cara y me yo quedé paralizado. Luego me gastó la lacara a besos y lametazos mientras bajaba del clímax al que los dos habíamos llegado. Después descansó desmadejada y sudorosa sobre mí, manteniendo la cabeza escondida en mi cuello.
En la calle los de la basura seguían con su escándalo, parecía que iban a tardar toda la noche con nuestra calle. Todavía atolondrado por los últimos acontecimientos voltee mi cara hacia la ventana, no sé si buscando aire para despejarme o guiado por el ruido de los basureros. Pude ver  como Lola se alejaba de la ventana. Estaba en el balcón fumándose un cigarro, como pude comprobar por el pilotito rojo que se iluminaba en la oscuridad y por el humo que entraba en nuestra habitación. ¡Nos había estado mirando! ¡Y los de la basura a ella, por eso el bullicio con el que habían pasado! No, si todavía teníamos un disgusto con los vecinos por su culpa. ¿A quién se le ocurre salir a fumar un cigarro en un primero, medio desnuda y poner el culo en pompa mirando hacia la calle cuando pasan los de la basura?
El pensar en Lola, en su culo asomándose por el balcón, mientras ella nos observaba fumándose un cigarro. El recordar a mi mujer preguntándome si quería echar un polvo con su prima garantizándome que era muy zorra, hizo que mi cipote se empezara a alegrar en el interior de Eva. Un sentimiento de culpa y el temor a que descubriera mi pensamiento al notar  mi incipiente erección, hizo que la apartase a un lado y me saliera de su interior ante su protesta.
Ninguno de los dos dijimos nada. Eva me seguía dando besos y comiéndome la oreja recostada sobre mi y tocándome despacio la polla Lola fumaba apoyada en la barandilla del balcón. el silencio se rompió cuando Eva dijo.
- Me voy al baño, que se me sale todo - Cogió mi camiseta y se la puso entre las piernas.
Normalmente yo hubiera ido con ella, desnudo,  a mear, pero oí la puerta del balcón que se movía de nuevo. Lola había terminado de fumar. Luego escuche como hablaban en el pasillo. La primas sin duda se llevaban bien y estaban encantadas con vivir juntas, hablaban bajito y se reían en un gesto de complicidad. Entraron juntas en el baño.
¡Qué bien y yo seguía en la cama con unas terribles ganas de mear,  esperando a que ellas acabaran su tertulia!
Creo que esta es la primera parte. Creo que he sido capaz de describir con fidelidad como empezaron las cosas. No me es fácil continuar pus las escenas y las ideas se me agolpan en la mente y esto lo quiero hacer bien. Mi amigo, nuestro intermediario, esté de acuerdo. Incluso, me ha dicho que nome va a dar la dirección de la página asta que no termine todo el relato de los hechos para no influir en este proceso catartico que supone poner mis miserias negro sobre blanco. Espero darles la continuación en  cuatro o cinco días, o quizás antes.
Reciban un cordial saludo, de una persona necesitada de su consejo.
 
Por: Priapo