Mostrando entradas con la etiqueta Orgias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orgias. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de diciembre de 2017

Todos contratodos

Todos “contra” todos
En nuestro primer intercambio con Jorge e Isabel, volvimos de nuevo, a experimentar la excitación y el morbo que provoca compartir a tu pareja con otro. Verla disfrutar, y oír sus gemidos de placer, mientras tú estás haciendo lo mismo a su lado, provoca unas sensaciones, que traspasan todos los límites de la imaginación, llevándote a un estado de lujuria y desenfreno sin fronteras.
Sobre todo, cuando lo haces cumpliendo una de tus fantasías más deseadas; en nuestro caso, compartirlo con otra pareja.
Hemos tenido la gran suerte, de encontrar el matrimonio idóneo por afinidades y edad, con el que coincidimos plenamente en preferencias y gustos sexuales, con el que podemos hablar de todas nuestras apetencias y deseos; compartirlos, y como no, realizarlos. Todo un lujo.  
Poco a poco, hemos consolidado con Jorge e Isabel una amistad y confianza en materia de sexo, prácticamente sin límites, nos hemos revelado abiertamente nuestros deseos más íntimos y “perversos “, muchos casi inconfesables. No hemos dudado en hacerlos realidad y disfrutarlos sin prejuicios.
Algunas de estas nuevas vivencias, son las que queremos compartir en este relato.
Desvelaremos también, las preferencias y  gustos más “perversos”, que cada uno, ha confesado tener, en nuestras lujuriosas conversaciones de sexo. Y por supuesto, como las hemos realizado y gozado.
Hace más de un año que tuvimos nuestra primera cita con Jorge e Isabel. Desde entonces, nos hemos seguido viendo, prácticamente todas las semanas, lo que nos ha servido para irnos conociendo. Y no siempre, hemos quedado para follar.
En cada encuentro, hemos ido intimando un poco más, y en cada nueva cita de sexo, hemos ido generando todo tipo de combinaciones sexuales entre los cuatro, que han  aumentado aún más si cabe, nuestras ganas de seguir con el intercambio.
Ahora mismo, los cuatro disfrutamos de un sexo abierto y sin prejuicios. Algo impensable para ambos matrimonios, hace tan solo un año.
Me atrevo a decir, que sexualmente, formamos una lujuriosa y lasciva “pareja” de cuatro, en la que estamos descubriendo, hasta donde seremos capaces de llegar en nuestro disfrute sexual. Que hasta ahora ha sido muchísimo.
Nos encanta hablar abiertamente de sexo entre los cuatro; preferencia; gustos; deseos; y sobre todo, de las escenas que sexualmente nos gustaría protagonizar, confesiones, que a todos sin excepción nos excitan notablemente, y siempre son el preludio de una excelente sesión de sexo.
¿Quién no ha querido en algún momento, compartir y realizar sus deseos más íntimos e inconfesables en materia de sexo con alguien, bien sea pareja o en grupo?... Yo creo, que en algún momento de excitación extrema y… no tan extrema, todos lo hemos deseado.
Pues bien, eso es lo que hemos conseguido hacer con Jorge e Isabel, y por supuesto anteriormente también con Andrés. Como ya he dicho todo un lujo.
En nuestra primera cita con Jorge e Isabel, cometí la indiscreción de desvelar la relación sexual que mi mujer y yo tuvimos con Andrés. Desde entonces, siempre han mostrado muchísimo interés en saber cómo habían sido esos encuentros con él.
Las confidencias más excitantes y “escabrosas” se las ha contado mi mujer a Isabel. Le ha detallado los momentos que a ella le produjeron mayor placer. La confianza y complicidad entre ambas es enorme, y a mí me encanta que así sea.
Nos confesaron, que les excitaba y daba mucho morbo, conocer todos los pormenores de nuestros encuentros con Andrés, aludiendo que esa había sido siempre, una de sus fantasías  de cama preferidas.
También querían saber, que es lo que más nos excitaba hacer en esos momentos. Mi mujer no dudo en confesar, que lo que más le excitó en esa primera vez, fue ser follada por Andrés y  que este, a la vez me hiciera una mamada, corriéndome en su boca. Lo describió como un momento bestial, verse en esa situación. Para mí  también lo fue. 
Los cuatro nos hemos confesado deseos y acciones, que nunca creímos pudiéramos compartir con nadie, tan directa y sinceramente como lo hemos hecho. Nos hemos desnudado física e íntimamente, para poder disfrutar del sexo sin prejuicios ni trabas.
Les hemos contado como habíamos practicado sexo con Andrés, prácticamente lo saben todo. Se lo hemos relatado con todo lujo de detalles, sabedores del morbo que les producía oírlo, y, a nosotros, aún más, contárselo.
En varias de nuestras conversaciones subidas de tono, Isabel ha manifestado con su marido delante, que le gustaría ver a Jorge en el lugar de Andrés, en muchas de las escenas que les hemos contado; como por ejemplo, verle penetrado, o que él, penetrara o masturbara a otro, en este caso yo, o haciendo una felación.
Confiesa que solamente de imaginarlo no puede evitar excitarse. Jorge también confiesa que se excita tremendamente con los comentarios de su mujer.
En las charlas íntimas entre Isabel y mi mujer, Paloma le ha revelado como ha disfrutado en esos encuentros. Le ha contado lo mucho que le “pone” ver a dos hombres practicando sexo entre ellos, y sobre todo, como disfruta con determinadas escenas en las que hay penetración.
También le ha contado como ha participado. Y que ha sido lo que más le ha excitado ver, o hacer en esos momentos. En una de nuestras charlas ha contado, que es lo que más le excitó la primera vez que estuvimos con Andrés.
Entre ellas, hablan de nuestros encuentros con Andrés,  confesándome mi mujer que ambas terminan excitándose mucho cuando hablan de ello. No ha dudado en contarle a Isabel, los detalles más tórridos y lascivos de nuestras citas con él.
Ambas disfrutan del morbo de compartir gustos y confidencias. Isabel está cada vez más interesada y obsesionada en incluir a su marido en todas esas escenas de sexo, que Paloma, se ha encargado de detallarle morbosamente en primera persona.
Una de las cosas que más le excitan a Paloma en referencia a mí, que ha confesado en nuestras charlas perversas, y también entre ellas, es verme penetrado mientras la follo, o con una polla en mi boca, es algo que la pone fuera de sí. Siempre ha sido una de sus fantasías favoritas en la intimidad de nuestra alcoba. Ya hace algún tiempo que dejo de serlo, para ser una realidad, con la que disfruta enormemente, cuando se produce.
Otra que le encanta, (a mí también) es que se corran en sus pechos concretamente en los pezones, y  luego se los chupen mientras es penetrada o se masturba. Se vuelve loca con esta acción, cuando se lo hacemos. Esto ya lo habíamos probado con Andrés, antes de conocer a Jorge e Isabel. Posteriormente, lo hemos hecho con ellos en diferentes variantes.
Jorge y yo nos hemos corrido en sus pezones, y se los hemos chupado mientras Isabel la masturbaba, y lamia su coño con delicadeza. Los tres hemos disfrutado del orgasmo salvaje que esto  provoca en mi mujer.
La otra variante ha sido, Jorge penetrándola, y yo corriéndome en sus pezones mientras Isabel  pasaba su lengua por ellos mirándome e invitándome a participar,  acto morboso y excitante, que siempre me encanta compartir con ella.
Y al revés yo penetrándola y Jorge corriéndose en sus pezones, en ambas Isabel siempre ha participado de la misma forma, en este caso, yo también he participado lamiendo y chupando con Isabel los pezones de mi mujer. Solo subrayar, que es tan enorme el placer y la excitación que supone participar en cualquiera de las  escenas descritas, que actúas sin ningún reparo o prejuicio.
Todas estas situaciones aunque reiterativas, las hemos disfrutado en diferentes encuentros, a cada cual más tórrido y excitante. Y  normalmente son el preludio de una intensa velada de sexo
Son algunas de las escenas que planteamos en nuestras conversaciones de sexo, y que después nos gusta realizar. A los cuatro nos encanta el morbo de hacerlas realidad.  
Jorge, a su vez, nos confiesa que no puede evitar ponerse muy cachondo, cuando oye a su mujer hacer esos comentarios de él y Andrés, y que en más de una ocasión, no le hubiese importado complacerla.
Su mujer, no deja de animarle para que lo haga, y a él,  le vemos cada vez más dispuesto a probarlo.
A Isabel le encanta hacer sexo oral y no le importa que me corra en su boca, (es una de sus preferencias sexuales confesadas), para después besar a su marido con pasión desaforada. Jorge la besa con gusto y chupa su lengua como si de una polla se tratara. Es una visión que me pone a mil.
También disfruta muchísimo con el sexo anal, sobre todo, si a la vez su boca está invadida de la misma forma.
A su marido, le encanta verla en esa situación, mientras él la penetra anal o vaginalmente. Yo  coincido plenamente en esta preferencia, de hecho, también la hemos realizado con mi mujer, que como a Isabel, también le gusta ser complacida de esa manera.
Cuando estoy follando a su mujer, a Jorge le excita besarla apasionadamente, pone su cabeza en su regazo  se inclina sobre ella y chupa lo pezones con “vicio”, para acto seguido, fundirse  en un lascivo y lujurioso beso. Es algo realmente espectacular.
Veo sus lenguas enredarse y chuparse con pasión. El espectáculo de verlos en ese estado de lujuria,  con sus cuerpos moviéndose al compás de mis embestidas, es sencillamente  de una excitación indescriptible.
Cuando llegan a ese punto de lujuria,  “vicio”, y desenfreno, los dos me piden que me corra. Y cuando lo hacen no puedo evitar hacerlo como un burro, inundando el coño de Isabel.
A Jorge le pone muy cachondo que me corra dentro de Isabel, para a continuación meterla él   y sentir como el coño de su mujer, está totalmente inundado por mi corrida.  (otra de las preferencias confesadas de él y de ella). He de admitir que para nosotros también es una de las cosas que más nos excitan. Y  ambos la hemos practicado con nuestras respectivas mujeres. A ellas les encanta recibir ambas corridas. Una tras otra. Nos pone a los cuatro como motos.
Andrés ya está al corriente de nuestra nueva y “especial” amistad con Jorge e Isabel, y de nuestros encuentros con ellos. Dice que hemos hecho bien en dar este paso, comentando que le encantaría conocerles. Vuelve en diciembre para quedarse definitivamente.
Isabel y Jorge también nos han comentado, que les gustaría conocer a Andrés. Incluso por todo lo que les hemos contado, plantearon la posibilidad de invitarle a participar en nuestras sesiones de sexo, a lo que nosotros no pusimos ninguna pega. Los cuatro estamos deseando incluirle en nuestros “juegos”.
Andrés todavía no sabe de nuestras lujuriosas intenciones. Estamos seguros que la propuesta le va a encantar, y seguro que aceptara.
De cualquier forma, nuestras mujeres son las que más disfrutan con los comentarios que hacemos, de cómo disfrutaríamos con su participación. Sobre todo Isabel, que le encanta excitar a su marido haciendo ciertos comentarios que le incluyen explícitamente.
En esta primera parte del relato, he intentado exponer cuales son nuestros gustos sexuales, y como hemos ido evolucionando hasta realizarlos. Lo hemos hecho, desvelando nuestras intimidades más inconfesables, hasta conseguir con ello, el disfrute que todos perseguíamos cuando nos conocimos.
A continuación voy a relatar el primer día del fin de semana en el que los cuatro disfrutamos del sexo, como no lo habíamos hecho, hasta ahora.
Isabel y Jorge tienen una segunda vivienda a 50 km, en la sierra de Madrid, una casita con piscina, donde hemos disfrutado este verano de momentos de sexo inolvidables.
Fue en  un fin de semana de Julio, con un calor asfixiante y después de una de nuestras perversas conversaciones, en la que una vez más, volvió a salir el tema de nuestras citas con Andrés. Cosa  que nos puso a todos muy cachondos, incluido Jorge.
Llegamos al chalet un viernes por la tarde, el calor se notaba, a pesar de estar en una zona fresca, entre 5 y 7 grados menos que en la capital. Descargamos los bártulos y decidimos salir a cenar.
La cena transcurrió agradablemente, charlamos de cosas intrascendentes, pero en las miradas y las sonrisas que se dirigían  Paloma e Isabel, se adivinaba el deseo que se ocultaba tras ellas, sobre todo en Isabel. Por supuesto en nosotros también. Estábamos convencidos que este fin de semana iba a ser diferente.
Después de cenar nos dirigimos para casa, no podíamos ocultar el deseo y la excitación que nos embargaba. Esa noche estábamos especialmente excitados y desinhibidos, era de esos días en el que estas sexualmente predispuesto a casi todo.
―Voy a ducharme –dijo Isabel-  cruzando una mirada de complicidad con su marido, creo que todos deberíamos hacer lo mismo, añadió con una pícara sonrisa.
―Yo también  –respondió- Paloma haciéndose cómplice de Isabel.
Jorge y yo nos preparamos una copa mientras esperábamos que las chicas terminaran de ducharse.
Seguimos hablando de forma soez del  polvo que les íbamos a echar a nuestras mujeres, bromeamos con ello.
Jorge me dijo que estaba deseando follarse a Paloma, habíamos estado quince días sin vernos, por motivos familiares. Y llevábamos viéndonos prácticamente todas las semanas  desde que nos conocimos. 
Yo también le comente que echaba de menos las “delicias” de Isabel, con sus “besos” incluidos  y que estaba ansioso por follarla. Sabía lo mucho que le excitaba que utilizara  este lenguaje refiriéndome a su mujer. A decir verdad, ambos nos excitamos mucho cuando entre nosotros hacemos estos comentarios un poco groseros, sin estar ellas delante.
―Ya sabes que me encanta verla con tu polla en su boca, y que te corras, me pongo cachondo al máximo. No puedo evitarlo ya lo sabes –dijo Jorge- ya excitado.
―Lo sé,  a mí me pasa exactamente lo mismo contigo y Paloma –dije-  ambos estábamos ya excitados, y deseando comenzar la sesión de sexo.
Las chicas aparecieron desnudas indicándonos que teníamos los dos baños libres para ducharnos y asearnos.
Cuando salimos de la ducha, ya estábamos empalmados, y ellas en el dormitorio, con un plan preconcebido. Isabel se acercó a su marido, lo beso apasionadamente para después comenzar a hacerle una buena mamada.
Paloma puso su dedo índice en su boca indicándome guardara silencio, que observara y me dejara llevar.
―Cariño te voy a vendar los ojos para que puedas disfrutar al máximo, pero sin saber quién es, –Dijo-dirigiéndose a su marido.
Jorge asintió y se dejó hacer,  tenía los ojos vendados y su polla totalmente erecta. Isabel siguió haciéndole la mamada, hasta que le hizo una señal a Paloma para que se acercara, y la compartiera con ella, las dos bocas se alternaban pasando su lengua por el capullo y tratando de engullirla entera, cosa bastante difícil ya que la polla de Jorge mide 18cms medidos y es un poco gruesa, aunque no en exceso.
Yo, a poca distancia disfrutaba viendo la acción de las dos. Ante esa visión no pude evitar masturbarme suavemente, mientras Jorge, con los ojos vendados, gemía y suspiraba por las caricias que estaba recibiendo de mi mujer y la suya.
Paloma e Isabel cuchichearon algo entre ellas. Me miraron y Paloma, haciendo el mismo gesto con su dedo índice en los labios reclamando silencio, me indico que me acercara. Cuando estuve a su altura Isabel se arrodillo cogió mi polla se la introdujo en la boca y comenzó a hacerme una mamada como las que ella solo sabe hacer, y que a mí me vuelve loco. Paloma, nos miraba y hacia lo mismo con Jorge.
A continuación Isabel me dijo al oído en voz baja, que le encantaría ver cómo le chupaba la polla a su marido, Paloma asintió también levantando el pulgar. Sin oírlo ya sabía la petición que Isabel me iba a pedir, era evidente que se habían aliado para conseguir sus propósitos.
Mi mujer indico que me acercara y comenzamos a compartir los dos la polla de Jorge mientras Isabel nos observaba con lujuria. Comencé pasando la lengua por su capullo para después introducírmela en la boca, y chuparla imitando a su mujer, que nos miraba extasiada con una mezcla de incredulidad y placer.
Después de unos breves instantes, aparto suavemente a Paloma para ser ella la que compartiera conmigo la polla de su marido, la cogía con su mano para metérmela en la boca, o cogía mi nuca para acercarla a mi boca. Su excitación era más que evidente.
Mi mujer le ofreció su coño a Jorge para que se lo chupara, y sentada en su pecho lo acercaba a su boca que lo lamia con gusto, mientras, su mujer y yo, nos  alternábamos su polla para chuparla e introducírnosla en la boca. Estaba haciendo las delicias de Isabel al verlo.
Jorge seguía con los ojos vendados, gimiendo y disfrutando a la vez del coño de mi mujer que ya le había regalado varias de sus corriditas.
Isabel le hizo un gesto a mi mujer para que continuara ella chupando la polla a su marido.  Acto seguido, cogió la mano de su marido y la puso sobre a mi polla, instándole a que la cogiera, al principio hubo una débil resistencia, pero finalmente la cogió suavemente. Ayudado y guiado por su mujer comenzaron los dos lentamente a masturbarme. Isabel estaba totalmente excitada por la escena, y soltando mi polla dejo que Jorge siguiera haciéndolo solo.
Jorge estaba con los ojos vendados y totalmente excitado con mi polla en su mano masturbándome. Y  mi mujer  no había dejado de chuparle la polla.
Isabel, a su lado le pasaba sus dedos por los labios y después los introducía en la boca simulando una polla, que Jorge chupaba con vicio. La escena volvía a ser lasciva y viciosa.
Me puse de rodillas al otro lado de su cabeza, mi polla estaba a estallar, mire a Isabel pidiendo su complicidad. Le incorporo un poco la cabeza a su marido y acerco suavemente su boca hasta mi polla, sus labios cerrados chocaron con mi capullo, su mujer delicadamente con sus dedos fue entreabriéndolos para que yo pudiera introducir mi capullo entre ellos, la resistencia duro muy poco, de repente abrió la boca y mi polla se introdujo en ella, ya sin ninguna resistencia. Cuando esto ocurrió, Isabel totalmente excitada, no pudo evitar hacer el siguiente comentario.
―Cariño me encanta verte así –le dijo su mujer- fuera de si.
Fue el detonante para que Jorge, ya desinhibido, comenzara a hacerme una mamada  intensa, salvaje. El “vicio” y las ansias de placer nos embargaba a todos.
Isabel se masturbaba viendo como su marido chupaba e introducía mi polla en su boca. Mi mujer a su vez, lo cabalgaba entre gemidos. La excitación de todos era extrema, Isabel fuera de sí, animaba a su marido imprecándole.
―así, así cariño, sigue, sigue, sigue, sigue…
Jorge cuando la escuchaba aumentaba la intensidad de la mamada, lamiendo y chupando mi polla como nunca creí que pudiera llegar a hacerlo.
Durante un buen rato estuvimos disfrutando de este momento lujurioso y lascivo, hasta que no pudimos aguantar más.
Avise  que me iba a correr, e Isabel fuera de sí, me pidió que no sacara mi polla de la boca de su marido, quería verlo hasta el final, Jorge totalmente excitado por los comentarios de su mujer no opuso ninguna resistencia, más bien todo lo contrario. Descargue toda mi corrida en su boca, mientras Paloma lo cabalgaba salvajemente. Fue un momento de intenso y lujurioso placer.
Los fluidos de todos se descargaron casi al mismo tiempo, que yo descargaba los míos en la boca de Jorge.
Jorge y mi mujer también se corrieron  prácticamente a la vez. Había sido una sesión de sexo totalmente nueva, el fin de semana acababa de empezar con nuevas perspectivas.
Le quitamos la venda a Jorge que la había mantenido hasta el final. Isabel lo beso apasionadamente, diciéndole que se había portado fantásticamente, y que la había hecho disfrutar como nunca.
No hubo más comentarios, y algunas de las barreras que todavía quedaban cayeron por fin.
Nuestra lujuria, lejos de desaparecer,  aumento más si cabe solo con recordar las escenas que acabábamos de protagonizar. El nuevo escenario abría infinitas formas de disfrutar del sexo entre los cuatro. Nuestras mujeres estaban encantadas y súper excitadas, sobre todo Isabel. Nosotros también.
Fue precisamente Isabel, la que en unos cuantos minutos, volvió a iniciar una nueva sesión de sexo. Una vez más, la polla de su marido y la mía,  volvieron a disfrutar a la vez, de las delicias de su boca, haciendo que ambas recuperasen su máximo esplendor.
Esta segunda parte de la noche y lo que ocurrió al día siguiente lo contare en breve, para no hacer excesivamente largo el relato.
Unomas

domingo, 7 de febrero de 2016

Tetazas De Uso Público

Capítulo 1. LA PROPUESTA
Necesitaba descanso, cambiar la rutina diaria, el ajetreo de niños, colegio trabajo, comidas, casa. Era preciso hacer un break, desconectar, sentirme viva.
Fue mi marido quien sugirió escaparnos un fin de semana, su propuesta era interesante, quería enseñarme la ciudad donde fue a la universidad. Me pareció por fin conocería la ciudad donde había pasado una parte importante de su vida y dela que hablaba más bien poco.
Era un sitio precioso, lleno de monumentos, plazas con tradición, buenos sitios donde comer y lugares por los que pasear. Mi chico se destapo; me conto muchas y divertidas aventuras universitarias que alentaron mi curiosidad y sobre todo, descanso y recuperación de la relación de pareja que la frenética vida familiar descontrolaba.
Era la tarde del viernes y la dedicamos a pasear y visitar los lugares que habían formado parte de su vida estudiantil: su piso, su facultad, los bares,…
La ciudad no era grande pero resultaba encantadora. Cenamos muy bien y después estuvimos haciendo el amor como antes, cuando nada importaba más que nosotros. Quizá el efluvio de los tiempos pasados le proporcionaba vigor juvenil, y mis ansias de sumisión me acunaron en su virilidad toda la noche.
Al día siguiente me levante de un humor excelente, que se frustro cuando insistió en saludar alguno de sus viejos amigos. Desayunamos con uno de los empollones de la clase, vaya aburrimiento, hablaba y hablaba de trabajo y logros profesionales. Después mejoro, quedamos a tomar el aperitivo con Gabri, el típico golfete que le costaba sacar las asignaturas y siempre estaba envuelto en todas las fiestas conocidas.
Comenzó llegando 30 minutos tarde, dio un abrazo de oso, efusivo y alegre a su viejo compañero e invito a unas cervezas. Pero parecía alterado, muy pendiente del móvil y del reloj. Lleno de simpatía y buen humor contó antiguas historias universitarias y sus vivencias de los últimos años. Hizo del almuerzo un momento divertido, aunque yo prefería ir al hotel para estar con mi hombre.
Tomábamos el café, cuando una llamada incomodó a nuestro amigo, se levantó veloz apartándose de nosotros y tardo un tiempo en regresar.
-          Perdonar. Todo son problemas, dijo. Se lían las cosas y cuesta que salgan bien
-          ¿Qué pasa? Pregunto mi marido
-          Nada importante. ¿Por dónde íbamos?
-          Cuéntame que te tiene tan preocupado, cuando íbamos a la uni, siempre te sacaba de los problemas. ¿recuerdas?
-          Si, claro que me acuerdo, pero esto es más complicado.
-          No lo será tanto.
-          Es una tontada: Tengo una despedida de soltero de un primo mío y tengo que organizársela y mira me ha fallado el regalo, y la sorpresa.
-          ¿Qué sorpresa?
-          No es lugar de contarlo, por respeto a ella, dijo señalándome.
-          Por mi adelante, como si no estuviera, le dije deseosa de conocer más detalles.
-          Descuida, ella no se asusta.
-          El regalo era un montaje fotográfico y la sorpresa un striptease. Y todo se me ha complicado. El informático me ha dejado tirado y una de las chicas no puede venir porque está enferma o yo que sé que le pasa. Desastroso
-          Tranquilo ¿Tienes ahí el ordenador? ¿Están las fotos que quieres montar? Déjame
-          Si, aquí lo tienes. Voy yo a intentar resolver el otro asunto, me ha fallado la chica más importante.
-          ¿Importante? ¿Habías contratado a Salma Hayek? ¿Qué tenías previsto?
-          Una idea buenísima. No te importa que te la cuenta ¿Verdad? Me pregunto
-          No, tranquilo, cuéntalo. Quizá ella te de algunas ideas. Me sonrió mi marido al decirlo.
-          Bien. No quisiera que te molestaras
-          Venga, cuéntalo.
-          Bien. Le voy a llevar al novio tres stripers distintas, para que vea la diferencia entre una y otra antes de casarse. Atentos: una rusa rubia, de curvas perfectas, una mulata con un redondo y enorme culo y otra de tetas bien grandes.
-          ¿Y cuál es el problema? Es una idea divertida.
-          Pues que la chica de tetas grandes se ha puesto enferma o no sé qué historia le ha ocurrido y se me ha chafado la idea.
-          ¿No hay más chicas de tetas grandes en el mundo? Le pregunte socarronamente mientras note que dirigió la mirada a mis pechos que aunque iba sin ropa provocativa aquel día, era imposible esconder mi gran busto.
-          Eso, replico mi marido.  ¿No pueden mandarte a otra?
-          Eso estoy intentando con la empresa de strippers, pero no tienen lo que quiero. Quería que fuese una chica con unos buenos melones.
Hizo el gesto con las manos de manera exagerada simulando unos grandes pechos.
-          Algo fuera de lo normal, unos buenos melones, exuberante, que causara impresión al desnudarse. 
-          ¿Qué buscas un monstruo?
-          No, la cuestión está en la comparación, ir de un extremo a otro, una de las chicas es mulata, con un culazo enorme, tendrías que ver como lo menea.  La tetona tiene un punto erótico, desparrame de carne, que pueda tocar unas buenas tetas antes de casarse. Y el colofón: un bombón, de película, una autentica stripper, una rubia espectacular de las que quitan el hipo, esa me cuesta más que las otras dos juntas. Pero queremos que lo tenga todo el día de su despedida. (soltó una larga carcajada vergonzosa)
-          Pues te toca cambiar de plan o buscar a otra. ¿Has probado en los anuncios de prensa? 
-          Podría ser, pero he quedado con otro que quizá pueda conseguir lo que quiero. No tardare, ¿Me esperáis aquí?
-          No, iremos ahora a nuestro hotel, nos vemos allí
Iríamos a nuestra habitación y nos encontraríamos después. Mi marido trastearía el ordenador; es un auténtico manitas para estas tareas y en poco tiempo tuvo echa una presentación de fotos espectacular y yo algo aturdida y excitada por la conversación, dándole vueltas al atrevimiento de Gabri y lo bien preparado que quería tener todo.
-          ¿Siempre ha sido así tu amigo? Tan activo y nervioso
-          Si, siempre se encargaba de organizar las fiestas en la universidad, dedicaba más tiempo a eso que a estudiar, creo que no llego a acabar la carrera.
-          Por dios, que stress lleva. Si no soluciona lo de la chica le va a dar un infarto.
-          Y qué tal si lo ayudas tú.
-          ¡Pero, qué dices! ¿cómo podría ayudarlo? ¿Desnudándome delante de sus amigos?
-          Ya lo has oído. La chica que le falta es la tetona, y tú y yo sabemos que eso es lo que te sobra.  Además te clavo bien la mirada en las tetas en el bar.
-          ¿Tú crees? Me da un poco de vergüenza
-          Vamos mujer será divertido. Le diré que yo tengo que estar delante.
-          ¿Te gustaría verme bailar desnuda delante de extraños?
-          Sería muy morboso. Ver cómo te mueves y el novio se emociona al sobar unas tetas como las tuyas.
-          Pero ¿Cómo ponemos límites? No tendré que chuparla y cosas así ¿verdad?  Cuando el regrese, tú serás quien se lo diga; es lo menos que puedes hacer ya que es tu amigo, no mío, y le dices que yo solo lo hare porque tú me lo pides.
-          Seguro que sí, pero no te hagas ahora la inocente, se lo mucho que te gusta presumir tus atributos.
La verdad que me conoce más que nadie me encanta ir con ropa ceñida y marcar figura. Y exhibirme con él, no me daba miedo, ni era la primera vez que lo hacía.
Descansamos hasta que llego Gabri; estaba más tranquilo, y se puso muy contento cuando vio el resultado de la presentación fotográfica, brillante, excepcional, fueron su palabras. Sin embargo quedamos decepcionados cuando nos enteramos que había encontrado una tetona para el striptease. Ya habíamos imaginado lo morboso que seria.
-          Una pena que hayas encontrado chica, estaba dispuesta a ser yo tu stripper.
-          De verdad, pues no creas que me convence mucho la que tengo pero saldremos del paso. Muchas gracias, por el que detalle. Pero no te molestes aunque tienes unas tetas grandes las strippers son más jóvenes y tampoco eres muy alta para ser stripper.
-          Vaya con tu amigo, me está llamando vieja - enana - tetona,
-          No mujer, respondió Gabri sonrojado, eres muy atractiva, pero …
No acabo la frase y sonó el teléfono, se levantó y comenzó a gritar y maldecir. Cuando hubo acabado, se sentó, bebió un largo trago de agua y nos dijo: - Vas a tener que ayudarme. Le habían vuelto a fallar. Su siguiente alternativa, era yo.
-          Solo me quedas tú, dijo avergonzado
-          ¿La madura enana? Le insinué
-          ¿Puede hacerlo? ¿Por favor? ¿por favor? Te pagare el doble que iba a pagarle.
Mi marido y yo sonreíamos al verlo suplicar.
-          Te he dicho que sí.
-          Bien. Menos mal. Muchísimas gracias. ¿De verdad que no te importa? Gracias, gracias, gracias, muchísimas gracias.
-          Explícame qué tengo que hacer
Supuse que debido a la situación no sabía cómo pedirme ver el material antes del acontecimiento, dio varios rodeos hasta que se lo plantee yo.
-          Quieres verlas antes ¿Verdad?
-          Si fuera posible
Me abrí la camisa con disimulo la camiseta, no llevaba mi sujetador mas bonito, pero quedo impresionado al ver que se escondía debajo. Emitió un fuerte bufido y exclamo ¡Joder, que grandes!  
CAPITULO 2 EL STRIPTEASE
La velada sería en un restaurante con reservado y después de la cena, apareceríamos las strippers, tres chicas, la primera era una mulata de gran culo, se desnudaría, bailaría delante del novio moviéndole el culo en la misma cara y se sentaría en su rodilla.
Gabri me avisaría por el móvil cuando debía aparecer, haría lo mismo, moviendo las tetas delante de él, me las dejaría sobar y me sentaría en la otra rodilla.
Por último, aparecería una rusa despampanante que en cuanto se desnudara nosotras nos levantaríamos de sus rodillas y la chica se restregaría con el novio y lo sobaría por todas partes, si el novio quiere se la chupara y listo.
Os ponéis algo encima y salís del local por la parte de atrás. Estará todo preparado, hay un almacén justo en frente del restaurante que usaríamos para cambiarnos.
-          Así que mi papel es mover las tetas y dejarme sobar ¡Morbo¡
-          Menudo putón estas hecho, dijo mi marido. Yo mientras hecho un cornudo mirando.
-          Sabes que no, le dije mientras lo bese.
-          Vais a quedar alucinados de cómo las mueve.
-          Eso espero. Es importante que exageres el movimiento de los pechos, que se note.
Teníamos pocas horas para prepararnos y fuimos a comprar el disfraz y ropa interior atractiva.
Para ir de compras cualquier excusa es buena, y el centro comercial de la ciudad no era grande pero tenía un montón de tiendas interesantes, por  el camino iba pensando que disfraz usaría y en lo difícil  que  sería bailar para unos desconocidos y eso que contonearme es algo a lo que estoy acostumbrada a hacer con mi esposo.
-          ¿En qué piensas querida?
-          En lo que me pondré ¿Qué sugieres?
-          Bueno a mi sinceramente me gusta cómo te queda todo.
-          Que te parece si uso un disfraz de enfermera sexy recuerdas la última vez que lo hice para ti, te encanto y seguro que los invitados opinaran lo mismo
-          Es un clásico, seguro que no fallas.
Encontré un vestido claro de falda cortísima, que mostraba mis estupendos muslos, y una camisa en la que abrocharía solo tres botones y dejaría un escote muy sugerente. La tela se trasparentaba un poco así que probé varios sujetadores y aunque me gusto uno blanco de encajes a juego con un minúsculo tanguita, mi marido prefirió uno que me levantaba los pechos, lo vi poco estético pero fue mi esposo quien me convenció de lucir muy exagerada. Más que de enfermera era de tenista y mi marido compro una raqueta de juguete que me iba a abrir muchas posibilidades para el baile.
Paso la tarde entre juegos en los probadores, imaginando cómo debía comportarme durante el espectáculo, calentándonos en cada momento, tanto que lo hicimos varias veces al volver al hotel.
Revoloteo mi estómago cuando llamo una de las chicas. Pasarían por mí a las 22:00. Los nervios me comían, dormí un poco y fue marido quien me despertó. Me recogieron en un Ford blanco muy puntuales en su paso por mi hotel; eran guapas y jóvenes, me sentí mayor a su lado, Gabri tenía razón, era una madurita en territorio extraño. Note miradas cómplices en ellas y medias sonrisas, aun así su trato fue impecable, cariñoso y comprensivo, creo que detectaron mi nerviosismo e intentaron transmitirme tranquilidad.
-          Tú muévete como lo harías para tu chico. Los hombres se vuelve locos cuando están en una despedida de soltero.
-          En esta si pueden tocarnos, han pagado por ello. Pero pon los límites que quieras
-          Yo si no pagan más, nada de nada, dijo la rubia.
-          Ok, no estoy dispuesta.
-          Tu ten claro que te sobaran el pecho
-          Imagino, con ese tetamen que me dio el señor, seguro.
Fuimos directamente al restaurante, era un sitio sencillo, con una barra llena de comida y camareros corriendo de un lado a otro, estaba lleno a rebosar, la mulata se acercó a la barra y dijo que éramos las del striptease, el hombre que parecía el dueño, un gordo bigotudo con la camisa manchada, nos miró de arriba abajo: “¿Vosotras sois las putas? Estáis muy buenas”
Nos hizo seguirle a un almacén en calle paralela al restaurante, allí nos comentó que nos cambiaríamos y cuando estuviéramos listas solo tendríamos que cruzar la calle para entrar por la parte de atrás donde estaba el reservado con la fiesta.
El hombre permaneció callado unos segundos, como esperando algo, le dijimos que se fuera entonces alargo la mano y palmeo el culo a la rusa, que le respondió con un insulto en su idioma, al que respondió con: “- Animo chicas, que no os follen mucho” y una falsa carcajada.
-          No te preocupes, cielo, son todos iguales de idiotas, se creen que porque pagan tienen derecho a todo. Tú, tranquila, a lo nuestro, nos quitamos la ropa, meneamos el culo, conseguimos unas buenas propinas y a casa.
-          Espero que sea tan fácil como dices.
-          No hay nada que temer, tú les meneas dos veces en la cara esas tetazas y se quedara hipnotizado, añadieron entre carcajadas.
-          Si yo tuviera esas tetas seria la reina del club.
-          A vosotras no os hace falta tener las tetas grandes, aquí soy yo la que tendría que envidiar, tenéis unos cuerpos muy atractivos.
-       ¿Hacéis esto con frecuencia? ¿Siempre se mantiene el control? Me da un poco de miedo saber que todo pueda salirse de mis manos con los invitados.
-       Tranquila como te dijimos antes tu solo relájate y disfruta del baile y veras que todo saldrá bien que con esas tetas seguro vas a atraer mucha atención.
-       Y si no te pagan no des más.
Me extraño ese último comentario, pero estaba tan nerviosa que me entraron ganas de hacer pis y tuve que buscar un rincón del repugnante almacén para hacerlo, manche el tanga y solo me quedaba mi otra braga, pero no era atractiva. ¿Qué hacer?  Si usaba la otra braga perdería atractivo mi atuendo así que decidí no ponerme nada, al fin que eso le daría más morbo a mi actuación.
-          Hay que venir meada de casa, cielo.
Nos llegó el mensaje de Gabri, era el momento, la mulata entró la primera, llevaba un vestido arabesco tipo mil y una noches. Movió sus caderas antes de entrar:- Allá voy. Suerte chicas.
El tiempo hasta me anunciaron mi turno, me pareció larguísimo; me retocaba la ropa, me ajustaba los pechos, repasaba mi excesivo maquillaje, y me volvía a hacer pipí.
-          Tranquila. Solo serán un grupo de hombres deseosos de juerga y vernos desnudas. Casi nunca pasan de decirnos de todo, gritar y animar al novio. Es fácil manejar la situación.
-          Como dijo ella que si pagan hacéis algo mas
-          Pues si te dan una propina, te dejas tocar el culo. Si no, ni se te ocurra. Mirar y callar. A nosotras nos pagan por que nos desnudemos y nos restreguemos con el novio, el único que puede sobarnos es él y se acabó. Venga que te estarán esperando
Salí del almacén y cruce la calle desierta, mi reflejo del restaurante era precioso, estaba estupenda, iban a enterarse de lo que era un striptease, pensé. Acomode mis pechos en el sostén, sobresalían por encima de la bata queriendo escaparse, y sin más, valiente y decida, entre al local. Una canción de Taylor Swift me recibió junto con los gritos de los más de 15 hombres, medio borrachos, cantando y aplaudiendo.
Habían apartado las mesas y me dirigí, moviendo las caderas exageradamente, hasta el centro donde el novio estaba sentado
Desde que entre había un enorme ruido, chillidos, aplausos, murmullos, los más atrevidos gritaban ¡que tetas! ¡Vaya melones! Esa fue la señal clara de que mi entrada fue muy bien aceptada, comencé a bailar muy sensualmente quitándome la poca ropa que llevaba despacio, moviéndome lo mejor que sabía, primero la camisa, que todavía les exalto más, solo me quedaba el sujetador, vociferaron como nunca cuando me solté el sostén y las deje caer. Quizá tenía que haber sido más misteriosa y haberlos ocultado más tiempo, pero los nervios por agradar me hicieron dejarlos a la vista pronto, comencé sobármelas, ponía mi raqueta de juguete entre ellas, arqueaba mi espalda para que las vieran colgando mientras metía el mango en mi boca.
Me sentía potente, dominadora, todos mirándome mientras magreaba mis pechos para los espectadores, - ahora a por el novio, pensé. Con paso firme me dirigí muy lentamente hacia el al tiempo que me quitaba la falda.
-          ¡No lleva bragas! Esta viene preparada para la guerra.
-          Vaya chocho. Ese me lo voy a comer yo.
-          Ese culito que no pase hambre
-          Mira la mama como se mueve.
-          Pequeña pero tetuda. Me gusta.
Sentí una inesperada confianza cuando me dirigí hacia el novio, estaba totalmente desnuda frente a un montón de desconocidos, y no sentía vergüenza alguna, al contrario, la bienvenida que había recibido me hizo sentir orgullosa de mis atributos, mis tetas habían sido mi mejor carta de presentación, frente a la otras chicas.
Fue un momento de algarabía, ruido por todas partes, gritos, palabrotas, estaban encendidos, algunas palabras eran desconocidas para mi.
-       Menuda MILF me has buscado, le dijo el novio a Gabri, que sonrió. Me encanta.
-       Esta es pequeñita, pero tetona. Vaya diferencia.
-       Una con exceso de culo y otra con exceso de tetas.
-       Dale caña a esas tetas. Tu mujer no las tiene así.
-       Si, aprovecha. Que no vas a tener una iguales para ti.
Me senté sobre él, y directamente me tomo suavemente por la cintura, coloco una de sus manos en mi pechos a lo cual me resistí un poco, pero veía en la mirada su deseo, le sonreí y abrí mis brazos, se lanzó directo a ellos, note su inexperiencia; nunca había tenido unos pechos como los míos entre sus manos, era inexperto en el manejo, sus tocamientos eran torpes, descontrolados, un novato. Me las estrujaba y me susurraba al oído obscenidades.
-       Ven aquí pequeña. Que tetas tan grandes tienes. Hay algo que se me antoja hacer contigo.
-       ¿Qué es eso que quieres hacerme?
-       Me gustaría sacármela y ponerla entre tus grandes pechos debe sentirse genial que te masturben con unos pechos como los tuyos.
-       A no de eso nada puedes tocar todo lo que quieras pero de ahí no pasaras, disfruta del momento y de lo que tienes en tus manos.
Acató perfectamente mis órdenes, pero no tardo pues de inmediato note como metía su mano entre mis piernas, y al no traer la tanga pudo disfrutar sin problemas de mi coñito que por la emoción y los sobeteos que estaba recibiendo comenzaba a ponerse húmedo.
Me encontraba recibiendo la manoseada de mi vida, me gustaba mucho la manera tan morbosa en que me tocaba mis tetas, sentir unas manos nuevas siempre es una sensación muy agradable, el saber que mi cuerpo provoca tanto deseo me excitaba mucho y mi cuerpo me delataba fácilmente ya que al tener su otra mano metida en mi coño, estaba disfrutando, todas esas sensaciones no las cambiaría por nada.
Gabri y mi marido disfrutaban del espectáculo y aunque no eran ellos los que me tocaban gozaban gratamente de la manera en que el novio me metía mano sin recato alguno.
Cambiaron la canción y apareció la rusa, vestida de gata, todos quedaron estupefactos, era una chica realmente atractiva. Nosotras nos levantamos y nos pusimos al lado del novio, bailando al compás de la música, movía mis pechos buscando la atención, cruce la mirada con mi marido que me guiño un ojo, yo le sonreí y le mande un beso. Pero la rusa centraba toda la expectación cuando se quedó en tanga.
El novio estaba muy impresionado mirando cómo se contoneaba desnuda y venía a restregarle el culo en el paquete y le dejaba tocar sus perfectas tetas operadas.
-          Tiene que chupársela, dijo un hombre de pelo blanco mayor
-          No eso no está incluido, solo el striptease. Dijo Gabri.
-          Si no está incluido, se paga. Y saco un billete de 50 € que puso en el tanga de la chica.
Se montó una gran algarabía, todos gritaban: “¡que la chupe, que la chupe!”. La chica pidió unos euros más y enseguida le cayeron tres o cuatro billetes de 20 € que coloco en su tanga antes de arrodillarse, fue cuando me di cuenta que estas chicas eran algo más que meras strippers.  Nunca había visto como se la chupaban a alguien en directo, me quede más atrás observando al tiempo que el hombre del pelo blanco le decía algo a la mulata y le daba dinero, después ella se acercó a mí.
-          Cuando acabe, tienes que hacerle una cubana. Mira lo que hay para ti.
Todos se acercaron a ver la felación, al novio le costó que se le pusiera dura, pero los suaves lametones de la rusa, lo pusieron a tono enseguida.
De pronto note como un par de manos me tocaban el culo, me volví extrañada, eran un par de chicos uno por cada lado que no tardaron en meter mano a mis pechos
-          Tienes unas tetas enormes.
De pronto emergió un grito unánime: ¡Con las tetas, con las tetas! Las miradas se volvieron hacia mí.
No me lo esperaba, fue tan rápido, mire a mi marido que me hizo un gesto con la cabeza de que fuera, el público pedía mi intervención, después de ver como aquella chica se la chupaba al novio en mi mente pensaba que cada una tiene su especialidad, en mi caso era proporcionar placer, asi que me puse de rodillas y  tome entre mis manos el instrumento del novio y comencé a masturbarlo suavemente el novio estaba muy excitado.
-       Al fin te tengo donde quería vamos déjame ponerla entre tus tetas sabes que lo he estado deseando toda la noche.
Lo mire con una sonrisa pícara y de inmediato escupí entre mis tetas ni siquiera tuve que pedírselo el rápidamente coloco su  miembro en mi profundo canalillo yo solo apreté las  tetas pues fue el quien comenzó a moverse de manera rápida
Los gritos aumentaron ¡si vamos follale esas tetazas que tiene!
Al ver como se deslizaba entre mis tetas podía sentir el placer que el novio estaba recibiendo, en ese preciso momento pensaba en lo mucho que me gusta ver a los hombres disfrutar de mis tetas.
Por la rapidez con la que se movía el novio entre mis pechos era fácil adivinar que se correría muy pronto y creo que esa era su idea pero para su mala suerte   alguien me pidió que me detuviera.
Me aparto la mulata y pare de masturbarlo, la morena le coloco el condón con la boca, con gran habilidad, evidentemente no era la primera vez que lo hacía, más que strippers estas chicas eran prostitutas, se sentó sobre él y se clavó la polla. Todos volvían a gritar, la chica restregaba el culo despacio, en un movimiento que nunca había visto, parecía comerle la polla con el coño.
Ese cambio tan repentino me molesto un poco pues no me dieron el tiempo suficiente para hacerlo disfrutar, aunque dentro de mí sabía que yo no era la única chica presente y todas tenían que participar. Por otra parte no me desagrado para nada el giro tan repentino que dio el evento, se suponía que solo teníamos que bailar pero lo cierto es que yo jamás puse ninguna resistencia para llegar a algo más.
Yo me aparte confusa ante el alboroto y busque con la mirada a mi marido, estaba cerca del novio sin perder vista del acto sexual.
CAPITULO 3. ¿SEXO?
Por detrás note que alguien me agarraba las tetas y ponía su paquete en mi culo.
-          Vaya tetazas tiene la MILF
-          Me encantan las maduritas. Ha sido una buena idea Gabri.
-          A mi este tipo de tetas me gustan para hacerme una buena paja.
Era uno de los chicos más jóvenes, que se restregaba su entrepierna en mi culo, notaba como su bulto duro se abría paso entre mis nalgas. Otros dos que lo vieron se acercaron a mí y entre los tres comenzaron a sobarme por todas partes y a decirme lo buena que estaba y lo grandes que eran mis tetas, tenía sobre mi tres pares de manos recorriendo mi cuerpo, alguno me agarraba la mano y la llevaba a su paquete, estaban salidos, duros. De pronto note que uno se la había sacado y me la ponía en la mano. Nunca escuche que se pudieran decir tantas cosas sobre unas tetas.
-          ¿Te has dejado a los niños en casa y te has venido a pasar el rato?
-          Pues aquí te lo vas a pasar bien, añadió otro mientras se sacaba el pene y buscaba un trozo de mi cuerpo donde restregarlo.
De pronto note como alguien me inclinaba la espalda y me intentaba separar las piernas, eso solo quería decir una cosa, me la iban a meter.
-          No, no follar, no yo no soy una puta
Me sentaron en una silla y vi como un par e pollas se acercaban a mi boca. Mientras nuevas manos recorrían mis pechos, aquello se había desbocado
-          Vamos zorra una chupadita
Alguien llego y los paro, era Gabri
-          Vale ya, esto es para el novio, no os emocionéis.
-          Joder Gabri, por lo menos que nos haga una cubana.
-          Yo creo que los que queráis cubana os ponéis en fila y ella las va haciendo, pero rapidito. Me quede muda cuando me di cuenta que era mi marido el que lo decía.
-          Pero yo quiero follarla.
-          También, todo a su tiempo.
-          Pues una buena cubana no estaría mal.
-          Hazte la cubana y yo luego me la follo, venga deprisa.
No voy a negar que me tomo por sorpresa escuchar a mi marido decir eso pero me tranquilizo el saber que él aprobaba mi comportamiento, así le sonreí y le guiñe un ojo.
Tenía a 3 chicos calientes buscando disfrutar de mis tetas, todo ese morbo me gustaba mucho pues jamás había tenido tantos hombres a mi disposición, aunque sabía perfectamente que no les permitiría llegar al sexo conmigo así que lo menos que podía hacer para calmarlos un poco era hacerles una cubana que bien que las sé hacer muy bien.
-          vamos hombre ven aquí 
Tome un poco de líquido del vaso del primer chico y lo puse en mi canalillo y con mi mano lo extendí muy bien,  de inmediato fue corriendo a ponerlo entre mis tetas, no perdí detalle de su  rostro, reflejaba mucha excitación.
-          Vamos zorrita déjame follarte esas tetazas que tienes ¡dios sí que son grandes!
-          Tranquilo no son necesarios los insultos solo disfruta.
En esta ocasión era yo quien movía mis tetas para darle mayor placer, apenas calentábamos calentando cuando otro de los chicos reclamos su torno.
-          ¡Vamos a un lado voy yo! Quiero sentir esas tetas
Le sonreí a mi segundo invitado y de igual manera comencé mi trabajo, el miembro de este chico era un poco más pequeño y parecía desaparecer entre aquel canalillo.
-¡ si si pero que tetas tan ricas tienes  si que son ideales para las cubanas sigue no pares
Luego de unos minutos llego el turno del ultimo interesado, por ahí  dicen que “el que ríe al último ríe mejor” y creo que esta conocida frase aplico aquí. Una vez que aparto al segundo chico me tomo de la mano y me levanto de aquella silla.
-          Uno de ellos le dijo, ¿pero que haces? a donde la llevas no que querías una cubana?
Me llevo hasta un sillón que se encontraba en aquel lugar.
-          Recuéstate hay quiero follarte esas tetas pero como se debe.
Me pude dar cuenta rápidamente que este chico era alguien muy decidido, yo solo acataba sus órdenes. Esta vez fue el quien escupió en mi canalillo y seguidamente coloco su enorme miembro entre ellas posicionándose encima mío y apoyándose sobre aquel sillón.
De manera suave comenzó a moverse, primero fueron movimientos lentos y poco a poco fue aumentando el ritmo.
Todos asombrados solo admiraban como le hacía aquella cubana soñada
-          Me gustan tus tetas me encanta ver como se resbala mi verga en tus pechos chupa la punta cuando salga hazlo.
Sin duda aquellas peticiones parecían órdenes, pero lejos de molestarme todo eso me gustaba pues demostraba claramente mucha seguridad.
-          Me encanta follarte las tetas esto es la gloria
Acaba de decirme eso cuando sentí como se corría entre mis tetas me baño por completo, gritos y aplausos se escucharon alabando aquella corrida descomunal.
-          Lo ciento hacía tiempo que buscaba hacer esto con alguien que tuviera una tetas como tú.
-          Bueno las disculpas no me sirven ahora pero que corrida has pegado
Mi marido se acercó a mí con unas servilletas y me  dijo algo al oído
-          Lo has hecho perfecto me encanta verte usar tus atributos mira que empalmados has puesto a estos chicos.
Era una máquina de hacer cubanas y aunque la mayoría estaba más pendiente de las otras chicas, yo tenía mi público, que entraba y salía.
Llego otro de los chicos que venia de ver como se follaban a las otras y al acabar el que tenía entre mis tetas, me levanto, me dio la vuelta y dijo
-          Aquí hemos venido a follar
-          Pero a mí me gustan las tetas, eso está bien pero estas están aquí para follar.
Me puse nerviosa, no iba a permitir que me follaran esta panda de bestias, lo de las tetas resultaba divertido, pero no iba a dejar que me la metieran.
Lo que más me sorprendió fue que mi marido no hiciera nada, Gabri fue el único que intervino e intento disuadirlos, pero estaban empeñados.
Mientras se ponían de acuerdo entre ellos por ver quién sería el primero en utilizarme, me escabullí entre las mesas y salí a la calle, era una noche agradable y no había nadie en el pequeño callejón, cruce al almacén y estaba cerrado. ¿Qué iba a hacer?
Me encontraba desnuda y no quería volver dentro, vi como alguien salió del restaurante y me grito: “no te vayas, que ahora viene lo bueno”.
Corrí calle abajo entre lágrimas, sujetando mis pechos que se movían alborotados por la carrera.
 
Por: Paty1313

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los compañeros de papá me cosieron a pollazos

Mi papá solía traer a nuestra casa a muchos de sus compañeros de trabajo, tras un día arduo en la oficina, para beber y pasar el rato. A mi hermano Sebastián le saludaban como si fueran colegas de toda la vida: chocaban los cinco, le preguntaban cómo le iba con sus conquistas y comentaban sobre su equipo de fútbol. Pero a mí en cambio siempre me trataban con mucho respeto, imagino que era así porque mi padre estaba allí.
Pero en una tarde me fui al baño para darme una ducha. Cuando terminé me di cuenta que no llevé conmigo mi bata, por lo que tuve que salir con una toallita muy pequeña remangada por mi cintura y con un brazo cubriéndome las tetas. Me topé con uno de sus amigos que quería entrar en el baño. Me miró de arriba para abajo sin mucha vergüenza, yo no sabía dónde meter mi cara porque estaba coloradísima.
Me dijo con una gran sonrisa:
-Hola Rocío. Soy el señor López, el jefe de tu padre.
Su propio jefe nada más y nada menos, pero yo no le hice mucho caso, me fui a pasos rápidos de allí pidiéndole disculpas.
Un par de noches después, mientras yo estaba hablando con mi novio por el móvil, ese mismo hombre entró en mi habitación. Fue muy rápido, se disculpó y dijo: “Así que aquí es tu habitación, yo estaba buscando el baño, perdón Rocío”. Y cerró la puerta inmediatamente. No le di mucha importancia pero más tarde entendería su extraño actuar.
Una tarde me fui a la casa de una amiga, y cuando volví, ese mismo señor me esperaba cerca de la entrada de mi casa, apoyado en su lujoso coche y con una tarjetita en su mano. A mí me daba mucho corte mirarle a los ojos.
-Hola señor López. ¿Vino con mi papá?
-No, Rocío, he venido por mi cuenta.
-¿Y por qué?
Yo me aparté un poquito para entrar en mi casa pero él me cerró el paso.
-Tu papá va a perder el trabajo a manos de un muchacho más joven y activo. ¿Lo sabías? Por eso nos ha estado invitando a su casa, para mostrarnos cómo se las arregla solo, con un hijo que pronto comenzará la universidad y una hija muy preciosa que comenzará ya su segundo año de la facultad.
-Eso es terrible, señor López. ¿Y por qué me lo cuenta a mí?
-Porque si tú quieres, puedo hacer que tu padre no solo siga en la empresa, sino que suba de puesto.
-¿Si yo quiero?
Me pasó su tarjetita y dijo que me esperaría con otros hombres en un departamento ubicado en el centro de Montevideo. Yo me quedé muda, arrugué la tarjetita y le solté un sonoro bofetón. Le grité un montón de cosas y me daba rabia que ese pervertido no borrara nunca la sonrisa de su cara. No quise armar más escándalo porque tengo vecinas chismosas y repelentes que ya estaban mirando el show que monté.
Esa noche discutí con mi papá al respecto, en su habitación, porque no quise que mi hermano escuchara. Me lo confesó todo, que su puesto apeligraba porque una persona que comenzó como auxiliar terminó escalando puestos y amenazaba con quitarle su lugar en la gerencia administrativa. Obviamente mi papá no sabía que su jefe me hizo una propuesta indecente, eso sí que le iba a enfurecer y ahí se iría al traste todo.
Le vi tan triste y preocupado, así que decidí abrazarlo y quedarme a dormir con él para tranquilizarle un poco. Me dije para mí misma que yo iba a hacer lo posible para salvar a nuestra familia, que iba a hacer un sacrificio y aceptar la propuesta indecente.
Al día siguiente le llamé a su jefe y tuve la conversación más surreal de mi vida:
-Hola señor López. Soy Rocío.
-Hola putita.
Me quedé cortada por unos segundos, vaya maneras del señor.
-Voy a irme esta noche al edificio que me dijo… Lo haré por mi padre, por mi familia, usted esta noche tendrá mi cuerpo pero nunca mi alma.
-¡Pfff! Me da igual, putita, la verdad. Ve junto a la señora Rosa en la portería a las cuatro de la tarde. Y trae unas almohadillas, que vas a pasar mucho tiempo de rodillas, ¡jajaja!
-Imbécil, no le da vergüenza hablar así.
-A las putas las hablo como quiero. Y tú eres una putita muy preciosa, cuando te vi salir del baño me dejaste muy caliente. Tengo unas ganas de ponerte de cuatro y reventarte el culo hasta que llores, marrana.
La verdad es que me calentó un poco pues de siempre he fantaseado con el sexo duro, pero nunca lo he admitido por temor a lo que diría mi novio, que seguro lo terminaría contando a sus amigos, que yo le conozco bien al cabrón. Y si bien con mis amigas soy muy abierta, hasta ese punto no llego. Así que dentro de mí, la cosa se puso algo ardiente. 
-¡Marrano usted, viejo verde!
A la tarde me “preparé”. Es decir, me puse ropa holgada, me despeiné adrede, nada de maquillaje y hasta incluso me comí una cebolla entre lágrimas para que esos perros no disfrutaran nada conmigo. Llevé mi carterita con tan solo mi móvil y la camiseta de Peñarol de mi hermano, que si en ese edificio iban a llenarme de semen, qué mejor trapito para limpiarme toda que ese pedazo de tela de odiosos colores.
Envié sendos mensajes a mi papá y a mi hermano. Al primero le escribí: “Papi te amo un montón, no te preocupes por el trabajo que seguro lograrás demostrarle lo que vales. Voy a dormir en la casa de Andrea. TQM”. A mi hermano le envié: “Subnormal, ojalá te mueras”. En el fondo quiero mucho a mi hermano Sebastián y seguro que él lo sabe, pero no sé por qué me resulta más fácil insultarle antes de admitir que tiene un lugar en mi corazón.
Cuando llegué al edificio tras abordar un taxi, me quedé sorprendida: era de lujo y para colmo mi pinta no congeniaba con ese lugar repleto de hombres trajeados y mujeres con vestidos carísimos que me miraban por sobre el hombro. Por suerte la señora Rosa vino rápidamente hasta mí y me agarró del brazo para llevarme a uno de los baños para funcionarios.
-Así que tú eres la putita que va a hacerle la fiesta a esos hombres.
-No soy ninguna putita, me llamo Rocío.
-¡Joooo! ¿Pero y ese aliento que tienes, querida? Y menudas pintas tienes, no sé qué vieron en ti. Por suerte me han pagado para que te arregle un poco…
Me dijo que me quitara las ropas porque ella me iba a dar una ducha, yo le dije que eso lo podría hacer yo sola y en privacidad. La mujer me dijo que eso iba a ser imposible, porque le pagaron muy bien para asegurarse de que yo estuviera en condiciones, y que si me negaba, iba a traer a los de seguridad del edificio y entre ellos me iban a forzar a bañarme.
No tuve mucha opción realmente, me quité las ropas holgadas y me metí bajo la tibia ducha. Ella se encargaba de mirarme con los brazos cruzados y la mirada maliciosa. Me decía “Límpiate allí, te falta allá”, etc. Luego se soltó más y empezó a tirar dardos: “Qué lindo chochito tienes, ¿no te gustaría depilarlo?”, “Ese culito seguro que es apretadito, tras esta noche no vas a poder sentarte durante una semana, jajaja”.
Luego de la ducha, me dijo que me apoyara contra la pared y pusiera mi culo en pompa. Yo lo hice pero la verdad es que tenía muchísimo miedo, pensé que ella iba a tocarme, darme nalgadas o alguna perversión similar, pero no fue así:
-¿Rocío, ya practicaste sexo anal?
-No, Señora Rosa...
-Sé sincera, nena.
-Diosss… la verdad es que ya puedo aguantar hasta cuatro dedos, pero no más… ¿Por qué?
-Ay, por favor, como si fuera que no lo sabes.
Introdujo en el ano su dedito, hizo unos círculos allí para ensanchar un poquito pero yo aguanté, me mordí los labios y arañé la pared. Luego metió una manguerita especial y me dijo que me iba a limpiar el culo porque esa noche iba a debutar por detrás. La hija de puta me llenó las tripas tres malditas veces, yo parecía una embarazada de lo llena que me dejaba. Tenía unas ganas de metérsela yo misma en su trasero para que sintiera el mismo martirio que yo.
Cada vez que tenía las tripas llenas, debía evacuar en el inodoro como proceso de limpieza. Y así, a la tercera ocasión, ya solo salía agua limpia de mi culo. Yo estaba rojísima, fue súper humillante y cuando todo acabó pensé que por fin terminó lo peor de la noche. Pero qué burra fui al creer eso.
Le dije que me dolía la pancita pero me respondió que pronto me pasaría. Me mostró luego un trajecito de mucama francesa, me dijo que ese iba a ser mi uniforme, era demasiado corto y me desesperé. Me pidió que me tranquilizara y me sentara en el inodoro, porque iba a maquillarme. Arregló mi cabello en una coleta y le introdujo pernos de pelos con terminación en forma de rosas rojas. Me delineó los ojos con color negro para resaltar mis ojos café, delineó también mis labios con un lápiz rosa pálido y así coloreármelos con un labial del mismo tono. Cuando me vi en el espejo me quedé muda, yo lucía preciosísima, como una actriz de cabaret… lástima la ocasión no era la mejor de todas.
Me puso el collarcito de cuero, era bastante cómodo pues el interior estaba acolchado. Me ayudó luego a ponerme unas medias de red que llegaban hasta medio muslo, sin liguero. Y llegó lo peor, el trajecito de mucama: era de corsé, se iba a tardar su tiempo cosérmelo. Y por lo que se veía, era demasiado revelador, empujaría mis tetas para lucirlas en todo su esplendor, y por otro lado ni siquiera llegaría a cubrirme la mitad de mis muslos. Para colmo no iba a llevar ropa interior, nada de nada, con tan solo inclinarme ya se podía apreciar mis nalguitas y mi coño, fue demasiado vergonzoso al comprobarlo frente a un espejo.
Y así llegó por fin las ocho de la noche, mientras yo trataba de luchar contra esos malditos tacos altos, con la Señora Rosa sentada y fumándose un cigarrillo mientras me aconsejaba.
-Luces muy bien, Rocío. Estás perfecta, nada que ver con la campechana que eras hace unas horas.
-Señora Rosa, tengo miedo.
-¿Ah, sí? Pues no tienes por qué. Relájate, querida. Sírveles el champagne, los bocaditos, muéstrales tus encantos. Por lo que sé te van a pagar muy bien.
-Sí, un montonazo de dinero –mentí. Por lo visto ella no sabía que todo era un chantaje.
-¿Ya terminaste con el caramelito de menta? ¡Ese aliento era terrible!
-Sí, ya está todo, joder…  
Me acompañó hasta el elevador, y antes de que se cerrara la puerta me dijo que todo lo que yo necesitaba estaba en el bar de ese departamento al que iba: la bandeja, las bebidas, las copas, los bocaditos… y los condones también estarían ahí. Con las piernas y manos temblándome, presioné el botón del último piso. 
Cuando llegué y entré en la habitación que me indicaron, vi a ocho hombres maduros y trajeados en sillones que formaban un enorme círculo. En el centro había un colchón y un par de cámaras en trípode. La verdad es que por un momento pensé en salir corriendo de allí porque no me esperaba tanta gente pero me armé de valor por mi papá y nuestro futuro.
Todos y cada uno de esos hombres me comían con la mirada, murmuraron mucho cuando yo avanzaba hasta el bar para coger la bandeja. “¿Ella es la hija de Javier? Joder”, “No te puedo creer, Señor López, pensé que nos estabas mintiendo”, “Vamos a pasar una noche de lujo, por lo que se ve”. El Señor López carraspeó para silenciarlos a todos y me llamó:
-Oye, putita, ven aquí que te quiero presentar a los muchachos.
-No me vuelva a llamar putita, marrano.
-¡Es brava la nena! –dijo un señor.
-Así me gustan las mujeres, seguro es toda una guerrerita en la cama también.
-A pollazos te vamos a cambiar la actitud, Rocío, ¡jaja!
El señor López me ordenó que me sentara en su regazo. Yo estaba coloradísima y miraba solamente al suelo mientras ellos hacían comentarios obscenos acerca de mis tetas y mis piernas. Empezó a meter su mano bajo mi corto vestido de mucama. Gemí como cerdita cuando sentí sus enormes dedos jugar entre mis labios vaginales.
-Estás húmeda, putita.
-Ughhh… diosss… eso es porque me he dado una ducha, imbécil…
-¡Jaja, qué marrana es, cómo le gusta!
-¡Qué linda mucama tienes, pero parece que no tiene modales para hablar!
-No te puedo creer, Don López, si mi señora me pilla…
El señor dejó de manosearme: -Bueno, Rocío, me alegra tenerte aquí con nosotros. Quiero que empieces a servir los bocaditos y la cerveza, que ya va a comenzar el partido entre Peñarol y Nacional, ¡el superclásico! Sé buenita y nosotros vamos a portarnos también bien contigo.
-Está bien señor López –dije tratando de no gemir más porque el infeliz fue muy bueno tocándome y dejándome encharcada. Seguro que los demás podían ver en mi carita viciosa que aquello me gustaba, pero no les iba a dar el gusto de decírselos.
Me ordenó levantarme y que comenzara a trabajar. Me dirigí al bar y comprobé que, como Rosa me dijo, ya había bocaditos listos para ser cargados en la bandeja. Miré a los hombres y estos ya observaban la previa del juego por la TV, sonreí y aproveché para escupir en algunos sándwiches, con toda la rabia del mundo.
Al principio ellos estaban muy concentrados en la transmisión, así que realmente solo fue servirles cerveza y los bocaditos. Algunos que otros me daban cachetadas en el culo y me decían guarradas cuando estaba cerca, pero se nota que el fútbol corre por la sangre de los uruguayos porque aparte de eso, no me hacían mucho caso.
Todo comenzó a desmadrarse cuando terminó el primer tiempo. Un maduro muy gordo me pidió que me sentara en su regazo. Nada más sentarme, me metió mano y me hizo una fuertísima estimulación vaginal con sus expertos dedos, yo por un momento me dejé llevar, cerré los ojitos y gemí. Me gustó tanto que perdí el control de mis manos y la bandeja se cayó, con los bocaditos y alguna copa.
-¡Esta putita se corre rápido, Don López! Le falta más experiencia –dijo haciendo que sus dedos vibraran más y más fuerte dentro de mí.
-Ughhh… cabrónnnn… suficienteeee…
-Joder con la nena, es muy bocona. Sé obediente y recoge lo que has tirado…
-Ufff… sí señor –dije arrodillándome en el suelo para recoger lo que se había caído. Tenía que tirarlos al basurero pero buscaría una forma de servírselos de nuevo sin que se dieran cuenta.
Pero mientras recogía, el gordo tomó de mi collar y me atrajo hasta sus piernas, agarró mi mentón y me ordenó que abriera la boca porque me iba a dar de tomar cerveza. Vació media latita de cerveza que apenas pude tragar. Con los ojos cristalinos, con algo de la bebida escurriéndoseme de la boca y algo mareada, traté de reponerme pero él me sostuvo del hombro:
-Oye, putita, ¿de qué club eres?
-De Nacional, señor… pero no soy fanática…
-¿Sabes que mi señora no entiende una mierda del fútbol? Una vez festejó gol cuando la pelota se fue al lateral… ¡jajaja! Pero tú entiendes, ¿no?
No creo que le importara mucho mi respuesta porque metió mano entre mis tetas y empezó a magrearlas descaradamente. A mí me dolía un montón porque se notaba que era un bruto. Uno de sus amigos se levantó del asiento y, colocándose detrás de mí, levantó la faldita de mi vestido para revelar mis carnes:
-Hace rato que no tenía frente a mis ojos un culito como este, prieto, jugoso y con mucha carne –dijo dándome nalgadas.
-No puedo creer que la hija de Javier esté aquí, eres increíble don López.
Se arrodilló y metió un dedo en mi culo. Empezó a jugar, haciendo ganchitos y dibujando círculos adentro de mí.
-Uffff… por favor no muy fuerte señorrrr… -gemí mientras su dedo empezaba a follarme el culo con velocidad.
-Mira putita, será mejor uses esa boquita para otra cosa que no sea quejarte –dijo el gordo.
Se abrió la bragueta y sacó su tranca venosa y larga. Tomó un puñado de mi cabello e hizo restregar su glande entre mis labios. Era enorme y me iba a desencajar la mandíbula si me atrevía a dejarme follar por la boca. Como vio que yo no quería chupársela, tapó mi nariz y esperó a que yo abriera la boca para respirar. Me la metió al fondo cuando no pude aguantar más, y me folló la boca violentamente sin hacer caso a mi rostro coloradísimo y los sonidos de gárgaras. Su panza y su vello púbico me golpeaban toda la cara, la verdad es que ese señor me pareció todo un puerco y maleducado.
Repentinamente me soltaron, dejaron de macharme la boca y el culo, y me quedé tirada en el suelo tratando de respirar normalmente. Me sentía mareada y sobre todo, muy cabreada. Al parecer el segundo tiempo iba a comenzar y querían continuar viéndolo. El Señor López me ordenó muy rudamente que me levantara y que siguiera sirviendo. Me arreglé el vestido y, bastante cachonda, seguí sirviéndoles bocaditos sucios y bebidas escupidas sin ellos darse cuenta.
No sé cuánto terminó el juego, yo no estaba con muchas ganas de saberlo. Unos festejaron y otros se enojaron, y yo temblaba como loca porque el final del juego llegó y ellos se dedicarían a mí. Estaban borrachos, estaban eufóricos, se olía la testosterona en el aire y yo estaba a merced.
Tras servirles unas bebidas, otro señor me ordenó que me sentara en sus piernas para tocarme las tetas y culo tímidamente mientras veía las mejores jugadas del partido (así me enteré que ganó mi equipo por dos a uno). Mientras yo gemía y me restregaba contra él porque era muy gentil y sensual, el jefe ordenó que apagaran la televisión. Casi me caí al suelo del susto cuando dijo “enciendan ya las dos cámaras”, pues claro, me había olvidado que iban a filmar.
Temblando como una poseída, me levanté y les llené las copas de champagne a todos, y al terminar de servirle al último, el señor López me ordenó que me colocara en el centro del círculo, parada sobre el colchón. Uno de sus amigos se acercó a mí y me entregó una mascarilla veneciana para ocultar mi rostro (pero dejaría mi nariz y boca libres).  
-Póntelo, putita, que si papi se entera que sus compañeros de trabajo te cocieron a pollazos…
-Diossss… Sois todos unos cabrones hijos de putas –dije poniéndomelo.
-Te juro que todavía creo que esto es un sueño, don López, ¡la hija de Javier!
-¡Ya está grabando!
Me ordenaron que me quitara las ropas. Yo temblaba un montón y realmente habrá sido patético cómo quedó filmado. Me costó demasiado deshacerme de tan ajustado traje, me ayudaron dos hombres a desatármelo, y al final me quedé solo con un collar, las medias de red y los tacos altos, parada en el centro.
-Vamos a comenzar un jueguito, Rocío.
-¡No diga mi nombre, que se va a grabar, viejo verde!
-Ah, pero putita, vamos a editar el sonido y ponerle música de fondo para que no se oiga. Escucha con atención. Somos ocho hombres, si logras que los ocho nos corramos en tu boca en menos de cincuenta minutos, tu padre va a obtener un aumento salarial del 50%. Solo puedes usar una mano, y desde luego tu boquita. Con la otra mano te vas a tocar tu chochito, ¿entendido? Cuando logres sacarle la leche a uno, beberás un traguito de cerveza y posteriormente deberás limpiar la polla recién ordeñada, usando solo tu lengua. ¡Cuidado, algunos tenemos mucho aguante, así que ponle empeño!
-¿Has traído las rodilleras, putita? ¡Jajaja!
Se bajaron las braguetas. Tragué saliva presa del desconcierto, no podía ser verdd lo que me dijo. Empezaron a hablar entre ellos, a beber de las copas. Cuando me dijo que el tiempo empezaba a correr, rápidamente me armé de valor. Me dirigí hacia el gordo pues ya se había follado mi boca y seguro que se quedó con las ganas de correrse, probablemente lograría sacarle la leche muy rápidamente.
Nada más me acerqué a su asquerosa polla, me tomó del cabello, bruto como siempre, y me folló violentamente hasta la garganta. Yo me retorcía como si estuviera poseída, me iba a matar, me iba a asfixiar, ni siquiera sabía dónde poner mis manos, instintivamente quise salirme pero el gordo era muy fuerte y me atajó hasta de mi collar. Por suerte, tal como sospeché, él ya estaba al borde del orgasmo. No tardé en sentir su leche en mi boca, y muy para mi mala suerte, llegó incluso a escurrirse la leche por mi nariz puesto que el maldito me la clavó hasta el fondo cuando se corrió.
Me quedé ahí, arrodillada y con la cabeza reposando en uno de sus muslos, tratando de recuperar la respiración. El gordo me tomó del mentón y me dio de beber un trago de algo fuertísimo que me quemó la boca y todas mis tripas. Pero hice fuerzas porque tenía que limpiar su tranca. Me dio un leve zurrón en la cabeza cuando toqué su polla:
-¡Solo usa la lengua para limpiar, putón!
-Ughh… Valeeee…
Fue ridículo, y de hecho ellos se reían mientras me veían limpiándosela a lengüetazos, con mis manos apoyadas en mi regazo. Como estaba morcillona, fue muy difícil que se quedara quieto ese pedazo de carne, y debía corregir constantemente mi cabeza y mi lengua para poder hacerlo bien. Tras poco más de un minuto, y con la lengua muy cansada, el gordo me acarició el hombro:
-Muy bien, Rocío, has cumplido conmigo. Te quedan siete más… ¡Arre!
-Joder… ¡son unos hijos de puta!
-Uy, la hija de Javier sigue con esa actitud peleona. En fin, tic tac, tic tac, ¡jajaja!
El hombre de al lado se inclinó desde su asiento y me agarró del collar para llevarme violentamente hasta su tranca. Se puso a masturbarse groseramente frente a mi atónita mirada, pero rápidamente su jefe le ordenó a todos que la única que iba a masturbarles era yo. Tragué saliva, puse mi mano en su polla y me la metí en la boca. No sé qué fijación tienen los hombres con metérmela hasta el fondo, pero por lo visto les gusta hacerlo. A mí me mareaba y apenas podía respirar, pero puse muchísimo empeño para poder ordeñarle rápido.
Con el correr de los hombres, perdí la noción del tiempo, perdí la sensibilidad de mi boca y hasta la de mi lengua. Me sentía tan sucia, una ramerita barata que buscaba pollas nada más ordeñar una. Les hacía una paja con mi mano mientras con la otra me tocaba mi coñito para poder excitarles más rápido, metí la puntita de mi lengua en las uretras de esos viejos, mordisqueé esos trocos y hasta aprendí que chupando los huevos, se corren más rápido. Bebí la cerveza, limpié las trancas solo con mi lengua. Me gradué de puta esa noche.
-La próxima vez te vamos a comprar un piercing para que te lo pongas en la lengua, la vamos a pasar de lujo contigo, Rocío.
-Escupe antes de chupar la polla, puta.
-No pongas carita fea cuando te tragas mi corrida, marrana.
Cuando llegué al séptimo hombre mi cara era una mezcla de sudor y semen. Respiraba por la boca porque mi nariz ya estaba repleta de leche, de la comisura de mmislabios se escurría semen sin parar, mi cabello antes bonito se había desparramado todo, uno de mis ojos lo tenía entreabierto porque una maldita gota de leche se fue allí, cuando un viejo se corrió violentamente. Mi cara estaba rojísima y me encontraba muy mareada de tanta cerveza.
-Hip… señññorrr… ¿cuánto tiempo me queda? –dije agarrando la carne del séptimo hombre.
-Pues lo siento Rocío, hace veinte minutos que perdiste.
-¡Jajajaja!
-Si es que… son unos cabronazos, les voy a matarrrr….
-Claro que sí, Rocío, claro que sí. Ahora vamos a jugar otro juego. Ponte de cuatro patas, trata de poner el culo en pompa. El Señor Mereles, al que no has podido llegar a chupársela, te va dar una rica pajita con sus dedos. Si logras aguantar diez minutos sin correrte, tu padre va a recibir…  ¡Un 70% de aumento!
-¡La puta, don López, por qué no me da a mí ese aumento!
-Hip… cabroneeeessss… quiero ir al baño para lavarme la cara…
-Nada de eso, putita. Vamos, que no tenemos todo el tiempo del mundo.
-Pues vale señorrrr…
Me coloqué de cuatro patas. Estaba muy mareada, me costaba mantener el culo en pompa sin balancearme. Por eso vinieron dos hombres y me sujetaron de la cintura. Otros pusieron la cámara justo frente a mi carita de cerda viciosa, seguramente para no perderse nada de mis expresiones.
Sentí que alguien me magreaba el culo mientras me decía guarradas. Algo de carne magra y yo qué sé, ya no podía entender nada de todos modos con lo borracha y cachonda que estaba. Me metió un dedo en el culo y empezó a jugar adentro. Con su otra mano se dedicó a masturbarme, pasando sus dedos entre mis abultados labios vaginales, tocando mi puntito de vez en cuando. Yo empezaba a gemir mientras los otros hacían comentarios obscenos. Se sentía tan rico y quería correrme pero tenía que aguantar por el futuro de mi padre, pero es que joder qué bien se sentía la mano del señor jugando ahí.
Aguanté muy bien, sin muchas quejas, incluso cuando metió un tercer dedo en el culo mientras dos entraban en mi coño. Tiempo atrás yo lloraba de dolor cuando me lo hacían, pero no sé si era porque yo estaba volada, borracha y muy cachonda, pero tampoco me dolió mucho cuando metió cuatro dedos hasta casi sus nudillos en mi culo. Sacaba y metía, sacaba y metía, su otra mano apretaba mi puntito y lo sacudía. 
El señor dejó de darme tan rica pajita, y con sus dedos jugando en mi culo, le escuché hablar por su móvil:
-Hola querida, estoy aquí con mis amigos del trabajo.
-Uffff… señor por favor sea más gentil conmigo mmffff… -murmuré porque su mano era muy brusca follándome el culo.
Uno de los hombres cogió la cámara e hizo zoom apuntando mi cara. Dicha cámara estaba conectada al televisor HD de la sala, y de reojo vi mi carita de vicio, toda enrojecida y repleta de semen, viéndome gesticular del dolor porque los dedos del señor se ensañaban con mi culito.
-¡Jajaja! Deja de ser tan preocupada querida mía, simplemente estamos tomando una cervecita tras ver un buen partido de fútbol.
-Oohhhh diosssss… me va a romper en dos pedazos… díganle por favor que afloje el ritmo… uffff….
-Shhhh, silencio putita, no queremos que le descubran a nuestro amigo –me dijo uno de los dos hombres que me sujetaban.
-No soy ninguna putitaaaa… joderrrr…
-Vale cariño, trataré de no excederme con las bebidas. Te quiero mucho… Sí, adiós.
-¡Mffff… Uffff… Señor por favor, ¡va a romperme el culo! –grité cuando escuché que cortó la llamada.
-Mi señora casi te oye, furcia, te vamos a castigar.
-Noooo… no castigos… perdóooonnn… es que dueleee…
Me volvió a meter mano en el coño, jugando entre mis hinchadísimos labios vaginales, metiendo dedo y tocando mi puntito. Yo ya no disimulaba, me encontraba berreando y babeando del placer. Sabía que tenía que aguantar pero era imposible, para colmo los hombres que me sujetaban, empezaron a magrear mis tetas y a meter dedos en mi boca para que los lamiera.
Y me corrí, mordí el dedo de uno de los señores, que rápidamente lo quitó para que no le lastimara más. Arañé el colchón, vi de reojo en la tele que puse una cara feísima, abriendo mi boquita repleta de semen y gritando como cerdita mientras babeaba de placer. Me sentí tan decepcionada conmigo misma porque no fui capaz de aguantar más de cinco minutos. Los hombres me soltaron, se rieron de mí, viéndome retorcerme de placer en el colchón. Uno de ellos me tomó otra vez del mentón y vertió cerveza en mi boca, como castigo por volver a perder su maldito juego. Se fueron a sus asientos y el señor López, tras servirse de una copa de champagne, me habló:
-Perdiste, Rocío, te corriste en tan solo tres minutos… y treinta y dos segundos exactos, sí. Vamos a jugar a otra cosa, ¿vale?
-Tiempo… hip… ¡Tiempo de descanso, señor!
-Nada de eso, puta. Quítate la mascarilla un rato porque te voy a poner esta pañoleta para cubrir tus ojos. No te preocupes porque te va a gustar.
Se inclinó para cegarme con ese pedacito de tela negra. Me dijo que me iba a gustar, solo por eso me desesperé un montón.
-Muy bien. Ahora no puedes ver una mierda, y eso es bueno. Uno de los seis hombres a quienes se las has chupado te va a follar bien follada, y cuando termine de hacerlo, te quitaremos la pañoleta y vas a tener que adivinar quién fue. Si adivinas, le aumentaremos el salario a tu papá un… ¡100%!
-Joder don López, quisiera follarla yo –dijo uno, no sé quién.
-No, venga, don López, déjeme a mí, por fa, mi señora es una remilgada y no mojo desde hace rato.
-¡Te pago ahora mismo si me deja a mí, señor López!
-¡Suficiente, amigos! Van a sacar un palillo de estos seis que tengo. El más largo, se la monta, así de simple.
La verdad es que me sentía de todo menos afortunada, con tantos borrachos maduros con ganas de darme carne de la buena. Pasaron un par de minutos eternos para mí, pues estaba esperando al ganador, tirada en el colchón, tratando de que el alcohol, el olor a semen y el cansancio no me vencieran.
-¡Sí, putamadre, he ganado yo! –dijo un hombre con voz potente.
-Felicidades, pues comienza ya.
-Ayyy, diosss… por favor sea amable conmigo, señor…  -dije al desconocido ganador.
-A las putas las trato como se me antoja, ¿entiendes?
-Se nos está poniendo blandita la nena, ya no es tan respondona.  
Como yo estaba acostada boca abajo porque estaba muy mareada, el hombre me tomó de la cintura y me dio media vuelta como si yo fuera una muñequita de juguete. Abrió mis piernas con una facilidad inusitada, me agarró de mis tobillos y las levantó. Luego reposó la punta de su pollón humedecido en mi rajita, restregándolo poco a poco para mi martirio, pues se sentía muy rico. Pero yo no iba a admitir que me estaba poniendo muy caliente.
Alguien, otra persona, o creo que fueron dos, me sujetaron nuevamente muy fuerte de la cintura, como para evitar que yo me retorciese mucho:
-Es por precaución, Rocío, verás, el que te va a follar es un auténtico toro. Es bien conocido por ser tan cascarrabias, y seguro que contigo se desquitará toda la rabia por el mal día de hoy en la oficina.
-Peeerooo… ¡yo no tengo la culpa de su mal día, señor!
-Hace años que no follaba con una chica tan linda como tú, con este chochito tan chiquito y apretadito como el que seguro tienes.
-Joooderrrr… -su polla cada vez se restregaba más fuerte por mi rajita -. Por favoooorrr… sea gentiiiillll….
-No me hables así, puta. Te voy a dar lo tuyo, por puta y por bocona.
Y me la clavó hasta el fondo. Chillé fuertísimo y me retorcí, arqueé la espalda y arañé el colchón. Ya supe por qué sus amigos me sujetaban tan fuerte, porque follaba muy rápido y violento. Por suerte yo estaba lubricada y ciertamente a gusto porque de otra forma sería un martirio para mí. Su enorme pollón entraba y salía con demasiada facilidad, y el cabrón gemía como un caballo o algo similar, era asqueroso. Me di cuenta de que tenía que adivinar quién me estaba metiéndola, así que traté de prestar atención a los detalles.
Sus amigos me soltaron y, casi inmediatamente, el hombre dejó mis tobillos y se acostó sobre mí,  aumentando el ritmo de sus envites, podía sentir su aliento a cerveza y escuchar sus bufidos asquerosos de animal. Me decía guarrerías y cosas terribles, vaya que era un maleducado, y cada vez que yo gemía por la forma brusca en que me follaba, me metía su lengua asquerosa hasta el fondo de mi boca para callarme.
Y se llegó, me la clavó hasta el fondo otra vez y se corrió dentro de mí. Vi las estrellas, grité muy fuerte y me retorcí como si estuviera poseída. Sentí toda la lechita desparramándose dentro de mis carnes, y para qué mentir, se sentía tan bien. Poco a poco fue bajando su ritmo mientras yo estaba tirada como un muñeco de trapo, dejándome hacer. Me besaba las tetas, me lamía la boca y mi nariz, ese olor a alcohol era muy fuerte pero me estaba acostumbrando.
-Mmmgg... ¡Se ha corrido dentro! No quiero quedar... hip... embarazada...
-Pues estás de suerte porque ya no puedo tener hijos, Rocío.
Se levantó y tras unos minutos en donde les oía moverse a mi alrededor, el señor López me quitó la venda:
-Adivina adivinador, Rocío. ¿Quién te folló de estos seis hombres sentados?
-Dios mío, señor…  ¿Cómo voy a saber?
-Pues trata.
-Joder… -vi a todos esos compañeros de trabjo de mi padre, sentados, sonriéndome -. Pues el viejo calvo, no sé…
-Me decepcionas, puta. Fallaste, te folló don Carlos –me señaló al tal Carlos, que me sonreía y levantaba su copa de champagne-. Como castigo, tomarás este vasito de cerveza. Abre la boca, puta.
-No quiero, así que gracias…
Tapó mi nariz y nada más abrir la boca vertió la bebida. Asqueada y cabreada, me tumbé en el colchón mientras uno de los hombres se dirigía a mí. Me puso la máscara veneciana y me dijo:
-Vaya, putita, no es hora de dormir aún.
-¿Y ahora… hip… y ahora quéee?
-Pues has perdido tres veces ya, Rocío. Creo que es hora de otro juego, ¿no? Ponte esta gabardina, iremos todos afuera para dar un paseo. Quítate la mascarilla, que esto no lo vamos a filmar. ¡Vamos a dar un paseo por la plaza frente al edificio!
Pensé que me iban a dejar vestir al menos, pero no. Me quitaron los zapatos de tacón porque no había forma humana de usarlas en mi condición, quedándome solo con las medias de red. Uno de los señores me prestó su gabardina, me la pusieron y de brazos me llevaron hasta el elevador. Bajamos hasta el primer piso y posteriormente nos fuimos a la plaza. Los hombres se sentaron en un banquillo más alejado, y me quedé sola con el señor López.
-Rocío, quiero que te ofrezcas a un muchacho que va a venir por este lugar. Es un chico con anteojos cuadrados, un auxiliar contable de nuestra oficina. Cóbrale unos dos mil pesos por follar.
-Hip… ¿Quéee? ¡Estás loco, viejo! –Dos mil pesos son como noventa dólares, para que se hagan una idea.
-400% de aumento salarial.
-Diossss… míooo… 400%.
-Yo y los demás estaremos viéndote desde el banquillo del fondo. ¡Ánimo, putita! –me dio una nalgada y se fue con sus compañeros.
Yo estaba hecha una calamidad. No sé qué hombre en este mundo querría estar conmigo, con mi cara hecha un desastre, borracha y sin ropas más que una gabardina y medias de red desgastadas. Ni siquiera  sabía cuánto tendría que esperar al chico. 400% de aumento salarial, madre mía, ya pensaba salir corriendo de ahí y arrastrar a mi papá hasta el centro comercial más cercano.
Vi a un muchacho de veintitantos, trajeado, proveniente de una oficina. No sabía si era él la persona con quien debía encontrarme, pero cuando vi los anteojos cuadrados lo confirmé. Me armé de valor para acercarme y hablarle, de todos modos con tanto alcohol en las venas no me fue difícil.
-Pss…. Pstttt… -le llamé.
-¿Me estás llamando a mí?
-Papi… ¿Te ha enviado el señor López?
-¿Pero qué cojones, cómo lo sabes?
-Dos mil pesos y soy tuya –le dije abriendo la gabardina y mostrándole mi completa desnudez. 400%. 400%.
-Joder qué asco –seguramente vio que estaba bañada en semen -. Pues ya veo, Don López me llamó por el móvil para que viniera a buscar una “sorpresa” en la plaza. Así que eres tú la “sorpresa”. Mira, marrana, resulta que tengo una novia que aún no quiere follar conmigo y por eso estoy con las hormonas reventando. Por lo visto don López lo notó. Así que mira nada más, me mandó a una putaca como tú. ¡Qué grande es mi jefe! ¿Vamos a mi coche?
Me llevó del brazo hasta su vehículo, estacionado cerca. Me introduje en el asiento trasero y me acosté. Estuve a punto de dormir hasta que el muchacho me dio un pellizco en una teta. Le mandé a la mierda porque no es forma de tratar a una chica, por más cansada y borracha que estuviera.
-Ya me quité las ropas, nena, y tengo puesto el forro. Ahora siéntate sobre mí que te voy a dar lo tuyo.
-Hip… vale papi… tranquilo y dulce, por favor…
-¡Ja! Una puta como tú merece ser taladrada sin piedad. Sube, que tengo que ir junto a mi novia dentro de unos veinte minutos.
Pobrecita la novia, porque su chico de follar poco sabía. Era el ser humano más torpe, brusco y grosero que he visto y oído en mi vida. No tardó más de cinco minutos, vociferando lo muy puta que soy. Yo bostecé para cabrearlo porque mucho habló de “taladrarme” y poco lo demostró. Realmente no creo que haya muchas cosas más interesantes que contar al respecto, salvo que vi a una chica que se tropezó en la calle mientras el muchacho esquelético me follaba. Cuando se corrió, me salí y le reclamé el dinero bastante molesta porque no gocé nada. Así pues, volví junto a los hombres trajeados que estaban charlando en el banquillo.
-Hip… el dinero, señor López… aquí está…
-¡Le has cobrado los dos mil pesos, jaja! Quédatelo para ti, Rocío. Lo prometido es deuda, tu papá tendrá un aumento del 400% y seguirá trabajando con nosotros. Volvamos al depa, que por si no lo has notado, yo aún no te he follado. Y necesito meterte la tranca hasta el fondo para cerrar este trato, ¿vale?
-Ojalá te mueras camino al edificio, cabrón.  
-Me gustaba más cuando te ponías buenita. ¡Ahora volvió la puta perra, jaja!
-No  soy… hip… ¡ninguna puta! –vociferé mientras me tomaban de los brazos para volver.
De vuelta al departamento, me hicieron acostar en el colchón. Volvieron a ponerme la mascarilla, encendieron las cámaras, y el señor López con un amigo se empezaron a desnudar frente a mí mientras los otros miraban. Ellos fueron los dos únicos a quienes no se las he chupado en el primer juego, así que imagino que querían descargarse ya.
Se colocaron cada uno a sendos lados míos, desnudos y con sus enormes pollas morcillonas a centímetros de mí. Mientras, yo de rodillas, me quitaba el vello púbico y semen que se me había quedado pegado en mis labios por las marranadas que hice anteriormente.  
-Cáscame la polla, puta, que me cuesta un poco “armarme”, jaja.
-Vale, don López.
-A mí también, y ponme un condón porque no te quiero preñar, puta -dijo tirándome un condón. 
-Diosss... por favor sea gentil, señor. 
Con cada mano en una polla, fui chupándoselas alternativamente mientras sus amigos se sentaban y se masturbaban a mi alrededor. No tardó la polla del jefe en armarse a pleno, pero me costó más ponérsela dura al otro, a quien tuve que chupar sus huevos y lamer el tronco de su polla para ponerlo a tope y forrarlo. Me sentía tan caliente, con el alcohol haciendo de las suyas, me dejé llevar por el deseo, mirando de vez en cuando la película porno que mostraba en la TV, una película porno en donde yo era la protagonista.
El amigo del señor López se acostó en el colchón y me ordenó que me acostara encima de él. Así lo hice, reposé mi cabeza en su velludo pecho mientras mis manos se clavaban en sus hombros. Me dijo que no me atreva a arañarle porque su señora le iba a pillar las marcas, y que yo me iba a arrepentir. Me dio un miedo tremendo cómo lo dijo así que muy sumisa le dije que no iba a arañarle si me follaba duro.
Y mientras su pollón entraba en mi encharcado agujero y me arrancaba un gemido, el señor López se arrodilló detrás de mí y me sujetó de la cadera. Pude sentir la cabeza caliente de su tranca queriendo entrar en mi culo, la verdad es que eso me alarmó, nunca he follado por el culo, y no quería que un hombre tan marrano y detestable como él fuera quien tuviera el privilegio.
-Te voy a romper el culo, puta.
-Señor… diossss míooo…. por favor no por atrás, aún no lo he hecho por ahí… ufffff…
-Pues ya se puede meter cuatro dedos en tu culo, no sé por qué te pones así, Rocío.
-Sepárale las nalgas, voy a filmar su agujerito.
-Ughhh… diossss…
-Mira la TV, puta, ¿ves ahí este hoyo que tienes? Está en alta definición, no te pierdas los detalles. ¿Ves cómo puedo meter mi dedo con facilidad? Y ahora dos… Ves qué fácil. Es tu ano, putita, y está bien ensanchado.
-Es asquerossssoooo… no miren, ¡dejen de ver la TV, apaguen esooo!
-Jajaja, qué cosas dices, es el culito más hermoso que he visto. Como verás, ya he metido tres dedos y tú apenas lo sientes. ¿Ves? Mira cómo agito…
-Ufff… ¡Ughhh joderrrr! Ojalá le metan dedos a usted, ya veremos si “apenas lo siente”, ¡cabrón!
Pero la verdad es que me ponía a cien ver mi culo sometido en la TV. Chillé cuando, tras retirar sus dedos, escupió en mi agujerito. Vi, mordiéndome los labios, cómo metía la punta de su polla muy forzadamente en la entrada. Poco a poco fue introdujendo el glande mientras yo me retorcía como una loca, si seguía así iba a arañar a mi amante que me follaba por el coño.
-Noooo….. uffff…. Duele… dueleeeee don Lópezzz…. –apenas podía hablar bien porque su socio era un buen follador.
-Joder qué apretadito tienes el culo, siento que me va a reventar el glande por la presión.
-Ughhhmm… es demasiado granddeeee…. Diossss santooooooo me voy a morir aquíiiiii….
-Vale, vale, marrana, no te pongas así, se ve que aún no estás lista para que te den por el culo, y no es plan de romper un juguete tan lindo como tú tan pronto.
-Uffff… uffff… gracias… ufffff…. –ya no pude hablar mucho porque su amigo me metió la lengua hasta el fondo, besándome por varios minutos. Yo estaba tan caliente y tan feliz porque mi culito estaba a salvo, que empecé a chupar la lengua del hombre mientras el señor López se conformó con follarme el culo con tres dedos.
-Mira cómo quedó de dilatado tu culo, puta. Mira la TV.
Casi me desmayé del susto, podía ver el enorme agujero que me hizo e incluso aprecié mis propias carnes interiores gracias a que quedó tan ensanchado y vejado. Me excitó muchísimo cuando vi, un poquito más abajo, la polla de su socio taladrándome sin piedad el coñito, enrojecido e hinchadísimo. Los otros hombres se levantaron y se acercaron para separar mis nalgas, quitando fotos, filmando, metiendo dedos y escupiendo adentro. Se sentía tan rico que pensé que me iba a desmayar del gusto.
Mis ojitos se pusieron blancos, empecé a gritar cosas inentendibles mientras poco a poco mis extremidades perdían la sensibilidad. Me corrí como una cerda mientras mi maduro amante seguía follándome con todo. A mi alrededor todos se masturbaban y me miraban con deseo, por primera vez en la noche me sentí la reina del lugar, siendo admirada por todos esos hombres, siendo la dueña de sus pajas.
Creo que terminé por desmayarme sobre el pecho del hombre que aún me follaba, con los dedos del señor López jugando dentro de mi culito adolorido, y el semen de los demás cayendo sobre mis nalgas. Uno me tomó del collar y me obligó a tragar la leche que se le escurría de su polla, y yo gustosa acepté antes de perder el conocimiento.
Cuando abrí los ojos, estaba sobre la hermosa y enorme cama del departamento. No sé cuánto tiempo pasó, pero allí estaban los ocho tíos hablando entre ellos, a mi alrededor. Todos ya vestidos como si no hubiera pasado nada. Había un par sentados en el borde de la cama, con sus manos acariciándome dulcemente. Uno de ellos era el señor López.    
-Ha sido una gran noche, Rocío, la hemos pasado muy bien. Tenemos que irnos, nos esperan nuestras esposas en casa. Tú no te preocupes porque esta habitación tan bonita la hemos alquilado solo para ti. Duerme en la cama lo que resta de la madrugada, al amanecer vendrá Rosa con tus ropas y te acompañará hasta la salida, ¿vale?
-Señor López estoy demasiado mareada… madre mía…
-Tranquila, duerme ya. Y no te preocupes por tu padre, mañana le comunico de su aumento salarial. Le diré que lleve a su hermosa hija a pasear por el shopping y le compre lindas cosas, porque se lo merece. Por cierto, el jovencito con el que follaste en el coche, es el que pretende quitarle el puesto a tu padre… Pero ya no.
-Hip… ¿Ese esqueleto?… Pues folla como el culo….
-¡Jajaja! Qué marrana eres, Rocío. En fin, adiós bonita. Tienes mi número por si quieres repetir.
-En la puta vida volveré a repetir esta guarrada, viejos pervertidos… hip….
-Pues algunos de mis amigos aquí se quedaron con las ganas de montarte. ¿Piénsalo, vale? La recompensa será muy grande.
Me besó en la boca. Y los otros siete hombres hicieron fila también para meterme lengua, y yo muy cansada y tirada en la cama, poco hice para oponerme. Alguno me magreó el coñito, otro me mordió el muslo, uno me metió un dedo en la boca para que lo chupara. En fin, me alegró un montón saber que todo había terminado. Enredada entre las mantas, me dormí.
Al día siguiente me despertó Rosa. Me ayudó a cambiarme y me acompañó hasta la salida. Me dijo que pediría un taxi pero yo le dije que le llamaría a alguien muy especial para que me buscara. En menos de quince minutos, mi hermano Sebastián llegó en su coche de mierda (en serio, es feísimo) para recogerme.
-Rocío… ¿Qué haces en este lugar? ¿No iba a dormir en la casa de tu amiga?
-Cállate, ¿sí? Vayamos a tomar un café, que tengo resaca…
-Qué dices… ¿Resaca? ¿Estuviste aquí con tu novio, no es así, flaca?
-No te pongas celoso, Sebastián. Simplemente… arranca el coche.
-¿Ese trapito que llevas en la carterita es mi camiseta de Peñarol? ¿Por qué está tan sucio?
-¡Arrancaaaaa!
-Está bien, está bien, vamos a una cafetería… Pero no traje dinero conmigo.
-Pues yo invito el café, idiota. Mira, tengo dos mil pesos…
---------------------------------------------------
Gracias por leerme, queridos lectores de TodoRelatos. Espero que les haya gustado el texto tanto como a mí me ha gustado escribirlo.
Besitos!
Rocío.