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domingo, 31 de diciembre de 2017

Todos contratodos

Todos “contra” todos
En nuestro primer intercambio con Jorge e Isabel, volvimos de nuevo, a experimentar la excitación y el morbo que provoca compartir a tu pareja con otro. Verla disfrutar, y oír sus gemidos de placer, mientras tú estás haciendo lo mismo a su lado, provoca unas sensaciones, que traspasan todos los límites de la imaginación, llevándote a un estado de lujuria y desenfreno sin fronteras.
Sobre todo, cuando lo haces cumpliendo una de tus fantasías más deseadas; en nuestro caso, compartirlo con otra pareja.
Hemos tenido la gran suerte, de encontrar el matrimonio idóneo por afinidades y edad, con el que coincidimos plenamente en preferencias y gustos sexuales, con el que podemos hablar de todas nuestras apetencias y deseos; compartirlos, y como no, realizarlos. Todo un lujo.  
Poco a poco, hemos consolidado con Jorge e Isabel una amistad y confianza en materia de sexo, prácticamente sin límites, nos hemos revelado abiertamente nuestros deseos más íntimos y “perversos “, muchos casi inconfesables. No hemos dudado en hacerlos realidad y disfrutarlos sin prejuicios.
Algunas de estas nuevas vivencias, son las que queremos compartir en este relato.
Desvelaremos también, las preferencias y  gustos más “perversos”, que cada uno, ha confesado tener, en nuestras lujuriosas conversaciones de sexo. Y por supuesto, como las hemos realizado y gozado.
Hace más de un año que tuvimos nuestra primera cita con Jorge e Isabel. Desde entonces, nos hemos seguido viendo, prácticamente todas las semanas, lo que nos ha servido para irnos conociendo. Y no siempre, hemos quedado para follar.
En cada encuentro, hemos ido intimando un poco más, y en cada nueva cita de sexo, hemos ido generando todo tipo de combinaciones sexuales entre los cuatro, que han  aumentado aún más si cabe, nuestras ganas de seguir con el intercambio.
Ahora mismo, los cuatro disfrutamos de un sexo abierto y sin prejuicios. Algo impensable para ambos matrimonios, hace tan solo un año.
Me atrevo a decir, que sexualmente, formamos una lujuriosa y lasciva “pareja” de cuatro, en la que estamos descubriendo, hasta donde seremos capaces de llegar en nuestro disfrute sexual. Que hasta ahora ha sido muchísimo.
Nos encanta hablar abiertamente de sexo entre los cuatro; preferencia; gustos; deseos; y sobre todo, de las escenas que sexualmente nos gustaría protagonizar, confesiones, que a todos sin excepción nos excitan notablemente, y siempre son el preludio de una excelente sesión de sexo.
¿Quién no ha querido en algún momento, compartir y realizar sus deseos más íntimos e inconfesables en materia de sexo con alguien, bien sea pareja o en grupo?... Yo creo, que en algún momento de excitación extrema y… no tan extrema, todos lo hemos deseado.
Pues bien, eso es lo que hemos conseguido hacer con Jorge e Isabel, y por supuesto anteriormente también con Andrés. Como ya he dicho todo un lujo.
En nuestra primera cita con Jorge e Isabel, cometí la indiscreción de desvelar la relación sexual que mi mujer y yo tuvimos con Andrés. Desde entonces, siempre han mostrado muchísimo interés en saber cómo habían sido esos encuentros con él.
Las confidencias más excitantes y “escabrosas” se las ha contado mi mujer a Isabel. Le ha detallado los momentos que a ella le produjeron mayor placer. La confianza y complicidad entre ambas es enorme, y a mí me encanta que así sea.
Nos confesaron, que les excitaba y daba mucho morbo, conocer todos los pormenores de nuestros encuentros con Andrés, aludiendo que esa había sido siempre, una de sus fantasías  de cama preferidas.
También querían saber, que es lo que más nos excitaba hacer en esos momentos. Mi mujer no dudo en confesar, que lo que más le excitó en esa primera vez, fue ser follada por Andrés y  que este, a la vez me hiciera una mamada, corriéndome en su boca. Lo describió como un momento bestial, verse en esa situación. Para mí  también lo fue. 
Los cuatro nos hemos confesado deseos y acciones, que nunca creímos pudiéramos compartir con nadie, tan directa y sinceramente como lo hemos hecho. Nos hemos desnudado física e íntimamente, para poder disfrutar del sexo sin prejuicios ni trabas.
Les hemos contado como habíamos practicado sexo con Andrés, prácticamente lo saben todo. Se lo hemos relatado con todo lujo de detalles, sabedores del morbo que les producía oírlo, y, a nosotros, aún más, contárselo.
En varias de nuestras conversaciones subidas de tono, Isabel ha manifestado con su marido delante, que le gustaría ver a Jorge en el lugar de Andrés, en muchas de las escenas que les hemos contado; como por ejemplo, verle penetrado, o que él, penetrara o masturbara a otro, en este caso yo, o haciendo una felación.
Confiesa que solamente de imaginarlo no puede evitar excitarse. Jorge también confiesa que se excita tremendamente con los comentarios de su mujer.
En las charlas íntimas entre Isabel y mi mujer, Paloma le ha revelado como ha disfrutado en esos encuentros. Le ha contado lo mucho que le “pone” ver a dos hombres practicando sexo entre ellos, y sobre todo, como disfruta con determinadas escenas en las que hay penetración.
También le ha contado como ha participado. Y que ha sido lo que más le ha excitado ver, o hacer en esos momentos. En una de nuestras charlas ha contado, que es lo que más le excitó la primera vez que estuvimos con Andrés.
Entre ellas, hablan de nuestros encuentros con Andrés,  confesándome mi mujer que ambas terminan excitándose mucho cuando hablan de ello. No ha dudado en contarle a Isabel, los detalles más tórridos y lascivos de nuestras citas con él.
Ambas disfrutan del morbo de compartir gustos y confidencias. Isabel está cada vez más interesada y obsesionada en incluir a su marido en todas esas escenas de sexo, que Paloma, se ha encargado de detallarle morbosamente en primera persona.
Una de las cosas que más le excitan a Paloma en referencia a mí, que ha confesado en nuestras charlas perversas, y también entre ellas, es verme penetrado mientras la follo, o con una polla en mi boca, es algo que la pone fuera de sí. Siempre ha sido una de sus fantasías favoritas en la intimidad de nuestra alcoba. Ya hace algún tiempo que dejo de serlo, para ser una realidad, con la que disfruta enormemente, cuando se produce.
Otra que le encanta, (a mí también) es que se corran en sus pechos concretamente en los pezones, y  luego se los chupen mientras es penetrada o se masturba. Se vuelve loca con esta acción, cuando se lo hacemos. Esto ya lo habíamos probado con Andrés, antes de conocer a Jorge e Isabel. Posteriormente, lo hemos hecho con ellos en diferentes variantes.
Jorge y yo nos hemos corrido en sus pezones, y se los hemos chupado mientras Isabel la masturbaba, y lamia su coño con delicadeza. Los tres hemos disfrutado del orgasmo salvaje que esto  provoca en mi mujer.
La otra variante ha sido, Jorge penetrándola, y yo corriéndome en sus pezones mientras Isabel  pasaba su lengua por ellos mirándome e invitándome a participar,  acto morboso y excitante, que siempre me encanta compartir con ella.
Y al revés yo penetrándola y Jorge corriéndose en sus pezones, en ambas Isabel siempre ha participado de la misma forma, en este caso, yo también he participado lamiendo y chupando con Isabel los pezones de mi mujer. Solo subrayar, que es tan enorme el placer y la excitación que supone participar en cualquiera de las  escenas descritas, que actúas sin ningún reparo o prejuicio.
Todas estas situaciones aunque reiterativas, las hemos disfrutado en diferentes encuentros, a cada cual más tórrido y excitante. Y  normalmente son el preludio de una intensa velada de sexo
Son algunas de las escenas que planteamos en nuestras conversaciones de sexo, y que después nos gusta realizar. A los cuatro nos encanta el morbo de hacerlas realidad.  
Jorge, a su vez, nos confiesa que no puede evitar ponerse muy cachondo, cuando oye a su mujer hacer esos comentarios de él y Andrés, y que en más de una ocasión, no le hubiese importado complacerla.
Su mujer, no deja de animarle para que lo haga, y a él,  le vemos cada vez más dispuesto a probarlo.
A Isabel le encanta hacer sexo oral y no le importa que me corra en su boca, (es una de sus preferencias sexuales confesadas), para después besar a su marido con pasión desaforada. Jorge la besa con gusto y chupa su lengua como si de una polla se tratara. Es una visión que me pone a mil.
También disfruta muchísimo con el sexo anal, sobre todo, si a la vez su boca está invadida de la misma forma.
A su marido, le encanta verla en esa situación, mientras él la penetra anal o vaginalmente. Yo  coincido plenamente en esta preferencia, de hecho, también la hemos realizado con mi mujer, que como a Isabel, también le gusta ser complacida de esa manera.
Cuando estoy follando a su mujer, a Jorge le excita besarla apasionadamente, pone su cabeza en su regazo  se inclina sobre ella y chupa lo pezones con “vicio”, para acto seguido, fundirse  en un lascivo y lujurioso beso. Es algo realmente espectacular.
Veo sus lenguas enredarse y chuparse con pasión. El espectáculo de verlos en ese estado de lujuria,  con sus cuerpos moviéndose al compás de mis embestidas, es sencillamente  de una excitación indescriptible.
Cuando llegan a ese punto de lujuria,  “vicio”, y desenfreno, los dos me piden que me corra. Y cuando lo hacen no puedo evitar hacerlo como un burro, inundando el coño de Isabel.
A Jorge le pone muy cachondo que me corra dentro de Isabel, para a continuación meterla él   y sentir como el coño de su mujer, está totalmente inundado por mi corrida.  (otra de las preferencias confesadas de él y de ella). He de admitir que para nosotros también es una de las cosas que más nos excitan. Y  ambos la hemos practicado con nuestras respectivas mujeres. A ellas les encanta recibir ambas corridas. Una tras otra. Nos pone a los cuatro como motos.
Andrés ya está al corriente de nuestra nueva y “especial” amistad con Jorge e Isabel, y de nuestros encuentros con ellos. Dice que hemos hecho bien en dar este paso, comentando que le encantaría conocerles. Vuelve en diciembre para quedarse definitivamente.
Isabel y Jorge también nos han comentado, que les gustaría conocer a Andrés. Incluso por todo lo que les hemos contado, plantearon la posibilidad de invitarle a participar en nuestras sesiones de sexo, a lo que nosotros no pusimos ninguna pega. Los cuatro estamos deseando incluirle en nuestros “juegos”.
Andrés todavía no sabe de nuestras lujuriosas intenciones. Estamos seguros que la propuesta le va a encantar, y seguro que aceptara.
De cualquier forma, nuestras mujeres son las que más disfrutan con los comentarios que hacemos, de cómo disfrutaríamos con su participación. Sobre todo Isabel, que le encanta excitar a su marido haciendo ciertos comentarios que le incluyen explícitamente.
En esta primera parte del relato, he intentado exponer cuales son nuestros gustos sexuales, y como hemos ido evolucionando hasta realizarlos. Lo hemos hecho, desvelando nuestras intimidades más inconfesables, hasta conseguir con ello, el disfrute que todos perseguíamos cuando nos conocimos.
A continuación voy a relatar el primer día del fin de semana en el que los cuatro disfrutamos del sexo, como no lo habíamos hecho, hasta ahora.
Isabel y Jorge tienen una segunda vivienda a 50 km, en la sierra de Madrid, una casita con piscina, donde hemos disfrutado este verano de momentos de sexo inolvidables.
Fue en  un fin de semana de Julio, con un calor asfixiante y después de una de nuestras perversas conversaciones, en la que una vez más, volvió a salir el tema de nuestras citas con Andrés. Cosa  que nos puso a todos muy cachondos, incluido Jorge.
Llegamos al chalet un viernes por la tarde, el calor se notaba, a pesar de estar en una zona fresca, entre 5 y 7 grados menos que en la capital. Descargamos los bártulos y decidimos salir a cenar.
La cena transcurrió agradablemente, charlamos de cosas intrascendentes, pero en las miradas y las sonrisas que se dirigían  Paloma e Isabel, se adivinaba el deseo que se ocultaba tras ellas, sobre todo en Isabel. Por supuesto en nosotros también. Estábamos convencidos que este fin de semana iba a ser diferente.
Después de cenar nos dirigimos para casa, no podíamos ocultar el deseo y la excitación que nos embargaba. Esa noche estábamos especialmente excitados y desinhibidos, era de esos días en el que estas sexualmente predispuesto a casi todo.
―Voy a ducharme –dijo Isabel-  cruzando una mirada de complicidad con su marido, creo que todos deberíamos hacer lo mismo, añadió con una pícara sonrisa.
―Yo también  –respondió- Paloma haciéndose cómplice de Isabel.
Jorge y yo nos preparamos una copa mientras esperábamos que las chicas terminaran de ducharse.
Seguimos hablando de forma soez del  polvo que les íbamos a echar a nuestras mujeres, bromeamos con ello.
Jorge me dijo que estaba deseando follarse a Paloma, habíamos estado quince días sin vernos, por motivos familiares. Y llevábamos viéndonos prácticamente todas las semanas  desde que nos conocimos. 
Yo también le comente que echaba de menos las “delicias” de Isabel, con sus “besos” incluidos  y que estaba ansioso por follarla. Sabía lo mucho que le excitaba que utilizara  este lenguaje refiriéndome a su mujer. A decir verdad, ambos nos excitamos mucho cuando entre nosotros hacemos estos comentarios un poco groseros, sin estar ellas delante.
―Ya sabes que me encanta verla con tu polla en su boca, y que te corras, me pongo cachondo al máximo. No puedo evitarlo ya lo sabes –dijo Jorge- ya excitado.
―Lo sé,  a mí me pasa exactamente lo mismo contigo y Paloma –dije-  ambos estábamos ya excitados, y deseando comenzar la sesión de sexo.
Las chicas aparecieron desnudas indicándonos que teníamos los dos baños libres para ducharnos y asearnos.
Cuando salimos de la ducha, ya estábamos empalmados, y ellas en el dormitorio, con un plan preconcebido. Isabel se acercó a su marido, lo beso apasionadamente para después comenzar a hacerle una buena mamada.
Paloma puso su dedo índice en su boca indicándome guardara silencio, que observara y me dejara llevar.
―Cariño te voy a vendar los ojos para que puedas disfrutar al máximo, pero sin saber quién es, –Dijo-dirigiéndose a su marido.
Jorge asintió y se dejó hacer,  tenía los ojos vendados y su polla totalmente erecta. Isabel siguió haciéndole la mamada, hasta que le hizo una señal a Paloma para que se acercara, y la compartiera con ella, las dos bocas se alternaban pasando su lengua por el capullo y tratando de engullirla entera, cosa bastante difícil ya que la polla de Jorge mide 18cms medidos y es un poco gruesa, aunque no en exceso.
Yo, a poca distancia disfrutaba viendo la acción de las dos. Ante esa visión no pude evitar masturbarme suavemente, mientras Jorge, con los ojos vendados, gemía y suspiraba por las caricias que estaba recibiendo de mi mujer y la suya.
Paloma e Isabel cuchichearon algo entre ellas. Me miraron y Paloma, haciendo el mismo gesto con su dedo índice en los labios reclamando silencio, me indico que me acercara. Cuando estuve a su altura Isabel se arrodillo cogió mi polla se la introdujo en la boca y comenzó a hacerme una mamada como las que ella solo sabe hacer, y que a mí me vuelve loco. Paloma, nos miraba y hacia lo mismo con Jorge.
A continuación Isabel me dijo al oído en voz baja, que le encantaría ver cómo le chupaba la polla a su marido, Paloma asintió también levantando el pulgar. Sin oírlo ya sabía la petición que Isabel me iba a pedir, era evidente que se habían aliado para conseguir sus propósitos.
Mi mujer indico que me acercara y comenzamos a compartir los dos la polla de Jorge mientras Isabel nos observaba con lujuria. Comencé pasando la lengua por su capullo para después introducírmela en la boca, y chuparla imitando a su mujer, que nos miraba extasiada con una mezcla de incredulidad y placer.
Después de unos breves instantes, aparto suavemente a Paloma para ser ella la que compartiera conmigo la polla de su marido, la cogía con su mano para metérmela en la boca, o cogía mi nuca para acercarla a mi boca. Su excitación era más que evidente.
Mi mujer le ofreció su coño a Jorge para que se lo chupara, y sentada en su pecho lo acercaba a su boca que lo lamia con gusto, mientras, su mujer y yo, nos  alternábamos su polla para chuparla e introducírnosla en la boca. Estaba haciendo las delicias de Isabel al verlo.
Jorge seguía con los ojos vendados, gimiendo y disfrutando a la vez del coño de mi mujer que ya le había regalado varias de sus corriditas.
Isabel le hizo un gesto a mi mujer para que continuara ella chupando la polla a su marido.  Acto seguido, cogió la mano de su marido y la puso sobre a mi polla, instándole a que la cogiera, al principio hubo una débil resistencia, pero finalmente la cogió suavemente. Ayudado y guiado por su mujer comenzaron los dos lentamente a masturbarme. Isabel estaba totalmente excitada por la escena, y soltando mi polla dejo que Jorge siguiera haciéndolo solo.
Jorge estaba con los ojos vendados y totalmente excitado con mi polla en su mano masturbándome. Y  mi mujer  no había dejado de chuparle la polla.
Isabel, a su lado le pasaba sus dedos por los labios y después los introducía en la boca simulando una polla, que Jorge chupaba con vicio. La escena volvía a ser lasciva y viciosa.
Me puse de rodillas al otro lado de su cabeza, mi polla estaba a estallar, mire a Isabel pidiendo su complicidad. Le incorporo un poco la cabeza a su marido y acerco suavemente su boca hasta mi polla, sus labios cerrados chocaron con mi capullo, su mujer delicadamente con sus dedos fue entreabriéndolos para que yo pudiera introducir mi capullo entre ellos, la resistencia duro muy poco, de repente abrió la boca y mi polla se introdujo en ella, ya sin ninguna resistencia. Cuando esto ocurrió, Isabel totalmente excitada, no pudo evitar hacer el siguiente comentario.
―Cariño me encanta verte así –le dijo su mujer- fuera de si.
Fue el detonante para que Jorge, ya desinhibido, comenzara a hacerme una mamada  intensa, salvaje. El “vicio” y las ansias de placer nos embargaba a todos.
Isabel se masturbaba viendo como su marido chupaba e introducía mi polla en su boca. Mi mujer a su vez, lo cabalgaba entre gemidos. La excitación de todos era extrema, Isabel fuera de sí, animaba a su marido imprecándole.
―así, así cariño, sigue, sigue, sigue, sigue…
Jorge cuando la escuchaba aumentaba la intensidad de la mamada, lamiendo y chupando mi polla como nunca creí que pudiera llegar a hacerlo.
Durante un buen rato estuvimos disfrutando de este momento lujurioso y lascivo, hasta que no pudimos aguantar más.
Avise  que me iba a correr, e Isabel fuera de sí, me pidió que no sacara mi polla de la boca de su marido, quería verlo hasta el final, Jorge totalmente excitado por los comentarios de su mujer no opuso ninguna resistencia, más bien todo lo contrario. Descargue toda mi corrida en su boca, mientras Paloma lo cabalgaba salvajemente. Fue un momento de intenso y lujurioso placer.
Los fluidos de todos se descargaron casi al mismo tiempo, que yo descargaba los míos en la boca de Jorge.
Jorge y mi mujer también se corrieron  prácticamente a la vez. Había sido una sesión de sexo totalmente nueva, el fin de semana acababa de empezar con nuevas perspectivas.
Le quitamos la venda a Jorge que la había mantenido hasta el final. Isabel lo beso apasionadamente, diciéndole que se había portado fantásticamente, y que la había hecho disfrutar como nunca.
No hubo más comentarios, y algunas de las barreras que todavía quedaban cayeron por fin.
Nuestra lujuria, lejos de desaparecer,  aumento más si cabe solo con recordar las escenas que acabábamos de protagonizar. El nuevo escenario abría infinitas formas de disfrutar del sexo entre los cuatro. Nuestras mujeres estaban encantadas y súper excitadas, sobre todo Isabel. Nosotros también.
Fue precisamente Isabel, la que en unos cuantos minutos, volvió a iniciar una nueva sesión de sexo. Una vez más, la polla de su marido y la mía,  volvieron a disfrutar a la vez, de las delicias de su boca, haciendo que ambas recuperasen su máximo esplendor.
Esta segunda parte de la noche y lo que ocurrió al día siguiente lo contare en breve, para no hacer excesivamente largo el relato.
Unomas

miércoles, 27 de diciembre de 2017

No hay una sin dos

Me llamo Daniel y puedo deciros que a mis 18 años la verdad es que no podía pedir más. Estaba estudiando, vivía cómodamente con María, mi madre, con la que tenía una relación maravillosa. Además de madre e hijo, éramos amigos y sinceramente podía hablar con ella de todo con total honestidad. Eso me había ayudado en todos los sentidos hasta el punto de follar antes que ningún chico. A muy corta edad, cuando empecé a desarrollarme, gracias a mi madre ya sabía mucho de las mujeres y lo mejor era que aprendía también como tratarlas. Sabía lo que era masturbarse y lo que era discreción. Creo que a todos los chicos nos deberían hablar así de claro porque facilita mucho las cosas. Había una chica, que era un monumento, con la que llevaba cerca de dos años. Formábamos una pareja ideal ya que ambos éramos guapos, simpáticos y buenos estudiantes. Sólo había un problema que después entenderéis y es que a ambos nos encantaba el sexo. Habíamos probado de todo en cada ocasión que teníamos. Todo marchaba bien hasta que un día le conté una experiencia reciente que un intimo amigo había tenido sobre intercambios de pareja. En Madrid, ciudad donde vivimos, había varios sitios de intercambios y mi amigo había visitado uno con su novia. Después de comentarme con todo detalle como había transcurrido su aventura, tal cual se la empecé a contar a mi novia. Al poco de estar hablándole mi polla estaba ya totalmente erecta y ella también se estaba calentando. Fue así como me lo dijo… Menuda calentura estoy pillando. Le dije que yo estaba igual y sin poder aguantarnos ella empezó a comerme la polla como no lo había hecho nunca antes. Empezó a metérsela cada vez más adentro hasta el punto de que le empezaban a dar arcadas. Cada vez la mantenía más adentro y más tiempo. Las lágrimas le corrían por la cara como seguro que también, conociéndola como la conozco, más abajo le corría otra cosa por las piernas. Estábamos en mi casa y teníamos poco tiempo dado que mi madre llegaría en breve del trabajo. Así se lo dije pero un poco para nada porque con el calentón que teníamos nos íbamos a arriesgar. Ya que iba tan fuerte la cogí del pelo, la levante, y manteniéndola de pie de espaldas a mi tumbé su pecho sobre la mesa del comedor. Le levanté la falda, le abrí sus piernas, y echándole a un lado sus diminutas bragas empecé a follar tan fuerte como podía. Ella buscó una de mis manos y la volvió a llevar a su pelo. No había más que decir. La agarré del pelo y la sala se llenó de sus gemidos y los míos. En menos de un minuto su corrida fue una pasada y seguida a la suya llegó la mía llenándole todo el coño de leche. Nos recompusimos un poco, entramos al baño y abrimos ventanas para ventilar un poco. Apenas habíamos abierto cuando llegó mi madre. La saludamos un poco rojos aún e inmediatamente nos fuimos. 
 En los días sucesivos estábamos tan calientes que en cuanto teníamos ocasión follábamos sin parar. Una de las veces, tras acabar empezamos a hablar de lo caliente que estábamos debido a lo que le conté sobre intercambios. La conversación acabó en la propuesta de ir a uno de esos locales para verlos y así continuar disfrutando del estado en el que estábamos y añadir más morbo aún a nuestra relación. No había nada más que decir. Con la supuesta idea de no hacer nada y convencidos de lo que nos queríamos al siguiente sábado no quedamos con nuestro grupo de amigos y los dos solos visitamos uno de los locales. Una vez allí pedimos un par de copas y mirábamos para todos los sitios con mucha curiosidad viendo el ambiente y la gente mientras íbamos comentando. La verdad es que había de todo, mujeres solas, parejas de todo tipo, hombres solos y grupos.Así estábamos cuando una mujer que estaba muy cerca nuestra y que seguro nos había estado escuchando nos dijo:
  -Se nota desde fuera del local que es vuestra primera vez aquí.
  -¿Tan descarados somos? -le dije yo.
 Ella se rió y se presento.
  -Me llamo Laura
  -Yo soy Daniel y mi novia es Silvia.
 Laura era mayor que nosotros. Yo le eché unos 28 o 29 años. En seguida ella llamó a su pareja y también nos la presentó.
  -El es Miguel.
  -Encantados de conocerte Miguel.
 La impresión que Silvia y yo nos llevamos de la pareja fue muy buena ya que Laura era un bombón de mujer, más mayor que nosotros pero estaba buenísima y Miguel tengo que reconocer que también era un tío guapo y seguro que a mi novia así se lo parecía. Laura no se cortó un pelo y entró un poco directa con las preguntas…
  -¿Habéis hecho intercambio de pareja alguna vez?
  -La verdad es que no. Tenemos un amigo que ha estado aquí y ha tenido su primera experiencia. A nosotros nos ha picado un poco la curiosidad y hemos venido a ver el ambiente pero sin la idea de hacer nada.
  -¿Lleváis mucho como pareja?
  -Llevamos dos años. -respondió Silvia.
  -Nosotros estamos casados y tenemos un niño, llevamos juntos 12 años en total. -nos comentó Miguel.
 Yo casi que prefería que hablara Miguel porque a Laura me costaba trabajo mirarla a la cara con el escote que llevaba. Daban ganas de zambullirse en el y me estaba poniendo hasta nervioso. El escote de Laura volvió a tomar la palabra…
  -Bueno, dado que es la primera vez que estáis aquí nosotros vamos a pedirnos una copa y si queréis seguir la conversación estaremos en aquella esquina de allí. Por nuestra parte si nos acompañáis encantados.
  -Perfecto Laura, gracias.
 Cuando se retiraron le dije a Silvia lo poquito que habíamos tardado en ligar. Ella se rió un poco nerviosa y me dijo que había que reconocer que ambos estaban muy bien y  el escote de ella también. A este comentario le siguió una sonrisa pícara. Para que negarlo, le dije, la verdad es que está buenísima. Silvia alargó su mano a mi paquete y comprobó que estaba con una erección considerable. Yo le pregunté por su estado ya que me daba fatiga de meterle mano allí mismo y me dijo que también se había calentado. Ahora la cuestión era si ir donde estaba esta pareja o no.
 -¿Tú me quieres? Me preguntó Silvia.
 -¡Muchísimo! ¿A qué viene eso?
 -Yo también te quiero a ti y mucho.
 -Me encanta oírlo pero.. ¿a que viene eso?
 -Viene a que realmente estoy muy muy caliente pero temo que si vamos allí y pasa algo nos pueda perjudicar como pareja.
 -A ver, yo tengo las cosas muy claras cariño. -le dije a Silvia. -Es cierto que a Laura me la follaría encantado pero de ahí a que me enamore de ella como lo estoy de ti…
 Sinceramente así lo pensaba. Estaba convencido que un acto así podría aportarnos mucho como pareja para follar más y mejor. En ningún momento pensé que pudiera perjudicarnos.
 -Pues si es así por mi nos acercamos a esta pareja y a ver que pasa.
 Dicho y hecho. Ambos cogimos nuestra copa y fuimos a sentarnos con esta pareja. Según nos vieron llegar se les dibujó una sonrisa y poco porno en la cara.
 -Nos alegra que os hayáis animado. -dijo Laura.
 -La verdad es que estamos un poco nerviosos. -le respondió Silvia. 
 -Eso es normal, es vuestra primera vez y además sois tan jóvenes… 
 El tiempo que nos duró la copa mantuvimos una conversación de lo más animada e interesante. Dicha conversación se fue desviando al tema sexo. Hablamos de que es lo que nos gustaba, de lo que habíamos probado y como lo habíamos hecho… Se desvió más aún pero ya en un notable calentón que podía jurar teníamos los cuatro. Cuando ya estaba la copa prácticamente terminada les pregunté si les apetecía otra y rápidamente nos dijeron que si pero no en ese lugar…
 -Vivimos muy cerca de aquí, es un paseo a pie. -comentó Laura.
 Silvia y yo nos miramos no por más de un segundo para terminar diciendo un si rotundo. Llegamos a casa de la pareja y nos comentaron que estuviésemos tranquilos ya que el niño estaba con su tía. Tenían un precioso ático muy acogedor y con maravillosas vistas. Rápidamente nos dijeron que nos pusiéramos cómodos y nos preguntaron que queríamos tomar. En menos de 5 minutos teníamos delante una copa hasta arriba y estábamos sentados con un poco de blues sonando de fondo. Hablando de nuestros estudios y de sus trabajos, Laura concluyó cambiando de tema radicalmente…
 -A ver chicos… creo que, dado que es vuestra primera vez, deberíamos hacer una prueba para ver si realmente estáis preparados para esto y si realmente os apetece.
 -¿Una prueba? -preguntó Silvia.
 -Si, una prueba. ¿Nos dejáis hacerla y a ver qué tal?
 Silvia y yo nos miramos con sonrisa nerviosa y afirmamos. Laura se vino para mi, se sentó entre Silvia y yo y sin más palabras me besó fugazmente y se retiró dos segundos para volver a retomar pero esta vez ya por más tiempo y con lengua. Estuvimos así un minuto aproximadamente hasta separarnos. Ambos miramos a Miguel y Silvia. Con mirar a Silvia supe que todo iba bien porque tenía una mano puesta sobre la pierna de Miguel que estaba a su lado y se mordía el labio inferior. Entonces Miguel besó a Silvia de la misma manera mientras Laura y yo observábamos. Ellos no se retiraron como habíamos hecho nosotros y siguieron comiéndose la boca mientras sus manos empezaban a moverse sobre el cuerpo del otro. Miré a Laura, me sonrió dulcemente, le miré el escote descaradamente y ella con sus manos lo puso más amplio aún estirando la prenda. Me lancé a comerle la boca al tiempo que mis manos iban para su escote. Ella se sentó encima de mi sacándose el vestido por la cabeza dejándome verla en sujetador, tenga y medias hasta medio muslo. Con mis manos le bajé las tiras del sujetador. No quería quitárselo del todo aún. Asomaron sus pezones los cuales empecé a chupar. Ella al mismo tiempo me desabrochaba la camisa para quitármela y tirarla al suelo y seguir con los pantalones. Me separó de sus tetas para besarme y empezar a bajar por mi cuello y mi pecho al mismo tiempo que me dejaba a la vista a Silvia y a Miguel. Si ya tenía la polla a mil aún peor se me puso cuando vi la escena de Miguel recostado en el sofá y Silvia sin la camiseta que llevaba y de rodillas en el suelo comiéndole la polla. Le faltaba boca y garganta para meterse aquello que era muy parecida a la mía en cuanto a dimensiones. La misma imagen de Silvia en mi casa con lágrimas y arcadas la volvía a ver ahora pero con Miguel que no dejaba de mirarla alucinando. De mi estado me sacó inmediatamente Laura cuando noté que mi polla era cubierta por algo caliente y húmedo como era su boca. Empezó a comerme la polla mientras me miraba directamente a los ojos en todo momento. Su lengua jugaba a todo lo largo para al momento metérsela en la boca todo lo que podía y volver a sacarla para seguir el juego. En esas estaba cuando Miguel se incorporó y tras quitarle los pantalones y las bragas a Silvia, la dirigió para que tomara la misma postura suya. Ahora era Miguel quien hincó las rodillas en el suelo y tras levantar las piernas de Silvia empezó a comerle todo el coño como mejor sabía. Silvia empezó a gemir inmediatamente mientras iba alternando su mirada de Miguel a nosotros. Yo estaba ya dispuesto a follarme a Laura, que estaba muy entretenida masturbándose con una mano mientras que con la otra se ayudaba en su comida de polla, pero no me dio lugar porque Silvia interrumpió entre gemidos…
 -Laura déjame que le coma la polla un poco mientras Miguel sigue. ¡Me voy a correr como una loca!
 -Está bien. Pero después harás lo que yo te diga ¿ok?
 -¡Todo lo que me digas pero déjamelo ya por favor!
 Inmediatamente y tras retirarse Laura me fui para Silvia y apoyándome de rodillas en el sofá le metí la polla en la boca. Como estábamos haciendo las últimas veces, la agarré del pelo y empecé a follarme su boca de manera muy bestia. Para mi sorpresa, Laura se fue por el otro lado y con su manos agarró los pezones de Silvia y dirigió su boca para chuparlos a la vez que apretaba las tetas. En un descanso que le di a Silvia para que no vomitará y tomara aire giró su cabeza y al ver a Laura por su expresión supe que estaba a punto de correrse como nunca lo había hecho. Le volví a meter la polla en la boca y apenas me dio tiempo porque sus piernas y todo su cuerpo empezó a convulsionar y a gritar como una posesa. Menuda corrida estaba teniendo… La dejamos que se recuperara un poco y Laura se vino en busca. Me sentó en el sofá y ella encima mío y mirando hacia mi empezó a meterse mi polla en su coño que estaba muy pero que muy mojado. Nada mas metérsela inició un rápido movimiento que al momento acabó en una pedazo de corrida que me empapó todos los huevos. Se quedó quieta unos segundo y para mi sorpresa llamó a Miguel y le dijo que se la metiera por atrás. Eso me supero. No podía creer que fuera a seguir follándome a Laura mientras Miguel le daba por detrás. Abrí más mis piernas para dejarle sitio a Miguel y me desplacé un poco al borde del sofá. Con la rapidez que le entró la segunda polla entendí que no era la primera ni la segunda que se metía y me sorprendió el grado de dilatación que debía tener porque sus gemidos se incrementaron nada mas entrar. No hubo ni una mueca de dolor. Según se movía podía notar a través del coño de Laura como me presionaba la polla de Miguel. Miré para Silvia y la vi sudando y mordiéndose el labio otra vez. En ese momento Laura le dijo…
 -Silvia quiero que te pongas de pié en el sofá entre Daniel y yo mirando para Daniel.
 Silvia no dudó un segundo y rápidamente tomó la postura mientras no paraba de tocarse las tetas.
 -Daniel cómele el coño a Silvia mientras la coges del culo y se lo abres todo lo que puedas.
 Muy obediente empecé a comerme ese coño tan familiar. No habían pasado ni dos minutos cuando empecé a sentir otra vez las convulsiones de Silvia y empezó a caerme parte de la corrida en la boca y la otra parte en mi pecho. Silvia no podía mantenerse prácticamente de pie. Laura la echó para adelante y desde atrás empezó a comerle todo lo que alcanzaba que imagino sería parte del culo y parte del coño que no paraba de destilar. A los pocos segundos empezó Laura con unos chillidos que sin ser mi casa me hacían temer por los vecinos. Las contracciones de Laura me presionaron más aún la polla de lo que ya lo hacía la polla de Miguel y fue el detonante… Por la postura avisé como pude a Laura…
  -Laura me voy a correr…
  -No te preocupes, hazlo dentro. -me dijo Laura. -Con un poco de suerte Miguel también. ¿Cómo vas cariño?
  -Yo llevo un rato aguantando y estoy a punto.
 Seguidamente el coño y el culo de Laura junto con los gemidos de Miguel y mios empezaron a llenarse de leche como dudo que nunca se lo hubiesen llenado. Según nos habíamos corrido empezamos a recuperar el aliento y a desacoplarnos del enredo que habíamos formado. Terminamos los cuatro sentados en el sofá y bebiendo un trago de lo poco que quedaba de la copa porque prácticamente era todo hielo.
 Continuará…
 Nota: Es mi primer relato. Nunca antes había escrito. Pido comentarios al mismo tiempo que disculpas de errores que seguro he cometido. Sea como sea espero que les haya gustado. Saludos.

Por: edvox 
Comentarios a: morelectrica@hotmail.com

martes, 19 de diciembre de 2017

Paola quedó feliz con el masaje que le dio Gil.

A la mañana siguiente del estreno de Paola las señoras estaban preparando el desayuno, mi compadre y yo nos acercamos a la cocina a saludarlas para ver la cara de Paola que trataba de ponerse muy seria, solo las saludamos con un rápido beso en la mejilla. Cerraba los ojos y recordaba cómo me cogí a Paola pasaban las imágenes de como se la estaba cogiendo Gilberto, recordé como la miraba de cerca mi compadre cuando Toño se la estaba picando. En resumen. ¡Todos nos la cogimos!!... Quien la viera tan seria cocinando. Saqué unas cervezas del refrigerador pues la resaca estaba con todo, Paola prefirió un café negro cargado, mi compadrito se veía de muy buen humor le pregunto a su esposa; ¿te gustó el masaje Hindú que te dio Gilberto?... Paola le respondió con mucho aplomo. Sí me gustó mucho es el mejor masaje que me han dado... Mi esposa le entró al quite; parece que al que le gustó más fue a ti pues se nota que lo disfrutaste mucho cuando te acercaste a Gilberto y te pajeo la verga mientras tenía bien ensartada a tu esposa. Jajaja. Mi compadre reía apenado y Gaby lo remató; si quieres le decimos a Gil que te dé un masaje a ti, pues él no tiene tapujos. Jajaja. No muchas gracias así estoy bien, si ustedes no pueden no repartan. Jejeje. Desayunamos con unas miraditas cruzadas con algunas sonrisas al comentar algo picante. Se despidieron y se fueron a su casa.
Mi compadre me llamó el martes para comentarme; hablé con Paola de todo lo ocurrido y está feliz,  mi esposa está muy cambiada ahora todos los días cogemos como cuando éramos recién casados Paco estaba fascinado, nos invitaban a cenar para el día siguiente solo algo informal. Al día siguiente nos presentamos en su casa les llevamos un Pay de queso y una botella de cava. Paola está bellísima no sé qué les pasa a las damas cogelonas que irradian sensualidad. (O será mi mente cochina). Paola nos saludó con una sonrisa y me besó los labios, a Gaby le dio un fuerte abrazo y le beso las mejillas, mientras yo le daba a mi compadre un abrazo con un agarrón de nalgas que respingó. Servimos varios tragos y cenamos muy sabroso, empezó la sobremesa y Paola le preguntó a Gaby ¿Aparecieron mis Pantys?... Pues las perdí en tu casa la última vez. Jajaja. Gaby le respondió: El sospechoso es Toño pues a mí se me han desaparecido varias... Jejeje. Platicamos algunas anécdotas de la noche del sábado, más algunas preguntas que le hacía Pao a mi esposa a cerca de coger con varios tipos. Dice que estaba tan aturdida y caliente que no supo ni con quien cogió. Con todos le recalcó Paco.
Paco empezó a hablar como comentarista de deportes para dar el marcador final de esa noche. Paola se cogió cuatro cabrones, Gaby solo cogió dos cabrones, Susy se echó dos cabrones. Paola fue la ganadora del torneo. Jajaja. Gaby le reportaba igual: Paco se cogió dos coños y uno tiro se le fue al aire cerca del área chica. Jajaja. Total que los ganadores son Paola y Paco. Jajaja. La plática nos relajó y prendió a mi compadre empezó a decirle a mi esposa que si le podía tirar un penal pues con ella no hubo “partido” pues si Paola me ayuda con mi marido, Paola me sorprendió pues exclamó; con todo gusto comadrita yo me encargo de que me meta un gol. Jejeje.
Nos fuimos los cuatro a la recámara, mi compadre feliz caminaba en medio de las dos acariciándoles las nalgas al mismo tiempo. Paco puso una película porno en la TV. en la que dos mujeres le ponen una cogida tremenda a un tipo, mientras la veíamos estábamos desnudando a las damas. Ellas me recostaron en la cama y me bajaron los bóxeres se hincaron una a cada lado empezaron ¡dándome una mamada de campeonato!! A dos bocas se rozaban las lenguas como lo veían en la pantalla. Mientras mi compadre les acariciaba las nalgas y les alternaba unas mamadas en sus culos, luego le metía el pito a mi mujer, yo jale a Paola para hacer un 69 con ella y así podían seguir dándome la súper mamada. Le abría sus nalguitas respingonas de Pao y le corría la lengua de su culito a su coño que estaba bastante jugoso, me fui a mamarle su culito para  tratar de meterle la falange de mi dedo pero cada vez que iba entrando se movía para sacarlo.
Paola se giró para cabalgarme pero sus nalgas quedaron en la boca de mi mujer que de inmediato le mamaba el coño con desesperación. Pao sorprendida la volteaba a ver con ojos de plato se acomodaba mejor para que le siguiera mamando, Gaby tenía un orgasmo muy fuerte. Paola cuando ya estaba a punto del orgasmo se subió encima de mí, ¡mi esposa le centraba mi verga en su coñito! nos acariciaba con su mano el sexo de los dos. ¡Uff que rico se movía Pao mientras se venía con fuerza! Paco estaba en las nubes estrujando con fuerza las nalgas de mi esposa mientras le hacía un rápido mete saca, viendo con ojos de plato como le metía la verga a su mujercita, que se daba unos sentones tremendos mientras le estrujaba sus chichitas, mi esposa gritaba: ¡me voy a veniiiirr!! ¡métela toda!! ¡Hhaagghh que rico nos estamos viniendo!! ¡Tú lechita está muy caliente me quema rico!! ¡Uff que rico pero quiero más!!  Le pedía mi esposa.
Eso contagió a Paola que empezó con unas punzadas tremendas en su coñito se dejó caer en mi verga  se quedó quieta, grito con todo; ¡me estoy viniendo mucho!! ¡Ayy compadre que rico me estás cogiendo!! Le empezaron unas convulsiones en sus nalgas que las movía violentamente a cada lado con mi verga totalmente encajada, me empecé a venir muy dentro de ella cada vez que le soltaba un chorro de leche se le sacudían las nalgas, sus músculos vaginales me ordeñaban hasta la última gota. Nos quedamos descansando los cuatro en la cama, mi compadre estaba recostado entre Paola y Gaby le metía mano a la panocha de su esposa le salían los dedos llenos de mí esperma y se los embarraba en los pechos de su esposa mientras la besaba con lujuria. Un rato después mi compadre fue por la botella de cava mientras las damas fueron al baño.
Yo seguía recostado viendo la película porno que en ese momento empezaba una escena de dos tipos con una mujer que está buenísima. Cuando salieron del baño se quedaron hipnotizadas viendo la escena los tipos tenían unas vergas como la de Gilberto, se las mamaba con todo la chica que intentaba meterse las dos puntas a su boca pero no le entraban. Comentaban entre ellas ¿tú ya lo hiciste así?... Gaby le respondía yo he hecho de todo, es muy rico. Apuraron sus copas y nos pusimos mi compadre y yo a cada lado de Paola para que nos mamara la verga al mismo tiempo, ella tomó una en cada mano y nos corría la lengua como si fuera un helado luego me empezó a dar una mamada profunda muy fuerte hasta su garganta la sacaba y me pajeaba mientras le daba un buen chupete a la de su marido, las ponía en la entrada de su boca y nos corría su lengua entre los dos glandes nos restregaba una verga con otra.
Luego me empezó a cabalgar lentamente mientras se la mamaba a su esposo, Gaby le acariciaba las chichis retorciendo con placer sus pezones mientras le daba uno que otro chupete a la pija de mi compadrito, Paola tenía un orgasmo tremendo muy parecido a los de mi señora pues también se le convulsionan las nalgas. En la televisión ya estaban en una doble penetración, Gaby animaba a Paola mira que te la hagan igual es muy rico yo te ayudo amiga, mi mujer tomaba una botella de aceite para Bebe y se lo aplicaba a Paola, le hacía círculos con sus dedos bañados de aceite y poco a poco le metía un dedo mientras mi mujer le decía; ponte suavecita no muerdas solo disfruta como entra y sale. Uff... yo sentía como entraba el dedo de mi esposa en el culito de Paola y casi me corro del morbo.
Luego eran dos dedos, mi compadrito se empezó a preparar bañando su verga con aceite y se fue acercando al culito de su mujer, mi esposa fue retirando sus dedos respingando las nalgas de Pao le daba instrucciones de la postura que debía tomar, mi compadre le empezó a empujar la pija para adentro, Paola grita; !Me duele para!! Mejor sácalo... mi esposa le exclamaba ¡no lo saques espera un poco! El dolor se te va a pasar espera... Paco le hacía más presión y ¡se le fue para adentro!!... Los tres estábamos quietos, lentamente se lo fui metiendo todo, Paola empezó a jadear con mucha fuerza y mi compadre se empezó a mover lentamente nos fuimos alternando en el mete y saca, Paola estaba casi desmayada tenía unas punzadas muy fuertes en su coño y culo tenía un orgasmo muy largo que la hacía agitarse de lado a lado temblaba como si tuviera frío.
En eso mi compadre se la saca y grita ¡en la madre!! Sale corriendo al baño, mi mujer veía sorprendida el culo de su amiga pues le estaba sangrando, Paola se desprendió de mí y se fue al baño, yo estaba muy caliente y Gaby también, así que tomó el lugar de Paola me empezó a coger con todo, le estrujaba las tetas mientras movía sus magníficas nalgas de lado a lado, en eso salieron del baño los dos y les preguntamos cómo está Pao, muy bien no fue nada, ya se le paró la sangre debe de haber sido una venita rota.
Mi esposa se estaba luciendo con la cogida que me estaba dando, Paola la veía con ojos de lujuria y le comentó a su esposo mira que rico cogen parecen actores porno. Paco tomaba la botella de aceite y se la aplicaba abundantemente en la verga y se colocó por atrás de mi esposa y nos dijo; ¿me invitan?... de inmediato se la empujaba por el culo a mi mujer que lo recibió con un movimiento de nalgas exquisito. Cuando Gaby se comporta como puta profesional dando clases de putería a Paola me da mucho morbo, de inmediato me pone a punto de corredme, más los tallones de verga que me daba Paco a través de la delgada membrana que nos separa estaba haciendo esfuerzos por aguantar.
Pao se asomaba por todos lados para ver de cerca cómo nos estamos cogiendo a mi esposa. Sin decir más Pao se empieza a masturbar su clítoris mientras nos veía con lujuria, acariciaba a mi esposa desde las nalgas hasta su cabeza, cuando mi esposa voltea hacia ella Paola le planta un besote de lengüita, Gaby tenía el orgasmo del siglo pues le brotaban muchos líquidos de su panochita intentaba jadear con todo pero los labios de Paola no se despegaban de su boca. Para mí fue demasiado y le soltaba unos chorros de leche caliente veía como se estremecía, cuando terminaba sentí como mi compadre le inyectaba chorros de semen en su culito, Paco se la sacó y mi mujer se dejó caer a un lado de mí, Paola estaba frenética pues se recostó junto a mi esposa para seguirla besando con todo mientras le embarraba su panocha en un muslo de Gaby. Me levanté y fui al baño me estaba orinando mi compadre estaba terminando de mear cuando le pregunto ¿Qué le pasó a tu mujer?... Anda tan caliente que se va a coger a Gaby. Jajaja.
Pues te juro que soy el primer sorprendido, Paola ha estado muy caliente toda la semana, hoy con la película porno notaste en que forma veía cuando las chicas se besaban sus panochas como que eso la prendió mucho, pues vamos a salir lentamente sin hacer ruido para ver que están haciendo. Nos quedamos con los ojos cuadrados cuando vimos que Paola estaba sobre mi esposa con las piernas abiertas restregaba su panocha en el coño de Gaby pellizcando con todo los pezones de mi mujer, para luego besarse con una lujuria extrema pues trenzaban sus lenguas, Paola le mordía los labios y le acariciaba las mejillas para que los labios de mi esposa no se le escaparan. Nos servimos otra copa mientras seguíamos absortos viendo cómo se besaban, abajo de las nalgas de mi esposa había un charco de leche de los tres pues Gaby cuando está muy caliente se viene muy fuerte. 
Paco les empezó a decir que las queríamos ver en un 69, Paola le pregunto a mi esposa que si le gustaba, ella solo asintió con la cabeza y Pao se fue de inmediato a mamar con todo el clítoris de mi mujer que salía bañado de mi leche mientras le acomodaba sus nalguitas en la boca, la lengua de Gaby corría por toda la rajita de Pao que en cuanto sintió que la lengua de Gaby entraba en su coño tuvo un orgasmo muy fuerte jadeaba con todo mientras sus nalgas se le convulsionaban, mi esposa con una gran maestría le mordía el clítoris con sus labios eso hacía que las nalgas de Pao se le movieran de lado a lado con unos gritos tremendos ¡Haahhggyy me estas volviendo loca!!! ¡Ayy que me estás haciendo no paro de veniiirme!! La pepa de Paola entraba y salía de la boca de mi esposa como si fuera un pene. Me quedé sorprendido con el tamaño que le salía de su rajita. Paola le mordía la panocha a mi esposa mientras le metía dos dedos, le mamaba intensamente el culo y el coño salía leche de mi compadre y mía, mi mujer se revolcaba en la cama no sé si de dolor o de placer pero gritaba con todo.  
Lentamente sus respiraciones fueron normalizándose se giró Paola y quedó recostada junta a mi esposa que le acariciaba su espalda mientras Pao la besaba tiernamente en la boca, mi compadre y yo intercambiamos miradas con cara de sorprendidos, busque mi ropa y me vestí mi compadre solo se puso su bóxer y nos fuimos al comedor para servirnos una cuba, como media hora después aparecieron mi esposa y Pao vestidas, terminamos la copa y nos fuimos pues era muy tarde para ser miércoles nos despedimos. En el camino le pregunte a mi esposa ¿Qué te parece Paola?... Creo que le gusta estar más contigo que con los hombres. Jejeje. Gaby me respondió muy seria: Lo que tiene Paola es que fue abusada sexualmente por las monjas del colegio donde estudió, cuando era una niña fue violada y amenazada que sí decía algo Dios la podía castigar,  por eso está tan afectada eso explica su forma de ser.
Al día siguiente en la oficina Toño me dijo mira que cara traes vienes muy bien cogido ¿Verdad?... te invito a comer. Le platiqué que fuimos a visitar a los compadres y que nos la pasamos cogiendo, le platique con lujo de detalles todo lo ocurrido y me respondió; esa Paola no es una belleza como tu esposa pero que rico coge la flaca, vamos a hacer una cena el sábado en mi casa pásame el teléfono de tus compadres para invitarlos. Le di el teléfono le pedí; invitas a Gil para que le de otra repasada... Jejeje. Claro que sí, tres mujeres para nosotros tres nos acaban muy rápido, como son de calientes yo creo que aguantan a Gil y otros dos cabrones más. Jajaja.

 Long Horn

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cuidado con el Whasapp, te puedes equivocar de des

Hola morbosos  devoradores de relatos eróticos, os voy a contar la historia sexual y morbosa de la relación con mi pareja y de las situaciones que hemos pasado, pero antes de nada voy a describirnos para que tengáis una idea de cómo somos.
Carlos tiene 46 años, pelo oscuro y de 1.74cm de altura, constitución fuerte sin llegar a la exageración y bien formado, tiene bastante éxito entre las mujeres.
Yo tengo 42 años, pelo castaño claro rizado, ojos verdes y 1.70 de altura, por lo que cuando llevo tacones sobrepaso un poco a Carlos. Pero las verdaderas medidas que importan son las de mi cuerpo; 105c de pecho, o mejor dicho de Tetas, esas que hacen que hacen que inevitablemente los hombres se vuelvan a mirar, y más si encima vas con escote y sin sujetador. Mi culo, sin ser de gym se mantiene firme y con un ligero  sobrepeso, lo justo para excitar y atraer miradas. Los hombres me  dicen que soy muy voluptuosa y sexy, y las mujeres que soy una zorra y calienta pollas.
Dicho esto pasemos a la historia, abrir las braguetas, bajar las bragas y disponeros a leer "a una mano" mientras que leéis. Espero que os guste y que lo disfrutéis.
La vida sexual dentro de una pareja pasa por diferentes etapas, cuando eres joven y no ves ni el momento, ni el sitio donde follar y estas en celo permanente. Es una etapa en la que empezamos a conocernos y vamos perdiendo poco a poco las inhibiciones y ajustando los gustos del uno al otro, esto tiene el riesgo de exponer algo que no sea del agrado del otro y estropear esa relación que va creciendo alimentándose de juegos y morbo constante.
La otra es, que con el tiempo, el sexo puede volverse poco a poco monótono, calmado e incluso aburrido, aquí empiezan a aparecer las fantasías de una y otra parte que vuelven a dar el morbo y la excitación necesaria para seguir disfrutando.
Por lo general estas fantasías no pasan de ahí, uno le cuenta al otro las que tiene y que todavía no ha realizado. Esto casi empieza por una pregunta del uno al otro mientras se practica sexo. Carlos y yo empezamos así. Respecto a las fantasías que tenemos uno y otro son estas; a Carlos le gustaría veme con otro hombre, sobre todo bien dotado e incluso sin el estar el presente, que viniera bien follada y aun con restos de semen por mi cuerpo y así follarme él. Otra que tiene es la de verme en algún acto de Zoofilia a ser posible con espectadores, y también haciendo dogging en pleno campo con varios hombres a la vez.
Las mías, coinciden con las de él, y mi fantasía es hacerlas realidad. Hace poco cumplimos una que es la que a continuación os cuento. ___________________
Quien no ha tenido alguna vez un despiste y por error a mandado un mensaje de Whasapp a la persona equivocada, eso fue lo que me paso a mí, y que motivó todo lo que os cuento a continuación.
Me había quedado en casa mientras Carlos se acercaba a hacer unas compras al supermercado.
Cuando él está haciendo la compra, si me ha acuerdo de algo que hace falta le mando un whasapp.
A esto le añadimos un juego sexual que a Carlos le gusta mucho, que es que a la vez que le digo lo que tiene que comprar le tengo que mandar alguna foto subida de tono, y así, mientras que hace la compra nos vamos calentando hasta el punto que cuando llega a casa terminamos follando en la cocina o en cualquier sitio de la casa donde me encuentra, ya desnuda o con ropa.
El, al abrir el archivo procura que algún hombre que este por su alrededor la vea como por accidente. Esta historia empezó así.
- Carlos, trae leche, que sea Entera. (y a este mensaje lo acompañe de una teta por fuera del escote y sobre un vaso de leche por la mitad, como si lo estuviera  llenando yo).
-- Uff, madre mía........Carmen
Al poco rato.
-Tráete pepinos.
Y le mando una foto de primer plano de mi coño con un pepino que casi no me cabía. Este mensaje lo abrió cuando estaba en la bascula pesando y tenía un hombre mayor al lado esperando.
- A si seguro que no se te olvida, vaya con tu amiga, eso es hacer bien la lista de la compra,
Le dijo el hombre mientras que no quitaba ojo de la foto.
-Disculpa que haya mirado pero no he podido apartar la vista
- No es una amiga, es mi mujer.
-Joder, que suerte tienes. Tiene que ser muy guapa, por lo menos para no desentonar con lo que se ve.
- Si,  cierto. Es muy guapa.
-Carmen la próxima hazla que se te vea la cara.
-Ya verás que guapa es. Espera voy a hacer algo mejor.
Carlos me  hizo una videollamada, me tape con una toalla y descolgué.
-Destápate y muéstrame lo que hacías.
A mí me estaba calentando el morbo de la situación. Aparte la toalla y metiendo el pepino en mi coño comenzó a masturbarme entre gemidos, yo veía en su cara y de fondo gente a su alrededor que ni se imaginaba lo que sucedía. A él se le veía muy excitado. El pepino entraba y salía completamente lubricado por mis jugos entre los labios del coño.
De repente alejo un poco el teléfono y vi que había un hombre a su lado, mirando al teléfono con una cara de sorpresa mayúscula. Me tape inmediatamente y colgué.
-Porque has colgado, estaba muy bien lo que hacías.
-Estas loco me está viendo un tío que no conozco de nada.
-Pues eso es lo bueno, que no lo conoces. Venga déjanos verte un poco y cuelgo.
El hombre a su lado le instaba a que volviera a marcar.
-Solo un poco y cuelgo.
Restablecí la videollamada, ahí estaban los dos con las caras casi pegadas.
-Venga Carmen muéstranos tu cuerpo.
Pero no fui capaz y colgué.
El hombre se despidió de Carlos diciéndole que haber si lo veía más a menudo haciendo la compra, y que efectivamente era muy guapa y sexy.
Por un lado tenía un cabreo descomunal, como se había atrevido a exponerme de esa manera ante un desconocido. Pero me pudo más el morbo y el calentón y cogiendo el pepino comencé a masturbarme hasta conseguir que entrase casi por completo, solo sujetándolo con los dedos hasta que explote en un orgasmo salvaje. Y así me quede relajada en el sofá y todavía con el pepino en el coño.
Cogí el teléfono y me hice un selfi así como estaba, con las piernas abiertas y el pepino asomando de mi coño con restos de flujo esparcido por su superficie. Y se la mande a Carlos con el texto.
-"Mira como me has puesto Cabrón, cuando te pille te voy a dejar seco".
Al poco me entro un mensaje sin remitente, solo el numero de teléfono.
-Carmen, eres tú?
Me fije y el remitente era un teléfono que días atrás me dijo Carlos que guardase en mi teléfono, pues iba conduciendo y no podía anotar un teléfono que le estaba pasando su secretaria, era  de un compañero de trabajo. Yo lo anote pero sin poner nombre.
 Y sin querer debí seleccionarlo al mandarlo
No me atrevía a contestar, en el selfi tenía la cara echada hacia tras y no se me distinguía bien. Confié en que pensara que me había equivocado y se quedase la cosa así. Pero vi que estaba escribiendo y presa del pánico apague el teléfono.
Al cabo de un rato entro Carlos con la compra y dejándola en el suelo se me abalanzo encima. Al lado mío estaba todavía el pepino manchando de jugos la tapicería del sofá.
- Esto ya no lo vas a necesitar, me dijo Carlos. Y se lanzo a comerme el coño, mientras que con su lengua separaba mis labios y la introducía en mi vagina. Yo estaba en otro mundo, evaluando lo que había pasado y si contárselo o no. Cabía la posibilidad de que no me creyera y pensase lo peor.
Carlos se aparto un momento dejando de chupar mi clítoris y diciéndome.
-Antonio me ha llamado diciéndome que tenía un mensaje de Whasapp que cree que es tuyo, que si querías algo?. Es el compañero que tu anotaste el teléfono el otro día.
Mi corazón latía a toda prisa.
-Yo no le llamado ni mandado ningún mensaje, que es lo que le ponía el ms.
No me lo ha especificado, dice que el teléfono no lo tenía en su agenda pero que en el archivo adjunto que le llego, que es una foto, ha creído reconocerte.
Si en vuestros comentarios veo que os gusta la historia, os iré haciendo entregas. Si no es así la tiraremos a la papelera.
Un beso morbos@s.

 Carmen

Mejillones para cuatro

Al llegar a cierta edad, en el terreno sexual, es renovarse o morir. Este es el caso de un amigo mío, pero os lo voy a contar en primera persona.
El verano pasado había llevado a mi esposa a la terraza de un bar. Ella tiene 60 años, es de estatura mediana, delgada, ojos castaños, pelo corto y negro, tiene un gran culo, unas grandes tetas, caderas anchas y cutis bien cuidada, aparenta cuarenta y pocos. Vestía unos vaqueros, una blusa verde y playeras. Vestía totalmente informal. Yo tengo 62 años y los aparento. Mido 1.70. Soy delgado, tengo el pelo canoso y dicen que soy del montón. Vestía unos vaqueros y una camiseta apretada. No es que tenga grandes pectorales, pero ahí andamos.
Sentados a la mesa de enfrente, a escasos dos metros, estaba una pareja de jóvenes ingleses de estatura elevada. Rubia de melena larga ella, rubio de pelo corto él. De ojos azules ella, de ojos azules él. Guapo él y preciosa ella. Vestían camisetas blancas de tiras, en la de la joven se marcaban unos grandes pezones sobre unas tetas redondas algo más grandes que las de mi esposa. En la del joven la tableta. Él llevaba unas bermudas y unas playeras, ella unas playeras y un short que dejaba ver sus perfectas y largas piernas. Eran Jenny y Johnny. La noche anterior, Johnny me hiciera saber que a su mujer le gustaba yo, y que a él le gustaba mi mujer. Me preguntó si me apetecía hacer un "change", o sea, un cambio de pareja. ¡Vaya si me apetecía! Pero mi esposa era de las chapadas a la antigua... Un solo hombre y hasta que la muerte nos separe. De todas formas, hice lo que me dijo Jonny, llevar a mi esposa a la terraza. Lo bueno empezó cuando me dijo mi esposa:
-José, no mires, pero esa chica de enfrente creo que me quiere seducir.
-¿Qué hace?
-Me mira a los ojos. Sonríe. Se pasa un dedo por los pezones y luego lo va bajando hasta llegar... alli.
-¿Te gusta?
-No. Sabes que no me gustan las mujeres.
-Pues no mires para ella.
-Ahora se está chupando un dedo, y me mira, y sonríe....
-Y que guapa es, ¿no?
-Sí. ¡No! Bueno sí, pero...
-¿Te gusta ese juego de seducción?
-No, sí. Es halagador.
-Sonríele.
-Calla que v¡ene hacia aquí.
Jenny llegó junto a mi esposa, le dio una tarjeta, y le dijo:
-Necesitamos dinero para poder seguir de vacaciones.
Mi esposa cogió la tarjeta. La leímos. Ponia: JENNY AND JOHNNY - EROTIC MASSAGES, y debajo había un número de teléfono. Mi esposa, ofendida, o haciéndose la ofendida, me dijo:
-¡Mira para que me intentaba seducir!
-Busca clientes.
-¿Pero por qué yo? Mira que ropa llevo.
-Le gustas. La mujer atractiva lo es con unos trapitos o con un vestido de princesa.
-Tengo 60 años, José.
-Eso lo sabemos tú y yo.
Jenny y Jonny, pagaron su cuenta, se levantaron, nos sonrieron y se fueron. Mi esposa le miraba el culo a ella o a él. Quise saber a quien se lo miraba.
-Vaya culito tiene la rubia.
-Tiene, tiene. ¡¿Qué haces tú mirándole el culo a otra mujer?!
-¿Y tú? 
-No se lo iba a mirar a él
-¿A lo mejor es él quien da los masajes?
-¿Tú crees?
-Será a gusto del cliente, supongo.
-Vamos a olvidar el cuento.
Pensé que iba a romper la tarjeta, pero para mi sorpresa,  la guardó en el bolso.
Aquella noche, en cama, me preguntó:
-¿En dónde me daría el masaje?
-Esta cama es un buen sitio.
¿Qué te crees que ne haría?
-¿Ella o él?
-Ella.
-Supongo que hacerte cosas para que disfutes.
-¿Mirarías como gozo?
-Si se puede, sí.
-¿Te masturbarías?
-Si estoy presente y se puede, sí.
-Es tentador, pero no sé, no sé.
-Cierra los ojos.
-¿Para qué?
-Ciérralos.
Mi esposa cerró los ojos.
-Imagina a esa belleza con tus tetas llenas de aceite entre tus manos, las acaricia, las aprieta, aprieta los pezones.. Te masturba, te mete un dedo, dos... ¿Lo estás imaginando?
Mi esposa me respondió casi con un suspiro.
-Siiiiii.
Imagina que sientes su aliento en tu almeja abierta... Sus dedos llenos de aceite acarician tu clítoris... Otra vez el aliento. Su boca se acerca...
Mi esposa me iba a sorprender.
-José.
-¿Qué?
-¿Me la comes!
No me lo tuvo que pedir dos veces. Sin besar sus labios. Sin acariciar sus grandes tetas. La destapé. Le cogí las nalgas con las dos manos. Metí mi lengua entre los labios de su almeja y lo encontré como 40 años atrás cuando se lo comí por primera vez, chorreando. Se lo comí... No aguantó nada. Se moría por correrse. Gimiendo, me cogió la cabeza con las dos manos. Era la señal para que no parase de lamer. Aceleré los movimientos de mi lengua sobre su clítoris. Se puso tensa. Apretó mi cabeza con sus piernas y se corrió jadeando como una loca. No se había corrido en mi boca, se haba corrido en otra, se había corrido en la boca de Jenny.
Aún tardó mi esposa una semana en dar el paso, pero al fin se decidió. LLamó a Jenny y le preguntó por el precio del masaje. Jenny le dijo que ya estaban mejor y que la primera vez iba a ser gratis.
Esa misma tarde llegó Jenny a casa. No puso impedimentos para que yo mirase ni para que me masturbase. Lo que no podía hacer era intervenir en el masaje.
Fuimos a la habitación de matrimonio. Me senté en una silla. Jenny, le djo a mi esposa:
-Desnúdate y échate boca arriba en la cama.
Mi esposa se desnudó y se echó sobre la cama. Jenny se había quitado el short, la zapatillas, los calcetines y la camiseta y se quedara en bragas y sujetador. Cogió de encima del aparador el paño blanco y el aceite de masajes con esencia de mandarina que le haba dicho a mi esposa que comprara. De pie, al lado de la cama, le tapó los ojos a mi esposa con el paño y vertío aceite sobre su vientre y sobre aquellas grandes tetas, con areolas negras y bellos pezones. Masajeó, muy, muy lentamente el bajo vientre, la costillas y las tetas... al llegar a las tetas las masajeaba con movimientos circulares, una, y otra, y otra vez...
Masajeó los pezones, detenidamente, apretando, acariciando, pellizcando...
Masajeó el depilado monte de venus y el contorno de la almeja...
Jenny se subió encima de mi esposa. Derramó más aceite sobre el ombligo y sobre las tetas. Volvió a masajear vientre, costillas y tetas...
Quité la verga, tiesa como un palo, y comencé a masturbarme, muy, muy lentamente, a la mima velocidad que las nanos de Jenny recorrían el cuerpo de mi esposa.
Jenny, ahora, masajeaba las tetas de mi esposa y las apretaba con las dos manos, primero una, después la otra, las dos juntas, y esto hacía que los pezones, duros y de punta, pareciesen astas de toro que desafiaban al techo. Estuvo así largo rato, después bajó, echó aceite sobre el monte de venus y sobre la raja, masajeó el monte de venus y pasó un dedo por la raja sin llegar a tocar los labios de la almeja...
Tuvieron que pasar unos diez minutos para que mi esposa soltase el primer gemido. Quitó el paño de los ojos y miró a Jenny y me miró a mí. Su cara era de felicidad.
Jenny se quitó el sujetador. Sus tetas eran grandes, redondas y duras, con tremendas areolas rosadas y grandes pezones. Echó aceite en las tetas y se las masajeó despacito mientras miraba para mi esposa. Luego fue reptando y masajeando con sus tetas desde el monte de venus hasta las tetas de mi esposa. Sus labios y los de mi esposa se quedaban a milimetro pero nunca se llegaron a rozar. Masajeó teta con teta, pezón con pezón...
Se sentó al lado de mi esposa. Le abrio las piernas y le masajeó los muslos y el clítoris...
Le apretó la almeja con dos dedos y le echó aceite. Le masajeó el clítoris...
Mi esposa no paraba de gemir. Cuando estaba a punto de correrse, le dijo:
-Date la vuelta.
Mi esposa se dio la vuelta. Jenny le puso una mano debajo de la almeja, y después, desde un metro de altura, derramó aceite entre sus nalgas.
Masajeó el periné y el ojete con tres dedos y la almeja con los dedos y la palma de la otra nano...
Le metió y le saco del culo un dedo, dos, tres...
Le metió dos dedos en la vagina y con otros tres le masajeó el clítoris...
Jenny se volvió a subir de nuevo encima de mi esposa, esta vez dándole el culo. Echó aceite en el ojete y con el pezón de una teta le folló el culo mientras le masajeaba los labios de la almeja...
Mi esposa ya se deshacía en gemidos. Jenny sabía que se iba a correr cuando ella quisiera, y no la hizó esperar más. Sin masajear sus piernas y sus pies, le metió tres dedos en el culo y otros tres en la almeja. Mi mujer comenzó a mover el culo y un chorro de flujo salió disparado de su almeja, y luego otro, y otro, y otro... Le había encontrado el punto G, cosa que yo nunca habia conseguido. Me corrí al ver tanta maravilla, y mi esposa, mi esposa, se corrió con tanta fuerza que se desmayó y tardó más de dos minutos en recobrar el conocimiento.
Continuará.
Se agradecen los comentarios buenos y malos.
  
QUIQUE 
capalo.33@gmx.es

martes, 2 de febrero de 2016

Los celos

Marta, caminaba hacia casa pensando en lo último que la había dicho su nueva amiga, y divertida trató de imaginar la reacción de su esposo y aunque llevan tres años casados fue incapaz de asegurar cual seria.
La recibió como siempre muy cariñoso, cenaron deprisa y se acostaron pronto; a Marta le encanta hacer el amor y Carlos se considera afortunado al no tener que perseguirla para hacerlo.
Marta es una mujer simpática amable muy agradable aunque para Carlos le falta “algo” tiene un rostro precioso y un cuerpo estilizado, bonitas piernas, el culo prieto y no demasiado abultado pero poco pecho y eso lo echa de menos; a Carlos le chiflan las tetas grandes y no puede contenerse, cuando pasa cerca de una “pechugona” ha de mirarla, suele hacerlo con disimulo y solo Marta se da cuenta.
Las manos de Carlos cubrían las tetas de su mujer y esta movió sus caderas hasta que se corrió, aunque él continuó jugando con ella hasta satisfacerla; generalmente ella trataba de retrasar el momento para llegar en un par de ocasiones antes de que lo hiciera él pero esa noche estaba despistada; se tumbaron de espaldas y mirando al techo con las manos entrelazadas ella preguntó.
— ¿Somos celosos?
Carlos, sorprendido, preguntó a su vez.
— ¿A qué viene esa pregunta? ¡No! No somos celosos, al menos yo no lo soy.
— Esta tarde, cuando ya bajaba del autobús Teresa me lo ha preguntado y no he tenido ocasión de saber porque lo quería saber.
— Puedes decirle que ¡No! Porque imagino que tampoco lo eres.
— No lo soy, aunque les mires las tetas a todas las mujeres que las tienen más grandes que yo.
Sobre eso habían hablado muchas veces sin darle importancia, Incluso si alguna vez era ella quien divisaba a una tetona le avisaba para que no se la perdiera.
Marta se giró para encararse a su marido y entornó los ojos; él supo lo que venía a continuación y trató de relajarse aunque en cuanto ella llevo sus labios a su verga, el pobre hombre se rindió al capricho de su esposa que disfrutaba haciéndole verdaderas filigranas llevándolo una y otra vez al límite hasta que le permitía terminar, pajeándole con sus pequeñas tetas que a pesar del tamaño manejaba con maestría y ese detalle es lo que a pesar de pequeñas las hacían atractivas a los ojos de Carlos.
Por la mañana marcharon a trabajar por separado y cuando por la tarde las amigas se encontraron Marta confesó a su amiga que ¡no! No eran celosos y quiso saber a qué venia la pregunta; se sentaron en una terraza y tomando un refresco le contó su idea.
— Nosotros, de vez en cuando jugamos a un juego al que llamamos “sin celos” que es muy divertido si los participantes son sinceros y realmente no son celosos; son varias fases y la primera consiste en estrechar la amistad; solemos, salir a cenar y bailar luego, o cenar en casa y salir a bailar, o cenar y bailar en casa; tenemos una casita con jardín que nos da intimidad al no tener a ningún vecino al lado que oiga lo que pasa dentro; háblalo con tu marido y me cuentas.
— Sé que hay algo más. Cuéntame alguna de vuestras experiencias. ¿Cuántas veces lo habéis hecho?
Teresa la miró divertida y se aproximó un poco más antes de hablarle.
— En total hemos contactado con cinco parejas; tres de ellas no fueron sinceras y lo cierto es que ellos si eran celoso, pero con las otras hemos repetido tres veces con cada una en los dos años que llevamos jugando a esto y queremos incorporar alguna pareja más.
— Una cosa más. ¿Hasta dónde llegáis? Porque imagino que el asunto no se quedará en el baile.
Esto lo dijo Marta con la mirada chispeante y una sonrisa pícara.
— Seré franca porque es la única forma de que las cosas funcionen, aunque no tienes porque contárselo todo a tu marido y así creerá si llegamos a algo que ha sido un logro por su parte, tampoco yo se lo diré al mío como he hecho hasta ahora; a las mujeres se nos da mejor esto de maquinar para que las cosas funcionen a nuestro gusto.
— Con la primera pareja que lo intentamos tuvimos mucha suerte, cenamos fuera y fuimos a bailar en una sala de fiesta; después de que se calentaran bastante le pidió a Raúl que la llevara a un sitio tranquilo y nos vinimos los cuatro a nuestra casa; al principio, el marido se contentó en ver como Raúl la desnudaba mientras bailaban y cuando se echaron en el sofá, el tipo me tendió la mano y preguntó.
< ¿Podemos imitarlos? Me gustan tus tetas y todo lo demás.
— Pasamos una noche inolvidable y las otras veces que nos encontramos el asunto fue mucho más fluido; después de cenar marchamos cada pareja a una habitación hasta la mañana siguiente.
— Con las otras parejas como ya tenía experiencia hice lo mismo que estoy haciendo contigo; les conté a ellas lo que esperaba del encuentro para evitar sorpresas, aunque llegado el momento crucial con tres de ellas fracasó el juego, solo llegamos a inocentes sobos y algunos besos, pero en cuanto quisimos progresar un poco más se escandalizaron y sin enfadarnos se fueron; por fortuna fueron la segunda cuarta y quinta; con la tercera obtuvimos un rotundo éxito y con vosotros que sois la sexta sé que también lo será.
Marta la escuchaba embelesada aunque tenis los pezones endurecidos y se sentía mojada al imaginar el cuadro, ella follando con un casi desconocido y su marido mirándola de reojo mientras se lo hacía con otra.
— Por lo que me has contado, tu marido es una fiera que no te deja a sol ni a sombra y eso me gusta; Raúl es fogoso pero parece que mis pechos no le obsesionan como a la mayoría de los hombres incluido el tuyo, que cada vez que coincidimos es incapaz de disimular la atracción que siente por ellos, en cambio el mío me ha comentado en más de una ocasión lo que haría con una mujer “como tú” si pudiera tenerla y es que nuestras amigas, sin ser tan tetonas como yo van bien servidas.
Con sincera curiosidad Marta preguntó, ¿Por qué buscáis a otras parejas si tenéis dos con las que os entendéis?
Sin pensarlo ni un instante Teresa respondió.
— Para evitar los conflictos que pueden surgir si alguno se encapricha de la pareja de otro, a fin de cuentas somos humanos y estamos jugando con fuego; comprende que estamos disfrutando de “eso” que no nos dan nuestras parejas. ¡Cumpliendo una fantasía!
— Háblalo con tu marido y ya me comentas lo que decidáis aunque tengo muy claro lo que opinas.
Tenía mucha razón, Marta haría lo imposible para “dejarse convencer” por su marido y acceder al juego.
Sin ahondar mas en el asunto charlaron de otras cosas sin importancia y al rato se despidieron; en la mente de Marta bullían un montón de ideas que no pensaba compartir con su marido. Llegó a casa y como cada día cenaron temprano y antes de acostarse Carlos preguntó.
— ¿Hablaste con tu amiga? Me gustaría saber porque le interesaba si somos celosos.
Marta le contó la parte de su conversación que considero oportuna y añadió.
— Si te parece podríamos quedarnos en casa para cenar y bailar, y si además de mirarle las tetas se las tocas no me enfadaré; lo tomaré como parte del juego y recuerda que lo llaman “sin celos” aunque he de saber si tú soportaras la posible contrapartida.
Carlos abrazó a su mujer y murmuró en su oído.
— ¡Hasta donde nos lleve la noche! Asumiremos lo que suceda hasta las últimas consecuencias y pase lo que pase recuerda. ¡Te quiero! ¡Nos queremos! Eso no lo cambiará nada ni nadie.
Esa noche hicieron el amor con mucha más intensidad que otras y es que los dos fantaseaban con lo que sucedería en ese encuentro y cuando rendidos se dieron por satisfechos, se miraron unos instantes y comenzaron a reír descontroladamente; ambos sabían lo que les había impulsado y al fin Carlos pudo decir.
— Si esto ha sido solo por suponer; imagínate lo que será cuando haya algo real en que pensar, ahora solo falta que todos sea como suponemos pues de otro modo sería una gran decepción, aunque como idea es francamente brillante.
Carlos había visto a Teresa en varias ocasiones y estaba obsesionado con sus pechos; imaginó lo que sería jugar con semejantes joyas.
Marta conoció a Raúl el mismo día que a Teresa y sabía que es alto, guapo y sobretodo ardiente y además que le llamaban la atención sus tetas pequeñas que eran su arma secreta, la destreza para alojar entre ellas una verga por grande que fuera y hacer diabluras con ella.
Se durmieron abrazados como siempre. Marta pasó la mañana inquieta y en cuanto vio a su amiga se colgó de su brazo para explicarle lo hablado con su marido; aceptaban pasar la velada juntos y si les parecía bien lo harían en su casa, de esa forma podían tomar alguna copa de más sin preocuparse por conducir.
Quedaron para ese sábado noche y Carlos insistió en llevar tres botellas de espumoso Brut Natura de Freixenet y un ramo de flores; llegaron temprano y después de las presentaciones las mujeres fueron a la cocina a cuchichear y ellos se quedaron en el salón; para romper el hielo Carlos preguntó qué tipo de música tenían y Raúl respondió.
— Tenemos de todo tipo, pero a Teresa no le gustan los movidos y a mí no creas que me entusiasman, de todos modos ellas mandan como siempre.
Salieron de la cocina con unos sabrosos platillos que tomaron con cerveza muy fría charlando de asuntos sin importancia; al terminar pasaron al salón, Raúl descorcho una de las botellas que ya se habían enfriado y brindaron “por la amistad”; como siguiendo un guión los hombres comenzaron a hablar sobre la pareja y las diferentes formas de mantener la chispa; aprovechaban cualquier oportunidad para rellenar las copas de las féminas que alucinaban al comprobar, que en lugar de intentar tener razón a cualquier precio como solían hacer sus maridos coincidían en casi todo; Marta se dio cuenta de lo que planeaban y decidió dejarles hacer, así que cuando Teresa se demoraba en beber la animaba arrimando su copa para chocarlas antes de tomar otro sorbo; terminaron la segunda botella y a excepción de la primera ronda para el brindis, el resto la tomaron ellas exclusivamente.
Estaban todos muy animados, Teresa puso música y tomando a Marta de la manos se pusieron a bailar, chismearon algo y sonriendo hicieron gestos a los hombres para que se acercaran; escogieron al marido de la otra y comenzó la fiesta.
Carlos, apoyó las manos en la cintura de Teresa que vio como este miraba sin disimulo el simpático canalillo que se abría entre sus pechos; lo atrajo un poco hasta chafar sus pezones en el pecho del hombre que notó como su excitación crecía, un poco más allá Marta y Raúl se miraban a los ojos y él permanecía con las manos en las caderas de ella que se pegó a su cuerpo; quería notar su “humanidad” y lo estaba logrando; entonces Teresa musitó al oído del embelesado Carlos.
— En cuanto apague la luz esos dos se besaran. ¿También lo harás conmigo?
Sin esperar respuesta alargó la mano y le dio al interruptor; quedaron dos pequeñas lamparillas en las esquinas del salón que solo servían para evitar chocar con los muebles; Teresa agarró la cabeza de su pareja y comenzó a mordisquear sus labios con desespero; él no se amilanó y sin prestar atención a lo que hacía su esposa se enfrascó en esa incruenta batalla en la que no hubo perdedor, ambos vencieron y al llevar sus labios al cuello de ella, le dio la vuelta para poder atrapar sus tetas con ambas manos estrujándolas hasta oírle decir.
— Afloja un poco, nadie te las va a quitar.
Desabotonó la blusa para evitar que arrancara los botones y soltó el cierre delantero del sujetador para que Carlos pudiera disponer a su antojo de esa tetas que le fascinaban; llevó sus manos atrás para acariciar ese bulto que se apretaba contra su culo y poco después se dio la vuelta y le sacó la verga que comenzó a acariciar; se sentaron en un sofá sin prestar atención a lo que sucedía un poco más allá.
Marta tenía el vestido por la cintura y Raúl uno de sus pechos completamente dentro la boca mientras un par de dedos hurgaban en su vagina haciendo que cabeceara a los lados y desesperada tiró de sus codos para que se enderezara y al mirarse a los ojos exigió.
— Llévame a vuestra cama; no quiero continuar aquí porque me da vergüenza que me vea mi marido.
En realidad, lo que necesitaba era un amplio lugar para maniobrar y el sofá estaba ocupado.
Raúl la elevó con facilidad atravesando el salón ante los ojos velados de sus respectivas parejas que les llevaban ventaja; Carlos había puesto de lado a la mujer y la estaba taladrando sin piedad, al tiempo que jugaba con sus pechos que eran su fijación.
Marta, mucho menos borracha de lo que los hombres imaginaban se dejó hacer y Raúl demostró ser un gran amante, que además de hacerla llegar con facilidad en varias ocasiones supo racionarse para evitar correrse y de ese modo darle la oportunidad de lucirse, al sorprenderlo haciéndole una paja cubana con sus pequeñas tetas y la inestimable ayuda de esos carnosos labios que junto con la juguetona lengua lo hicieron enloquecer.
Agotados sobre la cama vieron aparecer a sus respectivas parejas que sonrientes se acomodaron a su lado y Teresa con voz burlona exigió.
— ¡Quiero que hagáis un bocadillo conmigo! Me gustaría que Marta observara y si le gusta lo que ve después la complacéis a ella a no ser, que tenga capricho en ser la primera en cuyo caso le cederé el turno.
Marta hizo un gesto y se apartó hasta una butaca, se quedó contemplando como ese par de sátiros que era la primera vez que estaban juntos se acompasaban como una perfecta máquina para “destrozar” a Teresa que se sacudía en medio de un rosario de espasmos; a pesar de la mucha atención que puso, le fue imposible saber cuántos orgasmos empalmó, pero cuando ellos se dieron por satisfechos tubo que ayudar a su amiga a permanecer en pie al acompañarla al baño.
Al salir, los hombres continuaron jugando con los pechos de sus nuevas compañeras quizá para mantener la excitación y respondiendo a un gesto de Teresa ambos se dedicaron a besar y acariciar el cuerpo de Marta que se dispuso a recibir su “suplicio” que no tardó en llegar; en pareja no solían practicar sexo anal, aunque ella había disfrutado mucho por esa parte con su ex que era de ascendencia marroquí, y quizás por ello se sintió cómoda al notar como la enorme verga de Carlos invadía su retaguardia.
Desde que comenzó a practicar sexo era la primera vez que le hacían una doble penetración y resultó ser una grata experiencia; se besaba con Carlos mientras Raúl, sujetando sus pequeñas tetas la taladraba con potentes embestidas que la “desclavaban” de su esposo que se esforzaba por seguir el ritmo y es que Raúl se está esforzando para hacer esa experiencia inolvidable, consiguiéndolo con creces.
Cuando ambos se corrieron llenándole las entrañas, marcharon al salón a tomarse una “merecida” copa mientras Teresa se tendía junto a su amiga que encarándose a ella y entornando los ojos musitó.
— Vamos a darnos ese homenaje que merecemos y que estamos deseando desde que nos vimos por primera vez; estoy sucia aunque no creo que te importe.
Marcharon juntas al baño y después de una larga ducha no exenta de besos roces y caricias, regresaron a la habitación que fue testigo de la mayor demostración de ternura y sensualidad que solo dos mujeres pueden inventarse para gozar.
©PobreCain

Intercambio con una pareja de amigos

  Me llamo Juan,  tengo 34 años, mido 1,90 y peso 85 kg, hago deporte habitualmente y tengo buena percha. Mi pelo es moreno y corto, he ganado en atractivo con los años. Soy ingeniero industrial y tengo un buen puesto en una empresa importante a nivel nacional. Estoy casado con Victoria, ella es una mujer guapa de 32 años, mide 1,70 y pesa 70 kg, está rellenita, es rubia, simpática y muy divertida. Llevamos juntos 7 años y nos llevamos muy bien. Tenemos un hijo de dos años que es fantástico y nos tiene locos, ahora nuestra vida gira en torno a él, así que apenas salimos los fines de semana, aunque tampoco nos importa demasiado.
                Tenemos una pareja de amigos con la que nos llevamos muy bien y nos vemos con cierta frecuencia, se llaman David y María. Él tiene 35 años, mide 1,80, es rubio con los ojos verdes y bastante delgado, nos conocemos desde siempre y es uno de mis mejores amigos. Ella tiene 33 años, mide 1,70 y es morena, tiene unos ojos negros y grandes preciosos, es delgada y muy guapa. Ellas se conocieron por nosotros, pero hicieron muy buenas migas, y se llevan como amigas de toda la vida. Hacen muchas cosas juntas:  van de compras,  toman café, clases de sevillanas, etc…
                Hace un par de semanas mi mujer y yo decidimos salir el sábado por la noche, ya que llevábamos varios meses sin salir. Le pregunté si se lo decíamos a David y María y aceptó. Así que le mandé un mensaje por whatsapp a David y le pregunté si se venían. Me dijo que estaban un poco mal de dinero, pero si queríamos podíamos ir a su casa a cenar, como habíamos hecho montones de veces. Le dije que sin problema, luego se lo comenté a mi mujer, a quien le pareció buena idea.
                Llegó el sábado y dejamos al niño en casa de mi suegra, así no tendríamos preocupaciones y podríamos estar allí el tiempo que nos apeteciera. Llegamos a su casa puntualmente a las 21 y llamé al telefonillo:
-          Abra la puerta, ¡policía! – le dije de coña
-          Te has equivocado, ¡los que venden droga son los de al lado! – dijo David siguiendo la broma.
-          Me da igual, abre la puerta joder – dije riéndome.
-          Venga vale – dijo antes de abrir la puerta.
Subimos por el ascensor y nos abrieron la puerta directamente sin llamar. David iba vestido con vaqueros y camisa, igual que yo, María estaba con un vestido negro corto precioso, dejaba ver su escote y tuve que hacer un esfuerzo para mirarle a la cara y no darle un repaso de arriba a abajo, estaba radiante. Mi mujer Victoria iba con unos pantalones negros ajustados y una camiseta de tirantes verdes, a través de la cual se le notaban perfectamente las tetazas que tiene.
Pasamos hacia el interior y le di a David dos botellas de vino que había traído para la cena:
-          ¡Joder! Puedes vamos a ponernos finos porque tenía preparadas un par de botellas que me ha regalado un compañero del trabajo – dijo David.
-          Bueno, haremos lo que podamos. Si no podemos con ellas, las dejamos para otro día – contesté.
Las chicas se fueron a la cocina a terminar los preparativos para la cena. Mientras, yo me fui con David al salón a ver el final del partido que echaban esa noche, y a ponernos al día con nuestras cosas: trabajo, la mujer, etc… Mientras hablábamos vino María con un par de cervezas y unas aceitunas para nosotros.
-          María, voy a ponerte un monumento. ¿Por qué te casaste con este y no conmigo? – le dije entre risas.
-          Eso digo yo – dijo David mientras nos reíamos los tres.
-          Pero que tontos sois- replicó María.
María volvió a la cocina, y Victoria salió al momento indicando que ya estaba la cena. Me asomé a la cocina a ver que había y la verdad es que había preparado una cena cojonuda, y así se lo dije.
Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Todo estaba buenísimo, y junto al vino y las risas continuas que teníamos, lo estábamos pasando como nunca. Fueron pasando las horas, los platos e iban cayendo las botellas de vino. Cuando nos quisimos dar cuenta se terminó la cuarta botella.
-          Daviiiiid, ¿y tú querías despacharnos con dos botellitas? – le dije
-          Es que os habéis pasado, joder. ¡Mira estas cómo van! – contestó
Ninguno somos de beber mucho, sólo lo hacemos cuando salimos o cuando nos juntamos con amigos. Así que tras bebernos las cuatro botellas, íbamos bastante contentos. A estas alturas, cualquier tontería que se decía era motivo de risas durante minutos.
        Estábamos terminando el postre y vi que tenían el juego de trivial encima de un armario:
-          ¡Anda tenéis ahí el trivial! Hace años que no juego, pero creo os ganaría fácilmente… - dije entre risas.
-          Ya te gustaría – dijo María.
-          Os lo demuestro cuando queráis, aunque antes se me daba mejor. Ya lo de historia, arte, etc… se me ha olvidado un poco…
-          Anda cazurro, tú no aciertas ni dos – dijo mi mujer.
-          ¡Si quieres sacamos el infantil para que aciertes alguna! – añadió María. Se empezaron a reir.
-          A ver… tú y tú – dije señalando a Victoria y María, ¡a fregar! Haced lo que realmente se os da bien y dejadnos a los hombres jugar tranquilos – dije mientras David y yo nos tronchábamos de risa.
-          ¡Bueno lo que ha dicho! – dijo María
-          Esta noche te quedas sin mojar por listo – dijo Victoria, dándome con el codo en las costillas.
Verlas como se picaban nos provocaba que nos riéramos aún más, aunque sabían que lo decíamos en broma. Cuando nos calmamos un poco les dije:
-          A ver chicas, para aclarar este tema y dejar claro que somos más inteligentes y cultos que vosotras, vamos a echar una partida de hombres contra mujeres, ¿qué os parece?
-          Claro que sí, y cómo ganemos vas a fregar los platos un par de semanas por listillo – dijo mi mujer.
-          Y  tú también – dijo María mirando a David. Y además os vendréis a las clases de sevillanas un par de semanas
-          ¡Qué va! Lo de las sevillanas es demasiado – dijo David. Los dos odiábamos bailar sevillanas.
-          Pues entonces vosotras… - me detuve a pensar
-          Vosotras para celebrar nuestra victoria, os tenéis que quedar en tetas y cantar oeeee,oeeee, oee, oeeee… - dijo David. Yo mientras me partía de risa.
-          Si queréis podéis poneros un quesito del trivial en los pezones para tapar un poco… - dije entonces.  El ataque de risa que teníamos David y yo era brutal.
-          Vaya dos gilipollas – exclamó María.
-          Es que me dan ganas de aceptar para cerraros la boca y que os jodáis dos semanas en sevillanas – dijo Victoria.
-          Tía, vamos a  jugar que los ganamos – dijo María. Además, su castigo es peor que el nuestro…. – añadió en voz baja.
Cuando escuché eso, sentí un latigazo en la polla. Había posibilidades de verle las tetas  a María. Aunque no eran muy grandes, tendría una 80 o 85, las tenía bien puestas. Viendo la cara de David, supuse que también estaba deseando ver las tetas de mi mujer. Finalmente aceptaron, se notaban los efectos del vino.
Le dije a David que se sacara unos copazos para amenizar la partida. Al minuto volvió con 4 copas, hielo, refrescos y de alcohol ron y whisky. Mientras preparábamos las fichas se iban llenando las copas, una vez todo listo, comenzó la partida.
Poco a poco la partida iba avanzando y la situación iba muy pareja. A ambos equipos nos faltaba sólo un quesito, quien lo consiguiera antes ganaba la partida. Era el turno de los chicos, y caímos en la casilla de quesito amarilla, era el que nos faltaba, y la pregunta era de historia.
-          A ver chicos… si acertáis ganáis… pero es de historia y fallareis, jajaja – dijo María
-          Venga, dispara – le dije
-          ¿A quién venció el rey Carlos I en 1571 en la batalla de Lepanto? – leyó María.
-          Joder… - exclamé
-          Me suena que fue a los turcos – me dijo David.
-          Bueno, ahora que lo dices, sí puede ser… - le contesté.
-          Venga, pues decimos esa: a los turcos -  contestó David.
María dio la vuelta a la tarjeta y vio la respuesta. Apretando los labios miró a Victoria frunciendo el ceño.
-          ¿Está bien? – pregunté.
-          Siiii – dijo María con desgana.
-          ¡Tomaaaaa!¡Siiiiiiiii! – David y yo lo celebramos como el gol de la final del mundial
Después de un par de minutos de celebración. David y yo nos miramos con una sonrisilla picarona y después miramos a las chicas.
-          Cuando queráis – les dije. Mi polla ya estaba despertándose sólo de pensarlo.
-          ¿Con o sin quesito? – preguntó David, mientras que volvíamos a explotar en carcajadas.
-          Mejor métetelos en el culito, majo – le dijo su mujer.
Hubiera sido gracioso que se los pusieran pero no estaban por la labor de hacer la gracia, además eran demasiado pequeños…
Las chicas se miraron con cara de “para qué coño nos hemos metido en esto”, pero entre el buen ambiente que había y el alcohol que estaba haciendo efecto, la verdad es que no tardaron en lanzarse. Mi mujer, Victoria, se quitó su camiseta verde quedándose en sujetador, que era de color blanco y le realzaba las tetas. María, como llevaba vestido, supuse que iría a ponerse algún tipo de pantalón corto o algo así, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando se comenzó a quitarse el vestido directamente quedándose en tanga y sujetador.
Las dos se miraban y se reían a carcajadas. Yo tenía la polla como una barra de hierro, y David también, porque vi como tenía que colocársela bajo el pantalón. De repente David le dijo a Victoria que ya que su mujer iba en tanga, ella podría hacer lo mismo. Mi mujer, ni corta ni perezosa y ante mi sorpresa, dijo que sin problema, así que se bajo las pantalones, mostrándonos su tanga blanco.
Las dos se quitaron el sujetador a la vez. David miraba las tetazas de mi mujer sin pestañear. A mí me pasaba lo mismo con María. Estaba excitado como nunca lo había estado. Me estaba controlando mucho para no saltar sobre alguna de ellas y follármela allí mismo.
Ellas seguían riéndose y meneando las tetas, pagando su apuesta. David y yo ya no estábamos para risas, y queríamos follar a toda costa… al menos yo sí.
Las chicas cogieron los sujetadores y se los pusieron. La apuesta estaba pagada. Mientras se vestían comenté:
-          Bueno, creo que es hora de irse – dije en voz alta.
-          Sí, es un poco tarde – contesto Victoria.
-          No sé si aguantaré hasta casa sin bajarte las bragas y echarte un polvazo. Yo creo que va a ser en el coche – dije. Todos nos reíamos, aunque lo decía en serio.
-          No vais a coger el coche tal como vais ni de coña – dijo María. Os quedáis aquí a dormir, en el cuarto ese que tiene cama.
-          No, que no queremos molestar – le dije. Pedimos un taxi.
-          No, no, no. Os quedáis aquí. – dijo Victoria. Puedes hacer lo que quieras que no te diremos nada, me dijo sabiendo que quería irme para follarme a Victoria.
-          Quédate tío – dijo David. Que a estas horas no hay ni taxis, y no puedes coger el coche.
Así que decidimos quedarnos. Entre los 4 recogimos las cosas en 5 minutos y cada pareja de fue a su cuarto.
En cuanto cerré la puerta, me acerqué a Victoria bajándome los pantalones y le acerqué mi polla a su boca. No le había dado ni tiempo a quitarse la ropa pero el hecho de ver las tetas de María me había provocado una excitación como nunca había tenido. Mi mujer sonrió y me dio un lametazo desde los huevos hasta  el capullo, estaba que me moría de gusto. Comenzó a chupármela jugando con su lengua, me encanta que pase su lengua por mi glande de todas las maneras posibles. Mientras me acariciaba los huevos con los dedos. Estaba en el cielo.
A los 5 minutos, la tumbé sobre la cama y levanté sus piernas. Eché el tanga a un lado y metí mi lengua en su coño todo lo que pude.  Ella soltó un gemido. Comencé a lamer su clítoris a gran velocidad mientras metía mis dedos índice y corazón en su coño. A los pocos minutos comenzó a mover sus caderas arriba y abajo, síntoma de que se iba a correr en breve. Rápidamente me levanté y se la metí de una embestida. Ella dio un pequeño grito, que seguramente oirían nuestros amigos. Empecé a bombear rápidamente mientras con el dedo pulgar masajeaba su clítoris. Estaba a punto de correrse, porque cada vez se movía más y me apretaba con las piernas cada vez más fuerte. De repente empezó a emitir pequeños jadeos, estaba teniendo un orgasmo brutal.
Yo también estaba a punto de caramelo. Dejé su clitoris, puse mis manos en sus muslos y empezar a bombear con más rapidez y fuerza. Sólo se escuchaba el golpeo de mis caderas contra su culo y piernas y sus jadeos. Ella apretó su vagina, y al notar la presión, comencé a correrme sin control. Empecé a soltar chorros de semen como si llevara un mes sin eyacular. Poco a poco mis embestidas fueron decreciendo y se veía como rezumaba mi semen por su coño. Cuando la saqué le restregué mi polla a lo largo de su raja, que estaba llena de semen. La muy zorra se retorcía como una lagartija.
Me incorporé y me senté en la cama.
-          Te ha gustado, ¿eh? – le dije a mi mujer.
-          Ha estado bien – me dijo sonriendo. Ya he comprobado que tenías ganas…
-          Estaba que reventaba desde que os habéis desnudado – contesté.
Tras descansar un par de minutos, me entraron ganas de mear. Así que me levanté y le dije a Victoria que iba a mear y a limpiarme.
Cuando salí de la habitación, podría escuchar como sonaba la cama de mis amigos. Por lo que deduje que ellos también estaban de fiesta. La verdad es que me dieron ganas de asomarme, pero la puerta estaba cerrada, así que ni lo intenté.
Fui al baño y me limpié la polla y los huevos, que estaban llenos de semen y flujo reseco. También me enjuagué la boca. Iba a beber un poco de agua, pero no estaba fresca así que fui a la cocina. Una vez allí, busqué un vaso y saque botella de agua de la nevera.
Bebía a tragos pequeños mientras me recuperaba todavía del polvo. Mi polla no estaba totalmente erecta, pero con la excitación que llevaba aún estaba durilla, así que iba a follarme otra vez a Victoria.
        Cuando terminé el vaso de agua, abrí al nevera para dejar de nuevo la botella. Me detuve unos segundos en ver lo que había en la nevera, a ver si podía picar algo que me gustase. No vi nada y cerré la puerta.  Al cerrarla noté que había alguien junto a mí y me llevé un susto, era María.
-          Joder María, vaya susto me has dado – le dije en voz baja
-          Ya, perdona – me contestó
-          He venido a beber agua. Perdona por venir así, pero creía que estabais en la habitación -  le dije. Hay que recordar que estaba desnuda y en semierección.
-          No te preocupes, yo bebo agua y me voy ya.
Se puso delante de mí, para abrir la nevera. En ese momento rozó mi polla con su culo.
-          ¡Uy perdón! – dijo
Yo no dije nada, pero mi polla dio un bote si se puso mirando al techo. Abrió la puerta, y con la luz de la nevera pude ver que ella también estaba desnuda. Cogió la botella de agua y comenzó a beber directamente de ella. Yo mientras admiraba su espectacular cuerpo. Tenía unas caderas y un culo espectacular. Las tetas ya las había visto, pero me quedó embelesado mirándola.
Me acerqué un poco a ella, volviendo a rozar su culo con mi polla. Ella no decía nada, así que empecé a mover ligeramente mi polla a lo largo de su culazo. De repente se agachó, como si buscara algo en la nevera, encajando totalmente mi polla entre sus nalgas. Yo ya estaba poseído por la lujuria, así que la sujeté de las tetas y la incorporé. Le di un beso en la mejilla, ella se giró y me besó en los labios.
Nuestras lenguas jugueteaban mientras que bajé su mano al coño y comencé a pasar mi dedo a lo largo de su coño. Ella gimió un poco en voz baja. Se dio la vuelta mientras cerraba la puerta de la nevera y me empujó sobre la encimera. Se acercó y metí su lengua en mi boca. No hagas ruido – me dijo.
Empezó a restregar su pubis y coño lleno de pelos por mi polla, me encantan los coños así. Lo tenía sucio por los flujos resecos y eso me la puso más dura todavía.  No aguanté más, así que la cogí en vilo, la senté sobre la encimera y le metí la polla en su coño. Empecé a bombear despacio, poco a poco fui incrementando la velocidad. El choque de caderas hizo un poco de ruido y ella nerviosa me sujetó del estomago para que parara:
-          ¡No hagas ruido por favor! – dijo susurrando.
Sin decir nada, se la saqué, le bajé de la encimera y le di la vuelta. Ella se reclinó sobre la encimera y se la metí por detrás. Empecé a bombear rápidamente teniendo cuidado de no hacer ruido. Sabía que no iba a durar mucho. Pasé una mano por delante y empecé a acariciarle el clítoris con una mano, mientras le agarraba una teta con la otra.
        No me podía creer que me estuviera follando a semejante hembra, con su marido en una habitación y mi mujer en la otra. Noté que mi orgasmo era inminente. Acerque mi boca a su oído y le susurré:
-          Voy a correrme dentro.
-          No, dentro no, sácala antes – contestó.
-          Para una vez que te follo lo voy a hacer a lo grande, ¿o no te gusta? – le dije
-          Ahh….mmmmm – ella estaba llegando también
-          Prepárate que me corro en tu coño – le dije mientras aceleraba aún más.
-          Venga, córrete cariño. Córrete dentro por favorrrrrr… - dijo gimiendo
Al oír esas palabras no aguante más y me corrí dentro como un puto caballo. Le daba unos empujones que se ponía de puntillas en cada embestida. Eso fue demasiado para ella también, y comenzó a jadear y correrse de una manera brutal,  cogió un trapo de cocina que tenía a su lado para morderlo y evitar gritar del placer que estaba sintiendo.
Poco a poco fui parando, y se la saqué. Hilos de semen quedaban colgando de coño y se le pegaban en las piernas. Acababa de pasar la mejor hora de mi vida.
Le pregunté a María si tomaba medias anticonceptivas. Me dijo que no, pero que no estaba en ovulación.
Nos limpiamos un poco en la cocina, y nos fuimos por el pasillo a nuestras habitaciones. Cuando pasamos por la habitación donde yo iba a dormir oímos ruido, la puerta estaba cerrada. La abrí despacio para no hacer ruido y nos asomamos, pudimos ver como David se estaba follando a cuatro patas a Victoria. Entramos en la habitación sin que se dieran cuenta y nos quedamos de pie junto a la puerta mirando sin decir nada.
Podíamos ver cómo David sujetaba a mi mujer por las caderas y la embestía a lo bestia. De repente David empezó a jadear y de un salto se levantó situándose junto a la cara de mi mujer.  Apoyó su polla en la cara de Victoria y se la meneaba como un loco. A los pocos segundos comenzó a eyacular a lo bestia sobre el moflete derecho y el cuello de mi mujer.
Tras terminar, se incorporaron y al mirar hacia la puerta nos vieron ahí de pie.
-          ¿Qué tal? – les dije
-          Estooooo, mejor hablamos mañana-  me contestó. Nadie dijo nada porque ellos se imaginaban perfectamente que nosotros habíamos estado haciendo lo mismo.
David y María se fueron a su habitación, mientras que yo fui a la cama y me tumbé junto a mi mujer.
-          ¿Te follas a mi colega sin decirme nada? – le dije.
-          Cállate que se que te has follado a María en la cocina, cabrón – me contestó
-          ¿Y cómo lo sabes? – pregunté.
-          Porque os hemos escuchado y David ha ido a mirar y os ha visto - contestó
-          Bueno, entonces estamos en paz – le dije mientras me colocaba encima de ella buscando de nuevo su coño con mi polla
Comenzamos a follar de nuevo. Estábamos excitados como adolescentes descubriendo el sexo y me encantaba esa sensación. Esta fue la mejor noche de mi vida.  Con nuestros amigos hubo más encuentros de este tipo, pero ya queda para otra historia.
 
Por:  jose272727